Ganó España. Campeón, sí, por primera vez en su historia. Joder, qué campeón. De aquel comienzo espinoso contra Suiza, derrota inmerecida, a esta victoria sufrida, a los golpes, contra Holanda. El favorito, el gran candidato, confirmó en la cancha que tenía argumentos como para soñar con el título. Toque, juego del que le gusta a la gente, juego colectivo y tambíén individualidades.
Sufrió España, y cómo. Contra una Holanda que, lejos de aquéllas finalista del 74 y del 78, pegó de lo lindo. Salió a mostrarle que iba a dejar la vida en cada pelota y se pasó de rosca. Y contó con la ayuda del inglés Webb, quien fue permisivo con los holandeses, como en aquella patada terrible de De Jong a Xabi Alonso en el primer tiempo, para roja directa, sin dudas. Y hubo más palos de un equipo naranja que primero quiso mostrar los dientes y después jugar.
Ojo que la Furia pasó momentos de zozobra, más allá de los golpes. Porque Robben, en el segundo tiempo, se perdió un mano a mano que tapó Casillas. Y también tuvo un cabezazo más tarde. España llegó más y le falló la puntería (Villa, Fabregas, Iniesta antes del gol), además de encontrarse con un arquero iluminado.
Muchas amarillas en los 120 y una roja a Heitinga (cuánto pegó este muchacho) en el suplementario que le dio el último empujoncito a España, para creer que se podía realmente, que la Copa estaba ahí. Y al toque llegó el gol de un símbolo de este equipo del toque, del fútbol que mira el arco de enfrente más allá de no descuidarse atrás: la habilitación a Iniesta y el peladito definió cruzado con una frialdad de campeón mundial. Habrá que mirar un poco a esta España de Del Bosque que ganó todos los partidos después de perder con Suiza. Que sedujo a todos con el fútbol, que jugó en algunos momentos y con su actitud de buscar el arco de enfrente. Si ganaba Holanda, esta Holanda de juego fuerte y talentos como Robben, iba a haber escándalo. Pero ganó España. Y así, no tengan dudas, ganó el fútbol.