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Mujica por Agraciada (Foto:Ramón Marrero)
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Para el amanecer el paisaje había cambiado radicalmente. El nuvo pPreisdente uruguaya José Mujica y el vice Danilo Astori, tomarían juramento para dirigir el país. Un día que prometía volverse caluroso, encontró un amplio vallado que circunvalaba la sede del Poder Leguislativo. El movimiento fue mínimo hasta poco antes del mediodía. Hasta ese entonces delegados de cuerpos diplomáticos, periodistas, fotógrafos, camarógrafos, funcionarios de protocolo, y efectivos policiales de diversas ramas, daban el movimiento. Poco público, a penas un par de centenares desafiaron al fuerte sol del mediodía. Frente a la escalinata principal del Palacio Legislativo, en la explanada, bajo un sol cada vez más ardiente, los trabajadores de la prensa estaban en "el corralito". Así se bautizó simpáticamente aquel perímetro de 20 metros por 10, custodiado y sin sombra. Hasta pasadas las 13 horas, los periodistas rondaban las distintas entradas al Palacio, esquivando seguridad y protocolo. Poco antes de las 14 horas se habilitó el ingreso a la prensa, con un exhaustivo control de seguridad; afuera la mayor concentración de público estaba frente al Palacio, de espaldas a avenida Libertador. Una hora después eran miles. Dentro, en el Salón de los Pasos Perdidos, Senadores y Diputados se veían deambular desde los balcones de la biblioteca, abarrotados de representantes de medios de prensa de las más diversas nacionalidades. Mientras todo se preparaba para la Asamblea General, en la Sala Juan Andrés Ramírez - en el primer piso del palacio y lejos de la sala que era centro de atención - se disponía de una pantalla para seguir la ceremonia oficial y el posterior discurso de asunción. Algunos inconvenientes técnicos pusieron nerviosos a los periodistas allí apostados; en la previa a la ceremonia había imagen pero no audio Todo se solucionó y la cobertura por un símil de "circuito cerrado" se siguió con normalidad. En determinado momento del discurso, ya sobre el final, se cortó la imagen y el audio. Fue apenas unos segundos, pero para el desconcierto de los medios presentes, la primera imagen que apareció fue una película que se estaba difundiendo por el canal "Cinemax", lo que arrancó la risa en el colmado salón y permitió distender. Después la trasmisión siguió sin problemas. Posteriormente, nuevamente la salida, la circunvalación del Palacio para regresar al "corralito" y esperar la partida de los dignatarios extranjeros. Uno de los primeros en partir fue el presidente paraguayo Fernando Lugo, que no dio tiempo ni a captar imágenes de su salida. Quizá la salida más llamativa fue la de el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien llegó a Uruguay con una de sus piernas afectada. Dentro del Palacio circuló en silla de ruedas pero la amplia escalinata de salida, la descendió en muletas. También fue el presidente que más efusivamente saludó al público presente desde el mismísimo pórtico principal de la sede legislativa. A excepción de la nueva fórmula presidencial, solo otro dirigente uruguayo descendió por alfombra roja de la escalinata: el ex presidente Julio María Sanguientti. El publicó, con cada presidente extranjero que salía, lanzaba vivas, cuando sus automóviles pasaban a escasos metros del vallado. Hubo expectativa entre la prensa para captar el momento en que Sanguinetti pasara frente a los bulliciosos frenteamplistas. Sólo se escuchó algún silbido ya que causalmente un grupo de legisladores del Frente Amplio cruzaron al amplia explanada. Mientras el público era agitado por los legisladores (entre los que no estaba el diputado Walter de León), la camioneta que llevaba a Sanguineti pasó desapercibida. Minutos después, el público explotó cuando asomó, en medio de tanto traje, el conjunto rosado que identificaba a Lucía Topolansky; unos pasos atrás Mujica, iniciaba el descenso hacia el vehículo eléctrico que lo llevaría hasta el centro montevideano atravesando una masiva concurrencia que desbordaba avenida Libertador. Cuanto más se acercaba el "Pepemovil" a 18 de Julio, más difícil era avanzar. Una cadena humana, formada por cientos de militantes identificados con las mismas remeras, sirvió de cordón para llevar organizada la marcha y evitar contratiempos. El pesado solazo que caía, acrecentaba la fatiga en el obstaculizado caminar; sin embargo el entusiasmo del público no permitió decaer el ritmo, ni la algarabía. Ya en 18 de Julio - totalmente colmada de personas - Mujica descendió del novedoso vehículo y siguió caminando rumbo a la Plaza Independencia. Varios minutos después, poco antes de las 17 horas, en medio de una fuerte ovación, llegaba al gigante estrado oficial, en cuyo centro quedó al estatua ecuestre del prócer. Al comienzo del acto protocolar de transmisión de mando, fotógrafos y camarógrafos debieron ubicarse en altas gradas especialmente para prensa; mientras tanto los periodistas se dirigían al Centro Internacional de Prensa, instalado en el primer piso de la torre presidencial - frente al monumento de Artigas donde se desarrollaba el acto protocolar - para seguir cada instancia por monitores distribuidos frentes a unos 200 gabinetes equipados para la tarea de comunicadores y periodistas. Tras el intenso clima que se vivió allí por algunos minutos, cuando parecía que todo había terminado, hubo un nuevo giro. Ya había comenzado el espectáculo musical , y Los Olimareños abrían la celebración, pero de pronto Mujica y Astori reaparecieron y despojados del protocolo. Ahí nuevamente se lanzaron carreras hacia la plaza, ahora para poder estar más liberados de la medidas de seguridad que un rato antes, habían transformado a la Plaza Independencia en un laberinto para la prensa. Muchos fotógrafos y camarógrafos desprevenidos, se perdieron ese "regreso" de Mujica al escenario. Fueron dos escenarios contrastantes, desde la dificultosa ubicación al rayo del sol al pie de la escalinata del Palacio, hasta el confortable Centro Internacional de Prensa. Desde la desolada y silenciosa avenida Libertador en horas de la mañana, hasta la explosión de público y color en la Plaza Independencia.