El año de la crisis ética

Se va un año complicado y difícil para los uruguayos. Un año que termina con un muy escaso crecimiento de la economía, con problemas de empleo y enlentecimiento de la actividad productiva. Nos ha ido mejor que a nuestros dos vecinos, lo que no es mucho decir, y sobre el final del año se han generado algunos indicios de recuperación de la economía que sin embargo enfrentarán un escenario internacional plagado de incertidumbres.

El año que termina tampoco ha sido positivo en materia de educación y seguridad. Dos viejos problemas señalados como graves y frente a los que el gobierno no logra generar cambios significativos. La gente siente una fuerte inseguridad y reclama por la mala calidad de la educación. Además, en el correr de 2016 ha vuelto a situarse entre los problemas más señalados por la gente la cuestión de la desocupación y el salario.

En este panorama, la posible inversión de UPM en una tercera planta de celulosa es una luz en el horizonte que esperemos se concrete en los próximos tiempos, por su potencialidad e impacto en nuestra sociedad.

Pero si el año fue complicado para el país, más complicado fue para el gobierno. Un año sin logros, sin impulso, sin iniciativas; en el que las diferencias internas se hicieron aún más visibles, al punto que culmina con la pérdida de la mayoría parlamentaria en la Cámara de Diputados.

Es notorio que el Frente Amplio se ha desequilibrado fuertemente a favor de los sectores que se sienten representados por el ex Presidente José Mujica. Los sectores moderados están en retroceso, no pesan significativamente en el Parlamento, donde son minoritarios y dependientes de la iniciativa de los sectores más a la izquierda. Muchos dirigentes y militantes se sienten defraudados, decepcionados y distantes. Mientras tanto, el Frente Amplio se ha reducido en su apoyo ciudadano de acuerdo a todas las encuestas. Más a la izquierda, más radical, con menos iniciativa, sin grandes logros y bastante más chico.

La educación está en manos de un continuismo inerte e inepto que provoca un deterioro gradual pero persistente de los resultados educativos. En materia de seguridad se hizo el intento de un diálogo con escasos resultados y se anuncian algunos datos que podrían indicar un cierto freno en la comisión de delitos que, sin embargo, no alcanzan para cambiar la situación de inseguridad que vive la gente.

En política internacional, que es la gran palanca indispensable para recuperar el ritmo de crecimiento, las contradicciones internas generan permanentes frenos a los esfuerzos acertados que se impulsan desde Cancillería y Presidencia para abrir el país al mundo. Por otra parte, los compromisos del partido de gobierno con la dictadura venezolana y con el PT en Brasil, han desdibujado los esfuerzos por una política internacional coherente y responsable.

Pero el mayor problema que ha enfrentado el partido de gobierno es el estallido de una profunda crisis ética instalada en torno a tres episodios emblemáticos de la gestión de gobierno que impactaron fuertemente en la imagen del Frente Amplio.

Esto se ha visto potenciado por la histórica prédica de ese partido sobre una supuesta superioridad moral que los diferenciaba de los partidos tradicionales.

El 2016 echó por tierra con esa pretensión.

Primero fue el resultado de la Comisión Investigadora de ANCAP que demostró no sólo una catastrófica gestión cuyos efectos, todos millonarios en dólares, siguen reproduciéndose casi a diario hasta hoy mismo, sino que también se constató un amplio conjunto de irregularidades con fuerte apariencia delictiva que provocó la presentación de una denuncia penal sobre numerosos hechos ocurridos durante la gestión de esa empresa pública que está ahora en manos de la Justicia.

Luego vino el bochorno del título inexistente del Vicepresidente de la República, convertido en un hecho político de primer orden por la insistencia absurda de una mentira evidente que, en vez de ser reprendida y cuestionada por el propio partido de gobierno, se convirtió en motivo de una patética defensa de todo el Frente Amplio, lo que es la prueba de hasta dónde han perdido el sentido de la realidad y parecen pensar que son impunes y capaces de venderle cualquier verso a la gente.

El episodio tuvo su punto culminante con la acusación del Plenario del Frente Amplio a los medios de comunicación y a los partidos de oposición por afectar la estabilidad institucional al denunciar la mentira reafirmada por un Vicepresidente indigno. No faltó en este episodio de “opereta” la alucinación de la senadora Topolanski afirmando haber visto el inexistente título o la inefable declaración del Vicepresidente señalando que realizaría la Tesis (no se sabe de qué estudios, por cierto no comprobados).

Y de postre, los negocios con Venezuela que muestran una indebida influencia del ex Presidente Mujica para favorecer a una empresa privada, cuyos directivos son notorios adherentes del MPP, y que como consecuencia de esa influencia accedieron a la intermediación de un importante número de negocios entre ambos países, lo que les generó significativos ingresos. Por si faltaba algo para configurar una ilegalidad, esa misma empresa figura como cotizante de la campaña electoral del MPP.

En fin. Un año en el que el partido de gobierno exhibió en toda plenitud su enorme desgaste en el ejercicio del gobierno y su incapacidad para resolver los principales problemas del país.

El 2017 será un año decisivo para la gestación de una alternativa nueva que represente las expectativas de los ciudadanos que quieren cambios con sensibilidad social y sin retrocesos, pero que, además, se sienten defraudados por el partido de gobierno. Es hora de recrear la esperanza y el entusiasmo. Hacia allí nos dirigimos. ¡Feliz año!

  • Pablo Mieres, es sociólogo, abogado y senado del Partido Independiente