un luchador de la cultura a quien podríamos definir según palabras de un gran poeta (*), como uno de “los imprescindibles”.
Este homenaje, impulsado por Cacho Mariño y Javier De Gregorio como contribución a la memoria colectiva local, fue trasmitido en directo por El Lugar FM en el espacio de la Tertulia de Plácido Domingo y conformó una mesa de lujo integrada por su viuda, la profesora Elba Sarazola, los profesores Milton Rodríguez, Cristina Callorda, Cristina Betarte y Lilián Bonilla y que contó con la presencia especial del Dr. Helios Sarthou, abogado, político e intelectual que manifestó su expreso deseo de estar presente en este recuerdo a su gran amigo y condiscípulo en la Facultad de Derecho.
El recuerdo de Almada fue abordado a través de anécdotas, del recuerdo de vivencias, gestos, pequeños detalles que fueron conformando el gran rompecabezas que fue completando la semblanza del hombre que fue Almada.
Docente excepcional, inteligente, seductor natural, ser pasional en cada uno de sus momentos y acciones. De los testimonios de los contertulios, los recuerdos de los espectadores y las llamadas de los oyentes que también quisieron compartir sus anécdotas, fue posible armar una semblanza de lo que significó el pasaje por este mundo de Héctor Almada, un hombre que tuvo “una coherencia absoluta en sus ideales”, como destacó Sarthou, quien junto con Rodríguez recordaron que Almada fue de los primeros docentes que en San José impulsó la creación de la Federación de Profesores.
“La controversia fue parte de su método para hacer pensar al otro, cualquiera fuera el ámbito en que estuviera, la clase, el bar, la calle... En este mundo en que cada vez pensamos menos, la gente cada vez piensa menos, ¡qué falta nos está haciendo gente como Almada!”- indicó Sarthou, quien señaló que “a él le hubiera gustado que el homenaje fuera así y aquí”- refiriéndose al lugar elegido, el mismo que tantas veces lo tuviera de parroquiano, sentado e a una mesa leyendo junto a su esposa. O acodado al mostrador, compartiendo vida e ideas con los ocasionales interlocutores.
En la nota de avance de esta actividad el sábado pasado recordamos que “Enseñar es un ejercicio de inmortalidad”, el maestro permanece en el recuerdo de sus alumnos, pero también y fundamentalmente en lo que sus alumnos llegan a ser gracias a lo enseñado.
Con esa convicción nos despedimos los que asistimos a este homenaje del domingo pasado, con la convicción de que en esta vida se nos dio la oportunidad de conocer a un ser inmortal, que sigue junto a quienes enseñan y crean gracias a la vocación que él ayudó a despertar y al que se recuerda vivo, vital, con una sonrisa.