Primera Hora

Claudio

Escribe: Antonio Ladra (*)

Parece cosas de locos. El viernes pasado estaba en casa escribiendo a propósito del conflicto del agro y el desarrollo de los acontecimientos cuando acudí al archivo para refrescar algo sobre lo que ocurría en el año 2002.

Releí sobre lo que ocurría en aquellas fechas y, claro, me detuve en lo que fue el momento más duro del gobierno de Jorge Batlle y en ese momento debí auxiliarme con un libro del que tengo dos ejemplares. Se llama “Con las horas contadas”. Creánme: es la mejor investigación periodística sobre aquellos dramáticos días. Fue escrita por Claudio Paolillo.

Estuve hojeando el libro, sacando algunos apuntes y, luego, de tarde me fui al canal a terminar de escribir lo que había comenzado en la mañana. A eso de las dos de la tarde le puse punto final a la nota, cuando al mismo momento Federico Sierra sale de su oficina, pálido, demudado y así sin más me lanza: “acaba de morir Claudio Paolillo”.

El corazón se me estrujó, quede alelado, puteé, sentí que me mareaba un poco. Bajé las escaleras, salí a la calle, al ardiente enero a tomar un poco de aire y empecé a llamar a algunos a amigos en común que teníamos con Claudio. Los teléfonos daban ocupado, solo puede hablar con Pedro Cribari, tuerto como Claudio y con Roger Rodríguez, amigo de esos de antes de Claudio, justamente el que me lo presentó. Fui en ese momento el portador de una mala noticia, terrible, aunque todos sabíamos en nuestro fuero interno que no era una sorpresa, pero ¡qué digo! Claro que no fue una sorpresa, fue una mierda, ¡qué tanto!

Conocía a Claudio desde el año 1983 cuando se comenzaron a abrir las grandes alamedas que pusieron fin a la época más negra que hayamos conocido los uruguayos.

Recordé a aquel Salvador Allende en su último discurso antes de su muerte a manos de Pinochet. “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Entonces, a manera de homenaje, casi sin palabras, publiqué en twitter la foto de una manifestación que hicimos siendo tan jóvenes un grupo de periodistas que nos pusimos un tapaboca y caminamos por 18 de Julio, un 4 de mayo, en protesta por la censura previa de la dictadura uruguaya. Allí íbamos caminando, desafiantes, abriendo las grandes alamedas para que pasen los hombres libres. En primera fila iba Claudio y en otro extremo Roger. (foto)

Y así, en esa vueltas, fue que conocí a Claudio, en esos momentos tan fermentales de un periodismo que se hacía a garra, corazón, pasión y militancia, todo mezclado. Allí estábamos codo a codo.

No puedo decir que fuera amigo de Claudio, no compartimos comidas, ni salidas, ni siquiera redacción; casi lo hicimos en el año 1992, pero no se dio. Sí compartimos discusiones, muchas veces de política, pero fundamentalmente de periodismo. A veces nos poníamos de acuerdo y otras veces no. El periodismo perdió a uno de los grandes. No voy a reseñar su trayectoria ni su pasaje por los medios, no es el objetivo de estas líneas. Es solo recordar/nos la piel y el paso del tiempo.

En noviembre del año 2016 me sorprendió cuando llegó a mis manos la quinta edición de “Con los días contados”. Hacía mucho tiempo que no hablaba con él, ya sabía por otros amigos que estaba enfermo, pero que la luchaba. Me escribió una dedicatoria afectuosa.

Me sonó a despedida.

Lo llamé, le agradecí el regalo y hablamos un poco. Me dijo que había derrotado a la “puta y perra enfermedad una vez”: cáncer de próstata y ahora estaba haciendo lo mismo con un nuevo cáncer. Me detalló cada paso que tenía que dar con los médicos y como es la enfermedad, pero a la vez me contó de sus planes a futuro. Pero la puta y perra enfermedad se lo llevó. La misma puta y perra enfermedad que se ha llevado a otros amigos.

Pero bueno, qué te voy a decir. Allí donde estés, seguro con tu camiseta violeta de Defensor, ¡salud Claudio!

(*) El autor es periodista de Canal 12 y fue fundador de Primera Hora.