Ausencia de familia, ausencia de valores

Los ejemplos de falta de valores en nuestra sociedad, a esta altura son demasiados. En los últimos días hemos tenido noticia de hechos aberrantes y de otros menos graves, pero todos causan una natural indignación en nuestra comunidad. Debemos hacer un esfuerzo por reflexionar y canalizar en forma correcta dicho sentimiento…
No debemos caer en “soluciones” al grito y contemplando solamente a los grupos que logran ejercer mayor presión. A veces parece que no hay un necesario abordaje global de la problemática. Que lo único que nos interesa es calmar nuestro entendible desasosiego, con medidas legislativas o grandilocuentes planes, que son tan efectistas como ineficaces. Cuanto más nos duelen ciertas situaciones, más tranquilidad y reflexión merece la respuesta. Cuanto más complejo es el problema, más meditado debe ser el planteo de la solución.
Hay caminos que debemos cuidarnos de no recorrer. Entrar en un enfrentamiento de unos grupos contra otros, generando una pulseada donde no se logran equilibrar derechos y deberes. Donde el que tenga más poder se quede con todos los derechos y el que pierde la pulseada sólo carga con deberes. Donde no se aplica el correcto funcionamiento de un sistema construido sobre normas generales, pero que luego deben aplicarse a situaciones particulares.
Hay una exaltación del “ser auténtico”. Del sentir sobre el pensar, de lo espontáneo sobre lo meditado. El problema se agudiza en combinación con una sociedad consumista que a veces hasta las respuestas “espirituales” que plantea, no son más que otro bien material de status. Se confunde realización personal con egoísmo. Incluso en las relaciones humanas más cercanas, se ve al otro como un fin para lograr la satisfacción personal.
El tema es el desequilibrio. Se ha perdido el sentido común que marca el límite de lo aceptable. ¿cuándo una madre que corrige a su hijo, pasa a ser una “repersora”? ¿cuándo un alumno que habla en forma coloquial y atropellada, pasa a ser un “irrespetuoso”? ¿cuándo un superior que da una orden de trabajo, pasa a ser un “acosador”? ¿cuándo un muchacho que se “divierte” se convierte en un “vándalo”?
Hay que tener cuidado con el mensaje que se transmite. Si todo da igual: no hay nada que sea ni más grave, ni más importante, ni correcto, ni inmoral. Sí, como el tango “Cambalache” describe en su letra.
Con el pretexto de la igualdad, se iguala para abajo. Y ello no lleva a ninguna justicia igualitaria, lleva a la degradación de todo el colectivo. Se vive una fractura social. Pero ya no (solamente) entre ricos y pobres. O entre campo y ciudad. O entre patrones y obreros. La fractura se da dentro de la familia, se da dentro del barrio, dentro del lugar de estudio o de trabajo. Se ha perdido el respeto por el otro.
La institución familiar está fallando, pero en vez de ayudarla se la quiere sustituir. Y la familia no puede, ni tercerizar ni estatizar su función y sus responsabilidades. Debemos volver a ubicar a la familia como la célula de la sociedad y reconocerla como el grupo primario que siembra valores a los miembros de la comunidad. Caso contrario, es muy difícil que ninguna escuela, autoridad, club o institución social logren sacarnos de una situación cada vez más dramática.