San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 20:54


| EDITORIAL
La ideologización del debate en la campaña
22.07.2009 | A medida que el natural debate político va tomando fuerza orientado hacia las próximas elecciones nacionales de octubre, también va siendo más evidente el tono y los contenidos que va a impregnar esta discusión.
Primera Hora

Y por cierto que lo que se ha visto en esta semana y poco en que cada uno de los actores principales ha ido tomando su lugar, es más bien pobre. Mucha carga ideológica pero poca sustancia en cuanto a propuestas de gestión.

Esta realidad es más notoria entre los líderes que encabezan las propuestas de los partidos con más chance de llegar al gobierno, es decir, el Frente Amplio y el Partido Nacional, desde donde se apela frecuentemente a la designación ideológico-peyorativa de los adversarios con la clara intención de desacreditar y de generar un rechazo reactivo e irracional.

Más allá de la pertinencia del debate en términos ideológicos que de cualquier manera estará presente, lo que en realidad hay que poner arriba de la mesa es la confrontación sobre ideas para gobernar. Creo que a esta altura, a cualquier de nosotros, poco nos dice sobre los defectos o las virtudes de este o aquel candidato, según se lo designe de “izquierda” o de “derecha” y, por supuesto, todos los grados que en esa escala se la pueden aplicar. La historia de occidente, y la historia reciente de América del Sur incluso, está plagada de malos y buenos gobiernos de uno y otro signo. Es decir, la posesión de una etiqueta no convierte al candidato ni en bueno ni en malo de por si. Lo realmente importante en términos de grandes ideas, es la lealtad a los principios democráticos e institucionales de la república. Lo demás requiere un debate sobre cómo hacer un buen gobierno. Por supuesto que esa discusión se va a corresponder con las grandes líneas de pensamiento que tiene cada candidato y partido, pero lo que uno pretende como ciudadano es que nos digan como se traducirán esas concepciones en términos de resultados esperados y de acciones para llegar a ellos. Tras esto, cada uno tomará su propia decisión.

Si el debate ideológico pasa a ser dominante, en realidad lo que se está haciendo es no sólo evitar la otra discusión, sino además embretar al electorado en una decisión maniquea. Se está conduciendo a la gente a votar por reflejo pero no a pensar realmente en los problemas y en las soluciones que el país requiere. En consecuencia, llevar la confrontación electoral al terreno descripto es, desde nuestro punto de vista, una forma irresponsable de promover el proceso de toma de decisión de la gente: “si sos de derecha te toca este casillero y si sos de izquierda este otro”. Ese debate es muy pobre y empobrecededor.








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