Ante hechos de notoriedad: las respuesta de las instituciones

Algunos hechos ocurridos en San José en los últimos días nos hablan con contundencia de la debilidad del sentido de responsabilidad colectiva que tenemos como ciudadanos. Y decimos tenemos, porque en cierta medida hay una situación compartida, algunas causas que todos hemos ido descuidado y que han derivado en condiciones que hacen que la población pierda de vista su compromiso con la comunidad y con el otro, el vecino, con el que compartimos los mismos espacios públicos, la calle, las plazas, los parques.

Ayer Primera Hora informaba de dos hechos que de alguna forma están asociados a esto que señalamos. Por un lado, un siniestro de tránsito que termina siendo fatal, causado por un animal que, según los primeros indicios, fue liberado en la calle sin ningún control. No es la primera vez que esto pasa en San José. Hace ya varios años un trabajador también falleció cuando embistió un caballo que estaba suelto en Treinta y Tres al Sur. Y es frecuente conocer siniestros similares, aunque no de esta entidad.

Los residuos en los contenedores. Muchas veces hemos cuestionado a la Intendencia por fallas en el servicio, pero este no es el caso. Quienes vivimos en la ciudad, sabemos perfectamente qué cosas podemos eliminar en los contenedores y cuales no. Sabemos que en determinados puntos hay volquetas para esos desperdicios y que si no disponemos de transporte la Intendencia tiene un servicio de recogida. Sin embargo optamos por lo más sencillo y que se encargue otro. No son casos aislados, son más bien numerosos, por lo tanto estamos ante una falta de responsabilidad colectiva que tenemos que corregir en beneficio de la comunidad.

Pasa algo similar con los destrozos a los bienes públicos, como ocurrió la semana anterior en la plaza 33. Hay un patrón común de escaso sentido de pertenencia que se traduce en acciones individuales que atentan contra lo colectivo. Acciones que no obstante pueden ser modificadas asumiendo también las instituciones un rol más activo. Un ejemplo: la Policía ya anunció que iba a comenzar a notificar a quienes causaran problemas de convivencia en las plazas. Creemos que efectivamente hay que intervenir ante los desvíos más pequeños y quizás se puedan evitar los más notorios. Si dejamos que la plaza 33 se convierta en una cancha de futbol o en una pista de carreras, estamos facilitando la impresión de que efectivamente “es tierra de nadie”. Por eso creemos que la figura de un placero en estos casos podría ser de ayuda apoyado por el servicio policial en casos necesarios. El placero puede advertir frente a los pequeños desvíos, pero además puede ser una figura capaz de generar solidaridad entre los vecinos que realmente quieren disfrutar de estos espacios.

En síntesis: es necesario también hacer algo desde el estado para revertir ese “no me importa nada”. Si el ciudadano ve y siente que las instituciones actúan, que sancionan cuando tienen que hacerlo, probablemente comencemos a cambiar nuestro hábitos. La Ley de Faltas que se comenzará a aplicar con las notificaciones no se estaba aplicando y sin embargo puede ser un instrumento idóneo para marcar la presencia institucional que el vecino reclama. Pero si se omite, las mismas instituciones están “entregando” los espacios públicos. Cada uno de nosotros tenemos la obligación de actuar con responsabilidad colectiva, pero eso no inhibe a que el estado incida para modificar las conductas individuales inconvenientes para los demás.

 

(Editorial publicado el martes 27)