China y Brasil

La semana pasada el Ministro de Economía Danilo Astori, reveló que la negociación del Tratado de Libre Comercio con China estaba supeditado, por decisión del gigante asiático, a la postura que adoptara Brasil. Es decir, si Brasil aceptaba que Uruguay continuara las negociaciones el proceso seguiría adelante pero de lo contrario China se negaba a contrariar al gigante de este continente. La respuesta china deja en evidencia algo que ya sabemos: la poca autonomía de Uruguay para negociar su inserción internacional y las limitaciones que nos impone el Mercosur. La cuestión no es de fácil resolución. Por un lado, este condicionamiento debilita nuestra soberanía pero también es cierto que cuando el país pasó a integrar el acuerdo regional lo hizo a consciencia de que estaba renunciando a una parte de sus decisiones soberanas. El asunto es que esa limitación, en un Mercosur que funciona muy mal, está teniendo demasiados costos para un país que requiere tener un grado mayor de flexibilidad en la construcción de sus vínculos comerciales.

Es claro que Brasil y Argentina manejan el Mercosur a su antojo e imponen las lineas arancelarias que les favorece frente a la competencia de los bienes procedentes de extra zona. Esto ha sido más o menos así durante toda la historia del acuerdo y han sido vanos los esfuerzos de Uruguay y Paraguay por equilibrar este control binacional. Lo peor, desde nuestro punto de vista, es que tanto Brasil como Argentina no han visto o no han querido explotar la potencialidad de usar al Mercosur como palanca de desarrollo comercial a largo plazo. Han utilizado la herramienta a su favor pero con una visión cortoplacista, básicamente para cerrar la región y no para abrirla, sin tener en cuenta que el camino de la competitividad es la productividad y la calidad y no los precios de frontera. Así ha fracasado por años la búsqueda de un acuerdo comercial con la Unión Europea y también con Israel y, cuando Uruguay intentó abrir un TLC con Estados Unidos fue la negativa de nuestros dos vecinos lo que terminó liquidando la negociación más allá de las resistencias sociales y políticas internas.

¿Damos con esto por sentado que tales acuerdos son buenos en sí mismos? No necesariamente. Cada TLC es diferente y depende de qué se negocia y cómo, pero si creemos que cada país debe tener las flexibilidad de poder construir sus vínculos comerciales de acuerdo a sus necesidades. Sería mucho mejor, que el Mercosur se planteara estas opciones como bloque y fuera en ese marco y desde ese ámbito que se negociara la inserción comercial. Pero si esto no es posible, Uruguay debería estar en posición de poder negociar con China o con quien fuera. Por eso creemos que el Mercosur requiere un cambio urgente, que pasa fundamentalmente por construir una asociación más flexible, que permita a los países chicos poder manejar sus relaciones comerciales con el mundo de otra forma. Hay dos opciones: o el Mercosur se abre o flexibiliza la asociación. De lo contrario tiene los años contados.

 

(Editorial de PH publicado el martes 24 de enero de 2017)