Sobre el conflicto entre el ECIE y la Comisión de Patrimonio

En los últimos días, quizás muchos actores sin proponérselo, han planteado en la esfera pública una especie de contradicción entre la determinación de la Comisión Departamental de Patrimonio de suspender una obra arquitectónica en los galpones de AFE que gestiona el Espacio Cultural Ignacio Espino (ECIE) y el trabajo que desarrolla esta institución. Sobre todo, hemos escuchado a algunas personas que han situado el conflicto en un terreno que consideramos equivocado y que no contribuye ni al entendimiento del problema, ni al desarrollo de un proceso que conduzca a la solución de las diferencias.

Quién puede negar que la obra que el ECIE ha desarrollado en los últimos años en ese espacio que estaba abandonado, es un ejemplo de creatividad, que contribuye no sólo con el desarrollo cultural de la sociedad maragata, sino que además ha generado un centro de integración y de inclusión en el barrio. No tenemos dudas que sería necesario más emprendimientos de este tipo en otros puntos del departamento y que lo que ha hecho Intermedio Producciones como gestor del proyecto es digno de imitar. Como alguien ha dicho en los últimos días: gracias a este trabajo, la institución y la gente que construye cultura desde allí, también se está cimentando patrimonio espiritual, que es tan valioso como los edificios u otros testigos materiales. Todo eso es cierto, y San José no sólo debe sentirse orgulloso de este emprendimiento sino que también las instituciones del departamento tienen la obligación de respaldarlo por la contribución que realiza. Sin embargo cada cosa en su lugar.

Últimanente hemos visto que algunas expresiones emanadas de una manifestación pública de apoyo al ECIE, cuyo derecho de realizarse está fuera de discusión, han pretendido situar el conflicto en un terreno que lleva las diferencias más allá de lo patrimonial y burocrático. Hay una lectura de la realidad que, desde nuestro punto de vista, se enfoca en un plano equivocado. Algo que debería resolverse con diálogo y, eventualmente, con modificaciones edilicias que se ajusten a lo requerido por los criterios de preservación patrimonial, no debería terminar en una discusión que desnaturaliza el origen del problema e invade otras dimensiones, situando el debate en un terreno que no ayuda a resolver las diferencias. Opinamos que la Comisión Departamental de Patrimonio tiene un rol que todos debemos atender y escuchar por el bien de la comunidad, y así se ha entendido por fin después de muchos años en que estuviera sin integrarse. ¿Qué mejor garantía para la preservación de nuestra herencia cultural, que una comisión patrimonial funcionando y cumpliendo su papel?. No está bien que se desconozcan sus observaciones y si hay problemas de costos asociados, deberán encontrarse alternativas que salven el error, pero el riesgo de cuestionar la legimitidad del trabajo que hace este grupo, puede ser un precio muy caro para el futuro patrimonial de todos los maragatos. Quizás en la cuenta de opiniones y reacciones que han devenido durante este episodio, todos hayan cometidos errores, pero ¿vale la pena enfrascarse en ellos, cuando hay tanto por hacer de ambos lados? Ojalá que el encuentro y diálogo permita superar estas diferencias y tanto el ECIE como la Comisión de Patrimonio sigan haciendo su aporte en bien de toda nuestra comunidad.

WRF