San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 20:46


| EDITORIAL
La integración y el problema energético
15.05.2009 | Por estos meses el Uruguay está padeciendo una severa dificultad energética que si bien aún no se ha traducido en una restricción del consumo, es muy probable que así sea en el corte plazo si las condiciones meteorológicas no tienen un cambio radical.
Primera Hora

Esta situación viene de la mano de la reducción de la oferta energética preveniente de las fuentes hídricas como resultado de una persistente sequía y el consecuente incremento del gasto de combustibles fósiles para compensar la producción. Esto obliga al país a disponer de recursos extraordinarios provenientes de las cuentas públicas, erogación que ya sea por medio de las tarifas de UTE o por otros mecanismos terminará impactando en el ciudadano medio.

Si bien se puede aducir que se trata de una situación que el gobierno no puede controlar como es el fenómeno climático, no menos cierto es que no estamos ante un hecho que no es novedoso. El país viene experimentando ciertas dificultades de generación desde hace muchos años que, parcialmente ha ido superando, entre otras cosas con la construcción de la central de Puntas del Tigre. Pero el problema trasciende al Uruguay. También Brasil y Argentina sufren dificultades energéticas recurrentes. Sin ir más lejos, la misma sequía que afecta a Uruguay, daña hoy a los estados sureños de Brasil. En cierta medida, Uruguay soluciona parte de su déficit, importando energía desde estos países, pero se trata de parches momentáneos que no resuelven el problema de fondo.

Decíamos que la mayoría de los países de la región tienen problemas de abastecimiento energético. En parte por las consecuencias del cambio climático, que amenaza con no asegurar un regular abastecimiento de agua en las represas y, en parte, porque el aumento de la demanda de electricidad no ha sido acompañada de la suficiente infraestructura. Paradojalmente, en el marco de los acuerdos regionales de los que Uruguay participa, hay naciones con cuantiosas fuentes de energía. El propio Brasil, Bolivia con el gas natural, Venezuela con el petróleo; todas naciones con abundantes reservas que sin embargo encuentran un limitado aprovechamiento entre los países asociados y vecinos. Desde el “gasoducto del sur”, mucho se ha prometido y anunciado pero poco se ha hecho. Es hora que los países de la región encuentren mecanismos idóneos y viables para estimular la inversión que permita un mejor aprovechamiento común de los recursos energéticos. Si hay un tema que prueba nuestra incapacidad para transformar a la integración en un mecanismo útil y aprovechable para los pueblos, es el energético. Los gobiernos deberían reaccionar con resolución e inteligencia ante este desafío.








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