Allí, en efecto, “el sistema” vigilaba todo. Desde la vida profesional a la vida privada de aquel escritor, son invadidas por el régimen que gradualmente va taponando cada resquicio de oxígeno de aquel hombre, hasta que la película, en medio de un desenlace trágico, transita hacia la libertad que vino con la caída del comunismo. La película, que se centra magistralmente en la historia particular de este hombre, va más allá de esto y denuncia cómo funciona en sus intersticios un sistema totalitario. Cómo una burocracia, que tiene por encargo defender la ideología y el discurso del sistema, se empeña en controlar y observar todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, aún aquellos que están reservados pura y exclusivamente a la esfera de la vida íntima.
Aunque nadie en este país podría emparentar juiciosamente nuestra realidad de los últimos 25 años, con aquella Alemania de los 90, pareciera que hay algunos funcionarios del Estado que tuvieran una inclinación oscurantista y autoritaria, que ideológicamente recuerda a una práctica de estilo stalinista. No otra cosa, es lo que refleja el informe atribuido a un ex asesor del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, donde describe a su arbitrario criterio, mucho más allá de cualquier facultad que pueda detentar un funcionario público, cualidades profesionales y personales de una veintena de periodistas agropecuarios de varios medios y departamentos del país. El “informe”, realizado aparentemente cuando ejercía el Ministerio el actual senador Agazzi, califica a estos periodistas de “confiables” y “no confiables”, abundando incluso en detalles sobre sus condiciones profesionales, como también, de que tan críticos o no son del desempeño del Ministerio y del gobierno en general. Así algunos de estos colegas son valorados como “fieles representantes de una cultura reaccionaria” y otros como “no serios”, “inescrupulosos” e, inclusive con otros, se sugiere a las autoridades que “no vale la pena cambiar una agenda para darle una nota”. El informe que publicó Búsqueda el jueves pasado tiene dos carilla y media, y parece más una pieza de Inteligencia Política que el material de una Asesoría de Comunicaciones.
Realmente creemos que se trata de un hecho lamentable, que no encaja dentro de lo que debería ser la práctica habitual de funcionarios al servicio de un estado democrático y donde el periodismo y su multiplicidad conforman justamente la riqueza del sistema. ¿Quiénes son estos asesores que se erigen en jueces para definir a qué periodista castigar o premiar, rememorando los tiempos más oscuros de nuestro pasado reciente? No se trata de defender corporativamente nuestra profesión sino lo que representa como espacio de libertad, se esté de acuerdo o no con la comunicación particular de uno o de otros periodistas. Por lo tanto, esto requiere un esclarecimiento que debe ir más allá de la conducta individual del asesor y son los responsables políticos del Ministerio de Ganadería de aquel momento, quienes deben aclarar debidamente la situación. Claro que, por suerte, estamos muy lejos de aquella RDA del 90, pero, como enseña otra película de reciente estreno (La cinta blanca), el camino al autoritarismo puede ser largo, sutil y casi imperceptible; perdido en un alejado pueblo o, como en este caso, reptando en la rutina de una oficina pública.