Ana María

Quiero contarles, que hace mucho tiempo, diría que hace más de dos años he realizado intentos para que Ana, se siente a charlar conmigo, sobre ella y, de esa forma poder regalarles a ustedes una hermosa nota.
Su humildad no se lo permite, ya que ella considera que su vida es igual a la de todos y, no tiene nada relevante para ser contado. Yo no estoy de acuerdo con ella, coincido en que su vida es como la de tantos otros y, me consta, que en toda vida siempre hay algo para aprender y compartir.
Debo decirles que, desde siempre he sentido una profunda admiración por esta mujer con la que caminaremos en el día de hoy, armando sus características personales, de conversaciones recogidas con personas allegadas a ella.
Ana María De León González, nació un 26 de Mayo, desde siempre recibió una educación cercana a lo católico, que sin duda la marcó profundamente y, de la que no se alejó jamás.
Casada con Carlos María Cabrera Lema, tuvieron tres hijos y, al día de hoy, la familia ha crecido, con la llegada de una nuera y de yernos, a los que ambos han recibido con el mismo amor que a sus hijos. La vida, le regaló también, la bendición más grande: cinco nietos.
Esposa, hermana, madre, abuela, amiga, vecina, compañera, compinche…muchos adjetivos podría utilizar para ir perfilando a esta gran mujer que, con por el solo hecho de vivir, va dejando su huella imborrable en muchos maragatos.
Ana María un día entendió y decidió que su vocación era caminar junto a los demás, que su deseo era estar cerca de toda aquella persona que lo necesitara y hacerlo de la mano de la palabra de Dios.
Ana comenzó de a poco y con mucho afán a aprender y perfeccionarse en todo lo referente a la Catequesis y ha dedicado su vida a educarse y a educar en la fe .Me consta, que lo ha hecho tal y como lo recordó el Papa Francisco a los participantes en el Congreso Internacional de Catequesis, a quienes recibió en audiencia y les dijo:
“La vocación del catequista es «ser» más bien que «hacer». Por ello quien educa en la fe debe guiar «al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio», sin tener miedo de «salir» de los propios esquemas para seguir a Dios, porque «Dios va siempre más allá».
Ana María, nos ha enseñado a todos los que la conocemos, a creer y volver a creer que hay personas honestamente comprometidas con la fe y, con la vida de los demás.
A lo largo de los años he visto desde lejos cómo por donde pasa, deja su huella de amor, dulzura y humildad.

Es una mujer sumamente espiritual y, por sobre todas las cosas es humilde. Sabido es que, la humildad, es una de sus cualidades más sobresalientes. Una persona humilde como ella, no pretende estar por encima ni por debajo de nadie, sino que sabe que todos somos iguales, y nuestra existencia tiene el mismo grado de dignidad.
Así es Ana, .. verla es ver a una persona que parece existir con el único propósito de cuidar y ser amable con los demás.
Hablar con Ana María, de lo que sea, es recibir su caudal de dulzura, es sentir que para ella eres la persona más importante,… lo percibes en su atención en el cálido saludo, en su mano tomando la tuya o, apoyándola sobre tu brazo, en el tiempo que te regala sin apuro, sin reloj.
Esto es un reflejo de su generosidad, esa que está directamente vinculada con el amor. Todo aquel que ama a alguien de algún modo, desea mostrar lo mejor de sí mismo ante esa persona y, ella es así con todo el mundo, porque el amor surge, fluye espontáneamente de ella
En general por un error de esta sociedad netamente materialista, caemos en creer que la generosidad se refiere solamente al plano material. No, la generosidad, posee también, un perfil netamente emocional, una persona puede ser generosa en tolerancia, en cariño, en tiempo compartido, en abrazos, en paciencia, en consejos…. Ana es un ser generoso disponible siempre para aquella persona que necesita un encuentro, una palabra de aliento, un silencio prolongado, una simple y atenta mirada.
Una característica sobresaliente en la vida de esta mujer, es su capacidad de escuchar al otro. Saber escuchar es igual, o incluso más difícil, que saber hablar, ya lo decía, el reconocido filósofo griego, Epícteto:
– “La naturaleza nos dio dos ojos, dos orejas y una boca para que pudiéramos observar y escuchar el doble de lo que hablamos”.
Esto sucede en la familia Cabrera, De León, al menos en la pareja de Ana y Carlos ya que los dos tienen la capacidad de saber escucharse y escuchar a los demás .Dicen que Carlos escucha mucho y habla poco pero, cuando lo hace, sus palabras son tan certeras como contundentes.
Alguien que la quiere profundamente me dijo:
-“Transforma todo a su paso”
Realmente es así, transforma, suaviza, convoca, invita, lima asperezas, invita a la reflexión, a la concordia, a la revisión…
Todo lo que tocan sus manos, parece cobrar vida, un ejemplo vivo de esto son las plantas, las flores de su jardín que invaden con su aroma su casa y la de sus vecinos.
Ana sabe, siente, tal vez de manera espontánea y natural que, vivir en la fe y trasmitir su palabra, no solo es una acción, sino el comienzo de un compromiso que durará toda su existencia. Ana, es una catequista que conoce plenamente su fe y la vive con profunda alegría y con el testimonio de una vida, la suya, coherente a sus sentimientos. Probablemente esta acción, sea el instrumento más puro y efectivo para la trasmisión de la fe.
Ana María De León es una hija ilustre de nuestro San José, que desde un lugar de silencio, ayuda día a día a que nuestra gente y nuestra sociedad sientan más amor.
Quiero terminar esta nota con la transcripción de un fragmento de una antigua bendición celta que, con motivo de mi cumpleaños me envío una persona a la que quiero mucho y, me parece que a Ana le sentará como anillo al dedo:
“Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles”.
Creo que él sabe que en la tierra, Ana, no hay ángeles como tú.

Cecilia.-
ceci.barcelo@hotmail.com

 

(Columna publicada el sábado 25 de febrero de 2017)