San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 20:28


| MALENA MUYALA PRESENTO “AIRES” ANTE UN TEATRO REPLETO
El tango que respiramos
08.03.2010 | Más allá de cortinados y despliegues lumínicos, tal vez sean las propias canciones las que constituyen el mejor marco escenográfico de un espectáculo.
Diego Maga
Click para cerrar
Malena en un Macció repleto

Cuando Malena cantó “Llevo el Sur / como un destino del corazón. / Soy del Sur, como los aires del bandoneón. / Sueño el Sur, inmensa luna, cielo al revés. / Busco el Sur, el tiempo abierto y su después”, construyó entorno suyo una escenografía tan precisa como emotiva.

Tan musical como visible. Tan biográfica como rioplatense. Tan de ella como de nosotros. Tan real como el aire que respiramos y que da título a su nuevo espectáculo. Un show que inhala y exhala un sin fin de letras, melodías y géneros que flotan en las esquinas uruguayas.
Allí, respirándolas, estuvo ella. Cobijada por una sutil puesta en escena y –sobre todo- envuelta por una escenografía hecha de canciones. Superponiendo, verso a verso, arquitecturas urbanas y humanas, exteriores e interiores, colectivas e individuales.
Llevando y trayendo aires de tango, zamba, milonga o jazz. Aires de Gardel, Piazzolla, Discépolo, Expósito, Yupanqui o Fernando Cabrera.
Apenas corrió el telón del Macció, Malena Muyala nos invitó a respirar (igual que en el 2008) la bellísima “Golondrinas” (Gardel & Le Pera): “Siempre sueña con otros caminos la brújula loca de tu corazón”. De inmediato, las emotivas coordenadas de esta “brújula loca” nos llevaron por escenografías más contemporáneas como las construidas por Astor Piazzolla y “Pino” Solanas en la década del ochenta: “vuelvo al Sur como se vuelve siempre al amor. / Vuelvo a vos con mi deseo, con mi temor. / Quiero al Sur / su buena gente, su dignidad. / Siento el Sur como tu cuerpo en la intimidad.” (“Vuelvo al Sur”).
Para luego doblar la esquina en busca de pasados más remotos y “malevos” (o –amor de por medio- no tanto) “Te ví pasar tangueando altanera / con un compás tan hondo y sensual / que no fue más que verte y perder la fe, el coraje, el ansia ‘e guapear. / No me has “dejao” ni el pucho en la oreja / de aquel “pasao” malevo y feroz... / ¡Ya no me falta pa’ completar más que ir a misa e hincarme a rezar!”.
Después de flotar por atmósferas “discepoleanas”, pasamos por las jazzeras y llegamos a las folclóricas. Homenajeando a la desaparecida Mercedes Sosa (sus vinilos sonaban en la infancia de Malena), la cantautora interpretó una delicada versión de “Piedra y camino” de Atahualpa Yupanqui, con Roberto Rodino en el bombo legüero: “Es mi destino, piedra y camino. / De un sueño lejano y bello, viday, soy peregrino.”
Con los minutos, otros maragatos se subirían a escena: en la segunda mitad del show, presenciamos una gran versión de la “gardeliana”: “El día que me quieras” con Javier González en el piano de cola (que fue presentado como un “gran amigo”).
Acompañándose –en ocasiones- por su guitarra, La Muyala también se animó a un dúo con su guitarrista Fredy Pérez. Juntos, cantaron el clásico de los hermanos Virgilio y Homero Expósito, “Naranjo en flor”: “Después, ¿qué importa del después? / Toda mi vida es el ayer / que me detiene en el pasado. / ¡Eterna y vieja juventud, que me ha dejado acobardado / como un pájaro sin luz!”.
Desde luego, el repertorio -interpretado ante una sala repleta- no estuvo exento de sus propias composiciones: la preciosa “Velitas y santos”, “Viajera” y “Pasos” (con pulso candombero a cargo de tres integrantes de la comparsa femenina “La Melaza”), no faltaron a la cita. Tampoco los guiños cómplices a artistas nacionales que –desde otras estéticas- han influido en su poética como Fernando Cabrera. Así, la hondura milonguera de “Meritos y merecimientos” terminó de cerrar el círculo: “Hoy me detengo a pensar / si yo merezco el milagro de escucharla respirar alguna noche en mi cuarto, / reproduciendo el sabor de aquellos sueños salvajes / en que soñándola a usted yo revivía de a ratos.”
Con recuerdos para su niñez (cuando correteaba inquieta por esa misma sala) y para el Director Eduardo Malet (quien la puso de muy chiquita en un escenario), las casi dos horas de concierto (en una completa mixtura de voz, bandoneón, guitarras, violoncello, bajo, acordeón, batería, tamboriles y piano), se fueron volando.
En medio de la ovación del público maragato, solo quedó una reflexión flotando en el ambiente: necesitamos de la música tanto como el aire que respiramos.
Cuando dejamos de respirar, morimos. Y créanme que cuando dejamos de cantar, algo de nosotros también muere.









| MÁS DE CULTURA
| NOTICIAS MÁS LEÍDAS
| Contáctenos | Noticias RSS | PRIMERA HORA - San José, Uruguay. Todos los derechos reservados