San José, Domingo 23 de Noviembre del 2014, 01:32


| MARIANO ARANA Y EL PATRIMONIO: ACIERTOS Y ABERRACIONES ARQUITECTONICAS DE AYER Y HOY
Construyendo y demoliendo la memoria
21.08.2012 | Las ciudades vaciadas de historia arquitectónica en el centro de una charla abierta, didáctica y descontracturada. “No creo que las ciudades tengan que permanecer cristalizadas ni los edificios inamovibles en el proceso histórico”, dijo en San José el Arquitecto Mariano Arana al congeniar los conceptos de “patrimonio” y “contemporaneidad”.
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Arana en plena charla en el Espacio Cultural

En medio de sus conceptos estuvieron las ciudades que se debaten entre quienes construyen y destruyen su memoria arquitectónica. “Tratamos de ser consecuentes entre lo que es el presente, el pasado y el futuro”, declaró Arana exponiendo su ideología aplicada a la conservación del patrimonio arquitectónico.
Lo cierto es que Uruguay aún no logra congeniar en su arquitectura los intereses estéticos con los económicos, el pasado con el presente, la funcionalidad con el buen gusto. “No creo que las ciudades tengan que parecer cristalizadas ni los edificios inamovibles en el proceso histórico”, expresó el arquitecto y ex intendente montevideano en la conferencia dictada en el Espacio Cultural San José.
Apoyándose con una serie de imágenes ciudadanas de ayer y hoy, explicó que las edificaciones actuales pueden ser perfectamente compatibles con las del pasado o incluso –reforma mediante- ser mejoradas sin perder su riqueza patrimonial. Aunque –según indicó- este grado de compatibilidad –generalmente- no se puede llevar a la práctica porque para construir “lo nuevo” se suele destruir (por completo) “lo viejo”.
Para ejemplificar su opinión sobre el estado de situación Arana parafraseó a un colega, pensador y docente italiano radicado hace muchos años en Venezuela: Graziano Gasparini. “La conservación de los monumentos del pasado no pretende ser refugio de la nostalgia; es una exigencia del hombre moderno y puede ser llevada a cabo sólo en el cuadro de la ciudad nueva, en función y no en antítesis con ella”, citó en la noche del viernes ante el auditorio maragato. Y siguiendo la línea de razonamiento agregó: “no siempre una demolición es una cosa desdeñable aún cuando se demuela un edifico antiguo: el asunto es saber si la sustitución que se hace es mejor de lo que se destruyó (…) Cuando hablamos de garantías e intereses en la conservación de un patrimonio -a veces- nos está traicionando hasta el propio lenguaje que hace que sea difícil tener un vocablo adecuado para saber que es lo que vale la pena mantener, respetar y mejorar porque las cosas patrimoniales no tienen por qué ser sacrosantas e incontaminadas.”
En su disertación, el ex Ministro de Vivienda rememoró sus primeras inquietudes por impedir el daño a la riqueza patrimonial que se comete en nombre del presunto modernismo: una cruzada emprendida junto a jóvenes arquitectos en defensa del patrimonio arquitectónico, urbanístico, paisajístico, ambiental y poblacional.
“¡Que vergüenza que en un tiempo en que nadie daba explicaciones de nada y las cosas se resolvían como se resolvían se hayan hecho las masacres que se hicieron sobre el patrimonio común, especialmente sobre los espacios públicos, el paisaje y la calidad ambiental y estética! (…) En la dictadura creamos junto a unos cuantos jóvenes arquitectos, recién recibidos, un grupo de estudios urbanos para realizar discusiones, publicaciones y audiovisuales para expresar nuestro malestar. Con esto queríamos establecer límites y decir que no todo es válido, que no se puede destruir todo simplemente porque a alguien se le ocurre. Queríamos generar una conciencia que por suerte fue compartida con muchos de los pobladores.”
Con los años, Arana se convertiría en docente y Director del Instituto de Historia de la Arquitectura y fue Presidente de la Comisión de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación (entre 1985 y 1989).
Así el diálogo avanzó de las décadas pasadas al presente con problemáticas que siguen inmodificables en una comunidad arquitectónicamente desmemoriada. Charlando con las fotografías de fondo, subrayó las frecuentes atrocidades que se cometen con la fisonomía edilicia: las incoherencias de nuevas edificaciones que nada tienen que ver con las volumetrías de las construcciones linderas o carteles publicitarios que arruinan estéticamente fachadas y medianeras. O las antiguas y espléndidas estructuras que son demolidas para darle cabida a urgencias comerciales:
“hay viejas estructuras que si se las sabe mirar tienen una potencialidad extraordinaria que se pueden conservar (…) Las cosas no valen porque sean más viejas –y lo digo yo que soy el más viejo acá adentro- sino que valen porque tienen un valor sustantivo y más permanente si acaso (…) Qué ironía la transformación de edificios de primerísima calidad en aberrantes estacionamientos a cielo abierto: no entiendo todavía como mi propio gobierno municipal permite en Montevideo aberraciones así. ¿Por qué no pone límites a eso? Esa una negación de la continuidad urbana.”

Tres Cruces, un asunto Terminal


En San José Arana reflexionó sobre los desencuentros entre las conveniencias arquitectónicas y las comerciales con un ejemplo muy actual: “hoy mismo discuto con muchos arquitectos que fueron incapaces de impedir la demolición de soberbias construcciones de Montevideo en el pasado y hoy no dicen nada -porque no quieren quedar mal con los empresarios- sobre el espanto de permitir duplicar la capacidad comercial de Tres Cruces. Han consagrado un disparate –desde el punto de vista técnico- al localizar una Terminal de Ómnibus allí donde está esa confusión y esa conjunción de construcciones y actividades que la hacen absolutamente incompatible y reñida con todos los parámetros urbanísticos y teóricos mínimanente respetables.”
Al mismo tiempo, hizo referencia algunas medidas atinadas como la peatonalización –más allá de la resistencia de los comerciantes- de algunas calles montevideanas lo que implicó un gran impulso comercial.









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