Descendió de su auto a eso de la 1:30 del sábado y lejos de escabullirse apurado rumbo al escenario, se detuvo contra el vallado para ver de cerca el gentío que lo esperaba. Así –cansado y todo- estrechó manos, conversó un rato, repartió besos, firmó autógrafos y se prestó para las fotos (con gesto paciente y sin malhumores). Será porque el hombre célebre de hoy, hasta no hace mucho, estuvo del otro lado. Como un personaje anónimo más. Intentando ver de cerca a sus ídolos o buscando llamar la atención para que lo dejaran tocar en un festival.
Este cincuentón que -en el nuevo siglo- se volvió uno de los fenómenos más multitudinarios del folclore regional se llama Oscar Palavecino, pero es conocido como “El Chaqueño”.
Nacido en el Chaco Salteño (región fronteriza con Bolivia y Paraguay), en un pueblito llamado Rancho Ñato, cuidó cabras, ató fardos, cargó leña, fue lustrabotas, vendió agua y empanadas y fue camionero.
“El Chaco Salteño es la parte más olvidada de Argentina; hay pocos caminos, cuando llueve no se puede entrar, en invierno hay mucho polvo y tierra. Incluso, los chaqueños hablamos de otra forma; por eso cuando íbamos a la ciudad nos sentíamos apocados y hasta nuestra música era marginada. Pero con el tiempo perdimos el miedo a que nos digan “chaqueño” y, en mi caso, lo llevo de seudónimo no porque me lo pusiera yo sino porque me lo puso la gente” nos explicó -en tono pausado y reflexivo- a poco de pisar por vez primera San José (en su sexta presentación en Uruguay).
El célebre “Chaqueño” experimentó la transición del anonimato a la popularidad tras probar y probar y luego de recibir unos cuantos portazos en sus narices. Fue recién a fines de la década del noventa (con su equipaje cargado de músicas y costumbres norteñas), cuando se convirtió en revelación del “Festival de Cosquín”. Después, es historia conocida…
“Por el hecho de nacer en la frontera con Bolivia y Paraguay, el público boliviano me conoció –incluso- antes que el de mi propio país. Y la música que hacemos está muy ligada a lo fronterizo. El bagaje de canciones que traemos hace que las actuaciones no dependan de un disco en particular sino de todo lo que grabé en 25 años de carrera, siguiendo el vastísimo cancionero folclórico argentino que cuenta con más de noventa géneros musicales. Y nosotros los norteños –el salteño, el jujeño, el santiagueño o el tucumano- tenemos el honor de que a cada lado que vamos somos bien recibidos. Venimos de una región que conserva la identidad musical. Personalmente, yo soy un hombre del monte (el campo) y el acento que tienen mis composiciones proviene de ahí. En donde nací, el 20 % de la población es criolla y el 80 % aborigen y aquellos viejos fueron los encargados de transmitirnos esa esencia cultural que cantamos ahora. Juntando en la interpretación algo tan europeo como el violín con el bombo del indio. Algo que no es para nada académico; se toca como se siente o como se vive. Y esto no quiere decir que no sea serio” aclaró a poco de subir al escenario de la “Fiesta del Mate” en donde completaría su declaración de principios, al interpretar - apenas arrancando el show- “Semilla de pueblo”: “Soy monte curtido / semilla del pueblo / rodar es mi destino / como el Bermejo”.
Con su tradicional atuendo gauchesco, entre zambas, chacareras, y vidalas, “El Chaqueño” nos paseó por un viaje folclórico tan extenso como la distancia que separa a su Salta natal de San José: “En cierta época no era fácil entrar con las pilchas que uno lleva a determinados teatros. Habían prohibido a los cantores de esta tierra para dejar entrar a los músicos foráneos. Recuerdo que con mi sombrero y mi vestimenta –que es el tradicional atuendo que viene de los antepasados- me sentía –sobre todo llegando a la capital argentina- extranjero en mi propio país. Hasta que en determinado momento, el pueblo nos pidió. De modo que, es bienvenido este presente sobre todo por el folclore de nuestros pueblos (…) Tengo ese privilegio de no salir mucho de mi país porque ustedes saben que es inmenso y no hay pueblo en que no hagan un festival igual, más grande o más chico que el de aquí (…) No siento que mi entusiasmo se haya desgastado con los años. Por ahí si estoy un poco cansadito de los viajes. Sin ir más lejos, hoy llegar a San José fue un drama. Cuando se dice que Uruguay está a un paso de Argentina se hace referencia a Buenos Aires, pero de donde yo vengo, la provincia de Salta, la distancia que nos separa es de casi 1.600 kilómetros”, dijo minutos antes que su actuación consiguiera que el viernes (el día que nunca lograba buenas convocatorias) tuviera un marco tan multitudinario como inédito.
Una vez más, ese folclorista que antes cantaba para unos pocos, arrastraba miles de personas: “yo empecé un poco tarde en esto de la música; tuve otros oficios, hasta un programa de televisión hice. A mis cincuenta años, puedo decir que hice de todo.”
Y ese “todo” abarca desde la conducción de un show musical a la conducción de vehículos de transporte de pasajeros: “fui colectivero (chofer de ómnibus) hasta el ‘96”, recuerda.
“Mi hermano mayor, que falleció, era realmente el cantor de la familia pero yo no. A mí no me interesaba cantar y menos que me paguen. Sin embargo, un buen día me invitaron a que cantara en una peña y ví que los aplausos producían algo diferente en mí; así fue como terminé acá (…) Si bien cantaba en familia y con amigos fue recién con 27 años cuando decidí tomar el canto como profesión, grabar un disco, armar un grupo de músicos y después cobrar las actuaciones para poder pagarles (Risas)”.
Como quien no quiere la cosa y con la complicidad de un fogón criollo (solo que para unas 12 mil personas), “El Chaqueño” tocó –con su notable conjunto de instrumentistas- unas ¡dos horas!... El recital terminó a eso de las 4:00 de la mañana después que pasaran temas como “Por amor a qué”, “Distinta”, “La ley y la trampa” y –por supuesto- “Amor salvaje” (“una canción que tiene 13 años y la gente nunca deja de pedirme, vaya donde vaya”).
De la Argentina profunda. De la Argentina marginada. De la Argentina más cercana al sentir boliviano y paraguayo que al porteño. De la Argentina que mira hacia adentro. De la Argentina orgullosa de su cultura popular. De la Argentina de las penurias económicas y los olvidos gubernamentales, vino este señor agradecido de la vida: “yo cumplí mis sueños, tanto en lo personal como lo musical. Me siento una persona realizada. Orgulloso de llevar mi música criolla, las canciones de mi región, representar mi provincia y mi país en todos los sitios donde voy. Por si fuera poco, me dí el gusto de cantar en lugares de difícil acceso como el (estadio cerrado) “Luna Park”, la cancha de Boca Junior y los principales teatros argentinos.”