Ídolo de multitudes, noctámbulo y bon vivant, cometió excesos y la vida le pasó la cuenta. Los ochenta cigarrillos por día no perdonaron y el desenlace fue una muerte anunciada. Sin embargo, el mundo lo llora, y el duelo llega incluso a San José.
“Nosotros compartimos escenario y muchos días de piscina y bares con Sandro, en la época que íbamos a actuar a Tucumán, de esos tiempos, tuvimos una linda relación, con muchas anécdotas”- nos cuenta Andrés Pintaluba, integrante del grupo musical maragato que hizo furor en Latinoamérica por la década de los ´80: “Frutilla”.
“Era una gran persona, realmente, y me dolió muchísimo cuando me enteré de su muerte. Era un tipo sencillo, muy accesible y muy generoso, tanto que incluso se ofreció a apadrinarnos... Y sé que apoyó a muchos grupos, a mucha gente que estaba empezando en la música.”- relata Pintaluba.
¿Cómo fue que lo conocieron?
Sandro fue contratado por el mismo empresario que nos llevó a la gran gira que nos tuvo en Tucumán actuando por unos veinte días. Ahí compartimos escenario con él, hicimos varios shows, nosotros actuábamos primero y él cerraba el espectáculo. Además, nos alojábamos en el mismo hotel, el Gran Hotel Tucumán. Las actuaciones eran de jueves a domingo, así que el resto de los días de la semana los teníamos libres y pasamos juntos días de piscina y bar memorables. Hombre al que le gustaba la buena vida, era muy divertido, fumaba mucho, y tomaba mucho, también. Me acuerdo que con el Pepe (Víctora), hicieron una gran amistad, hacían competencias a ver cual de los dos aguantaba más tragos. ¡Y te juro que el Pepe le ganó varias veces a Sandro!...
Recién comentaste que había apoyado a muchos cantantes que empezaban...
Sí, era un tipo muy generoso. Él fue el pionero del rock en el Río de la Plata, después, se orientó más al pop, a lo melódico, pero el rock lo presentó él en Argentina. Cuando empiezan a surgir Los Gatos, considerados emblema del rock argentino, les dio una mano para ingresar al mercado, eso es algo que no se sabe mucho... A nosotros también nos ofreció apadrinarnos, una oferta muy generosa y muy espontánea. La cosa fue así: tocábamos en el Club Concepción de Básquetbol de Tucumán. Nosotros abríamos y Sandro cerraba el show. Había varios escenarios en ese club, que era una cosa monstruosa, pero en el escenario mayor los números contratados éramos Sandro y nosotros. Como medida de protección, la organización había colocado unas vallas de contención. Por supuesto que las vallas eran para proteger a Sandro, pero el caso fue que cuando nosotros estábamos tocando, la gente las tiró... Sandro vio todo aquello. Es más, tuvo que esperar a iniciar su show porque hubo que volver a arreglar todo... La cosa es que después, cuando estábamos en el hotel, tomando algo, charlando, nos propone que nos vayamos a Buenos Aires, a su casa, para ver como producirnos mejor, porque a su entender, el grupo tenía muchas posibilidades de llegar a más. La cuestión es que nosotros no podíamos largar todo así nomás con el productor y la discográfica, porque el asunto de los contratos es algo muy estricto. Así que no pudo ser.. Pero la oferta estuvo, y la hizo de corazón... Era así, un tipo que ofrecía todo de corazón”