San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 20:27


| EDITORIAL
La insustituible lectura
27.05.2009 | Ayer, coincidiendo con la instalación de la primera biblioteca pública en nuestro país, se conmemoró el Día del Libro. Si bien se trata de una fecha dónde múltiples instituciones año a año organizan diversas actividades, en esta oportunidad la fecha estuvo remarcada por la desaparición reciente de dos de nuestros más grandes escritores: Idea Vilariño y Mario Benedetti.
Primera Hora

. Miles de jóvenes, niños y adultos se volcaron, en algunos casos a descubrir sus obras y en otros a redescubrirlas, que es también otra forma de descubrimiento que ofrece la lectura.

Es maravilloso como el escritor se prolonga en su obra y es capaz de vivir con nosotros cuando lo leemos y lo evocamos. Es una trascendencia que se proyecta en lo colectivo en jornadas como las de ayer, pero que también se atesora de una forma única y personal cuando sus poemas, sus novelas o sus cuentos ganan espacio en la imaginación de cada uno de nosotros.

En este mundo poblado de imágenes, habría de decir que ninguna imagen se compara a la que inspira un buen poema o una buena narración. ¿Qué director de cine, y vaya que el cine es un arte superior, podría construir un mundo como el de García Márquez en Cien años de Soldad? ¿O trasladarnos al lugar del amor desgarrador de Idea Vilariño? ¿O llevarnos a los meandros profundos de nuestra alma y de nuestra psiquis, cómo lo hace Virginia Wolf? ¿Qué imagen puede reconstruir la vida del arrabal porteño cómo lo hizo Jorge Luis Borges? ¿O el Montevideo y los personajes de Benedetti?

Vargas Llosa decía, sin citarlos textualmente y solo como lo recordamos, que en el acto de escribir y de leer el hombre se realiza en una dimensión que sueña pero que no puede hacer realidad en la tierra. De alguna manera en ese mundo, en ese hermético espacio que se abre entre el escritor y el lector, el hombre se trasciende a si mismo y es capaz de encontrar una forma de salvación que lo aparta por un momento del espacio inmediato. El libro propone una evasión para crecer encontrándose a si mismo. ¿O acaso no nos evadimos cuando nos introducimos en otras formas de entretenimientos cuya fuerza enriquecedora bien podríamos poner en duda?

Por eso el libro y la lectura son insuperables. No hay imágenes que puedan ocupar ese lugar porque sencillamente ninguna técnica puede ser tan perfecta como para producir tantas dimensiones, tanto color, tanta textura, tanta profundidad como un verso o una prosa que te llega al alma. Sólo hace falta que te encuentres con tu libro o con tus libros. O que el libro te encuentre a ti…











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