No hace muchos días atrás, el Ministerio del Interior reveló cifras sobre el impacto del problema donde se constata un incremento muy significativo de las denuncias. Los números de los últimos años son: en 2005 se registraron 5.037 denuncias, en 2006 ese número subió a 5.071 y en 2007 saltó a 7.680, incrementándose un 51,4%. A pesar de que ese fue el mayor incremento, del 2007 al 2008 las denuncias de violencia doméstica continuaron aumentando y llegaron a 8.825 y, este año, hasta el 31 de octubre pasado se habían registrado 9.521 con lo que seguramente en el 2009, se pasará largamente las 10.000 denuncias.
San José no escapa a esa realidad. Una nota que publicó Primera Hora el pasado sábado reveló que durante este año ya se habían recibido en el departamento más de 1.000 denuncias por este delito, de las cuales decenas habían terminado con el procesamiento de los causantes de esas agresiones. Téngase en cuenta que ese millar de denuncias registradas en el departamento representan más del 10% del volumen nacional, siendo que San José tiene el 3% de la población del país.
Otra faceta preocupante que ha exhibido la información presentada este año por el Observatorio del Ministerio del Interior, es la gravedad de los hechos de violencia: cada diez días en el Uruguay se mata o se intenta matar a una mujer en su propio hogar por algún familiar cercano, generalmente la pareja. Los números revelan dramáticamente una realidad muy dura que históricamente permaneció tras las paredes de cada hogar y que por eso sorprende aún más. No es tan extraño entonces que una sociedad que resuelve con ese grado de violencia sus conflictos en el espacio íntimo de la familia tenga manifestaciones agresivas fuera del hogar.
Ahora para combatir una y otra violencia un paso muy importante es justamente conocer esta realidad. Es evidente que este problema no es nuevo aunque no sabemos demasiado como ha evolucionado porque no hay una serie histórica muy larga. Si sabemos que hoy se denuncia más. El tema dejó en buena medida de ser tabú y las víctimas de violencia buscan ayuda y denuncian. Ese ha sido un gran paso, que en buena medida se debe al trabajo de organizaciones no gubernamentales que tanto a nivel local como nacional han venido insistiendo paciente y porfiadamente con este tema desde hace muchos años. El Estado también ha realizado sus avances: la Policía ha sistematizado el tratamiento del tema y lo mismo se ha hecho a nivel legal con una normativa específica y con jueces y juzgados especializados.
Pero indudablemente queda mucho aún por hacer. Parte de esto tiene que ver con el mantenimiento del tema en la opinión pública de forma que la sociedad cobre consciencia de la gravedad del problema. Del espacio que la creación de una cultura de la tolerancia y del respeto debe tener en los ámbitos formales y no formales de la educación; esto vale desde la escuela y el jardín hasta en el baby fútbol. Del cuidado que tenemos que tener en la transmisión de modelos de poder entre los géneros; eso va desde la publicad hasta en el resto de la comunicación ya sea periodística o creativa. Y por supuesto, también en que el gobierno local tenga un espacio para abordar esta realidad como una parte más de la complejidad específica del departamento. Estamos seguros que combatiendo la violencia doméstica estamos contribuyendo a promover