Los adultos tienen la tendencia a que, cada vez que quieren comunicarse con un niño le hablan con voz chillona de dibujito animado, con palabras simples y oraciones tontas en las que siempre las vocales se alargan inexplicablemente, como si el interlocutor fuera extranjero (o extraterrestre).
“Los niños no son tontos”, es la máxima que Susana Bosch ha defendido siempre, aun antes de incorporarse, allá por mediados de los años ´70 a un grupo de jóvenes y talentosos artistas que crearon colectivamente un fenómeno musical que revolucionó la manera de abordar no solo la música, sino también el mensaje en las canciones infantiles.
El público menudo de aquella primera época de Canciones para no dormir la siesta, agradeció el trato y hasta hoy son sus fieles seguidores, trayendo consigo a hijos y nietos que por igual disfrutan de canciones para niños con mensaje y música elaborada. “Respeto por el público”, podría definirse el asunto.
Susana ha continuado, luego de la disolución del grupo de Canciones… vinculada a la música infantil, la docencia y la pedagogía. Este espectáculo presentado en el teatro Macció el domingo pasado significó la alegría del reencuentro con una artista excepcional, dueña de una capacidad de comunicación increíble que en 40 años de carrera no ha perdido la energía, la magia, la sorpresa y el encanto del encuentro con el público.
Recuerda que estuvo por primera vez en el teatro Macció en el año 1973, con una obra llamada La ensalada. Desde entonces ha venido menos veces de las que nos gustaría. Tal vez la más memorable fue aquel multitudinario concierto de Canciones para no dormir la siesta en el parque Rodó junto a la pista de kart, cuando “Al botón de la botonera chim, pum fuera” quería decir mucho más que lo que decía.
Susana habla con los gurises sin falsetes ni discursos bobos. Les habla con oraciones complejas, con un lenguaje rico, mágico, poético, sin subestimarlos ni convertirlos en meros espectadores, les canta ritmos latinoamericanos (con la raíz afro siempre a la vuelta), con arreglos musicales en los que se fusionan estilos y se suman coros polifónicos que invitan a vislumbrar paisajes lejanos, narices o lunas paseanderas, mundos de fantasía, animalitos con historias para contar y una madre Tierra a la que hay que rendir tributo cantando y bailando (y así lo hizo todo el público presente en el Macció el domingo, abuelos, padres y niños), o simplemente a través del gesto, en el silencio del código ya sabido y compartido.
Seis músicos excepcionales acompañaron a Bosch en el escenario: Norma Galfetti en los coros, Leticia Rubial en percusión, Francisco Etchenique en batería y cajón peruano, César Cándido en guitarras, Andrés Bedó en teclado, y en bajo y arreglos Fernando Yáñez.
Susana y su compañero Fernando Yáñez integran el colectivo Papagayo Azul, espacio de promoción de la canción para la infancia en Uruguay, integrante del Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña, que está integrado por músicos, artistas y educadores interesados en dar un espacio de promoción de la canción para la infancia. A través de esta propuesta los niños y niñas podrán acceder a espectáculos musicales con contenido educativo, lúdico y recreativo
“Hablar hoy de la canción infantil en Uruguay es reivindicar en tanto artistas y educadores el derecho a crear, a proponer y a ser escuchados desde el trabajo responsable y comprometido profundamente con las diferentes realidades que vive nuestra infancia. Pero lo más importante aquí hoy es contribuir seria y sostenidamente a generar condiciones duraderas para que nuestra infancia acceda a nivel sensible e intelectual, a las más variadas propuestas que la potencien como constructora de un destino propio.”- es la reflexión de Fernando Yánez, respecto a los niños y el acceso a los bienes culturales.
El disco de Susana está a la venta en Papagayo Azul, lo pueden encargar a la dirección web www.papagayoazul.com, música para que nuestros niños se desarrollen en tanto seres sensibles, un regalo invalorable, y no importa lo que digan ni si es popular o si vende más, pero una cosa es cierta: no basta con hablar de bichos para hacer música infantil y son muchos los animales que se suben al carro (especialmente cuando se vienen las vacaciones de julio).