San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 21:54


| EL ZAGUERO DE LA SELECCION HOMENAJEADO DESDE TIERRA JOSEFINA
Godín en Ecilda Paullier: recibido con cariño, devolvió humildad y simpatía
15.07.2010 | Esta selección tiene una marca que la distingue y la acerca a la gente: humildad, trabajo, reconocimiento al pueblo. Ayer los ecildense pudieron acercarse a uno de los exponentes más genuinos de estos pibes que nos enorgullecen: Diego Godín, el crack rosarino.
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Unas doscientas personas recibieron ayer en Ecilda Paullier al jugador de la selección, Diego Godín. Oriundo de la vecina ciudad Rosario, Godín fue recibido por un entusiasta grupo de vecinos colonienses y de Ecilda que se juntaron para que la caravana que tenía previsto homenajear al joven futbolista en su ciudad, se adelantara unos kilómetros y comenzara en el departamento de San José. Desde las 15 horas los vecinos ecildenses comenzaron a reunirse frente al comercio Scarenzio, ubicado en el empalme de las rutas 1 y 11. Allí se encontraba también desde temprano el padre de Diego y otros rosarinos, quien junto a conocidos y amigos de Ecilda, tuvieron la idea de recibirlo un poco antes de llegar al peaje de Cufré. Y así se hizo. Diego, que viajaba de Montevideo en auto junto a su hermana, ya estaba informado por teléfono móvil que en Ecilda lo estaban esperando. Llegó a eso de las 16.15. Un vehículo policial lo acompañó unos metros antes de llegar al punto donde estaba la concentración. El público lo esperaba con banderas, cánticos y se instaló un improvisado estrado en la caja de una camioneta desde donde Diego, demostrando la humildad y sencillez que ha caracterizado a este grupo de futbolistas, agradeció el tributo ecildense y dijo una verdad que todo el mundo comparte: “mostramos un camino de trabajo y de respeto”. Un aplauso cerrado cerró sus breves palabras. A su llegada, no había terminado de bajarse del auto cuando la gente se fue sobre el auto y el jugador con un saludo y una sonrisa siempre, autografió todo lo que le alcanzaban: banderas, camisetas, pedazos de diarios, gorros, lo que viniera. Y el tipo siempre igual, con una sonrisa y un gesto de agradecimiento. Pero no fue todo. Diego siguió firmando más y más autógrafos después que se bajó de la chata de la camioneta, rodeado de mujeres, hombres, adultos, niños, niñas, jóvenes. Todos querían estar cerca suyo, sacarle una foto como fuera y darle las gracias. Fueron unos 15 minutos, pero inolvidables.









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