Una poesía que Washington y Cristina vistieron de música.
El sábado en el Macció, Washington Carrasco y Cristina Fernández reincidieron en una experiencia sensible en la que poesía y música se mueven en una misma órbita. El dúo se subió al escenario del Teatro para musicalizar la obra de muchos poetas célebres de la literatura española. El espectáculo (organizado en sintonía con el 150º aniversario del Instituto Cultural Español) expresó sus propósitos desde el principio. Apenas entraron en escena, los artistas advirtieron que nos harían orbitar por el espacio en que deliran las palabras: “poesía...tristeza honda y ambición del alma... / ¡Cuándo te darás a todos... a todos!/ ¡Al príncipe y al paria, a todos!... ¡Sin ritmo y sin palabras!.../ Deshaced ese verso. / Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma.../ Aventad las palabras... y si después queda algo todavía, eso será la poesía.”
Con esta introducción, invocando a León Felipe, Washington y Cristina nos pusieron en curso de un viaje por textos eternos, sin tiempo; que serían rescatados por esa noche, convertidos en presente; para luego ser devueltos a la eternidad.
Musicalizados por Carrasco, llegaron versos clásicos de personalidades tales como Antonio Machado, Federico García Lorca (cuyos textos se llevaron el tramo más grande del show, incluyendo algunos de los pocos que escribió en lengua gallega), Rosalía de Castro (una de las más notorias poetisas de Galicia) y Miguel Hernández.
Imposible sustraerse del encanto adquirido por cada palabra salida de la boca de Cristina Fernández: una de las mejores vocalistas uruguayas, capaz de hacer que la belleza de su interpretación luzca por encima de tanta belleza poética. Su excelencia vocal fue acompañada por los sutiles arreglos musicales de Carrasco quien se apoyó con su guitarra no sólo desde lo melódico sino también desde lo percusivo.
Parados en el punto exacto en que se desata ese eterno conflicto entre sueño y realidad al que llamamos poesía, fuimos atravesando prosas: herméticas, abiertas, transgresoras, subjetivas, fantasiosas, ambiguas y –ante todo- libres… Por allí anduvimos, escabulléndonos entre líricas de individuos lo suficientemente poetas y lo suficientemente locos como para abrir –desde su tamaña sensibilidad literaria- las sensibilidades ajenas.
El multifacético García Lorca escribió alguna vez: “poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse y que forman algo así como un misterio”. Ese adorable “misterio” que sigue seduciendo a Washington y Cristina, al punto de convertirse en el alma de su larga vida artística.
La función (que lamentablemente no superó los cien espectadores) reservó un segmento para una rutina de títeres de tono picaresco, completando así las distintas visiones de la poética a la que rindieron tributo (desde la canción, el recitado y algunas breves reseñas de los autores homenajeados).
Cada ejecución llegó desde el goce. Si bien algunas piezas de la actuación forman parte de su repertorio desde hace décadas, nunca fueron interpretadas a partir de una postura mecánica. En estas estéticas, el deleite de Washington y Cristina es indisimulable. Actitud que le da consistencia al mensaje: no hay artista que conmueva desde la apatía.
Así, con este intercambio de sensibilidades, volvieron a liberar las fuerzas secretas de la poesía… y a ponerlas al alcance de todos.