San José, Jueves 9 de Septiembre del 2010, 20:15


La mochila de los uruguayos
Pedro Peña
La mochila de los uruguayos

PESOS PESADOS. El otro día bajé de un ómnibus con todas mis descalabradas pertenencias: una mochila con muchos libros, papeles y carpetas y una matera en cuyo interior iba un termo de metal lleno de agua. Mi espalda y mi hombro izquierdo se resintieron en la pequeña caminata que debí afrontar. A cada paso me preguntaba por qué iba siempre tan cargado, por qué todo el año había sido así. Llegué a la conclusión de que esta es una marca más de la uruguayez: nos movemos lento, sin agilidad, en parte por el peso de las cosas que nos ponemos sobre los hombros. Y estas cosas a veces son materiales, pero las más pesadas son las simbólicas.

PASADO REMOTO. Todos nosotros tenemos una idea más o menos patriótica de nuestra nación. Es decir, a todos nos gusta y regusta reivindicar la figura de Artigas, por ejemplo. O aquellos gloriosos días de la independencia, cuando ejércitos de hombres humildes vestidos con harapos y armados con lanzas eran capaces de hacer retroceder fuerzas virreinales o imperiales. En nuestra idea de lo que somos, en el arquetipo que nos hemos formado de nosotros mismos, figura la concepción mental de un pueblo elegido para ser la cuña entre dos enormes potencias, un paradigma de la libertad y, en distintas épocas, de los avances de la civilización sobre la barbarie.
Pero se nos olvidan cosas tales como que para lograr todo eso fue necesario recurrir a lo de siempre: guerras, batallas, muertes, ajusticiamientos sumarios, liso y llano genocidio de nativos, aberraciones múltiples. La reforma vareliana, que después de cien y tantos años aún sigue estando en el discurso político de todos los partidos, sólo fue posible porque se hallaba apadrinada por una dictadura. Un poco antes en el tiempo participamos de la espantosa guerra contra el Paraguay, donde aliados con Argentina y Brasil nos arreglamos para aniquilar a todos los varones paraguayos mayores de doce años. ¿Quién nos metió en eso? Venancio Flores, quien después murió asesinado en nuestro magnicidio más importante y a quien, a despecho de cualquier ideal humanista y humanizante, hemos premiado con el nombre de un departamento. Pero claro, no es de extrañarse: también el injustificable Rivera tiene el suyo.

SIGLO XX, CAMBALACHE. Cargamos con el pesado legado batllista que aparentemente nos obliga a una permanente revisión del rol del Estado en relación con uno de sus componentes: los habitantes. En cierta medida parece como que todas las cosas que el viejo Batlle (a propósito, quienes tengan la oportunidad de viajar a Montevideo y de paso ver en la radial de ruta tres y ruta uno el monumento a Batlle, podrán apreciar un hermoso y perfecto nido de hornero situado originalmente en una parte muy pero muy privada del gran estadista uruguayo allí sentado) hizo alguna vez han sido vilipendiadas y destratadas, cuando no lisa y llanamente abolidas por sus descendientes más cercanos.
Por otro lado, la muerte de Saravia temprano en el siglo marcó para siempre al otro partido histórico, posicionándolo en una actitud combativa, confrontativa, que muy pocas veces ha redundado en beneficio de nadie. Hoy por hoy los dirigentes políticos derivados de estas vertientes se diferencian prácticamente sólo en su pasado, porque en realidad piensan de forma muy similar y hasta concurren juntos al ejercicio del sufragio, mientras que sesudos analistas plantean que el batllismo, el saravismo e incluso el wilsonismo, están en otro lado.
Pero si del siglo XX hay que elegir dos sucesos claves, dos piedras realmente pesadas en la mochila de los uruguayos, esas son Maracaná y la dictadura del 73. El primero ha sido un pesado lastre sujeto al cuello de nuestro país. Haber ganado un partido de fútbol se ha convertido en una suerte de reivindicación permanente de las glorias pasadas y una constante disconformidad con el estado presente de las cosas. Y esto ocurre porque el fútbol, que termina siendo una experiencia sumamente irracional para los espectadores, no conoce de fronteras políticas, sociales o religiosas. Entre los que putean a viva voz en una barra brava seguramente hay cristianos, colorados, ateos, homosexuales, partidarios del aborto, criminales, políticos, docentes, artistas, y ninguno de ellos escapa a la peligrosa fascinación del sufrimiento. Porque el fútbol uruguayo es uruguayo porque hace sufrir. Si no, no lo sería. Y nosotros mismos decimos que es mejor ganar sufriendo que ganar bien, como Argentina, o jugar bonito como Brasil.
El cuanto a la dictadura, la discusión es de nunca acabar. ¿Juzgamos o no juzgamos? ¿Perdonamos o condenamos? ¿A estas alturas, nos importa o nos da lo mismo? Desde un punto de vista subjetivo, la dictadura uruguaya fue terrible. Lo que le hicieron a los cuerpos, a las mentes y a los espíritus de los hombres y mujeres, individuos humanos, fue atroz. Pero desde el punto de vista objetivo, en contraste con la realidad de las otras dictaduras latinoamericanas, por no hablar de alguna asiática, la nuestra fue una dictadura de pacotilla. Y sé que se van a venir comentarios horrorizados con estas apreciaciones, pero a los números me remito. Ahora bien, como a mí no me interesa el punto de vista objetivo y sí el subjetivo, creo que por ellos, por los sujetos vulnerados en aquellos años, pero más que nada por los todos y cada uno de los que nacimos y vivimos en este lugar, el tema debe cerrarse de una vez. Y tal vez sólo pueda cerrarlo el tiempo, cuando todos muramos.

SIGLO XXI: LA PIEDRA ES EL MIEDO. En la reciente campaña electoral el miedo fue protagonista. El suceso más repulsivo fue una propaganda televisiva en la que se utilizaban imágenes de un robo real tomadas por una cámara en cierto comercio de la capital. La intención era provocar en el público objetivo una sensación no ya de inseguridad sino de temor, de miedo, de pánico. Esa es la piedra más pesada que nos ha dado el siglo. Pero merece una aproximación más elaborada, que prometo para la siguiente contratapa.
Hasta entonces.


  # 3 Comentarios
1
lector    09.12.2009 - 23:59
otra mochila...aguantar a cada gil escribiendo estupideces....
2
Juanma    14.12.2009 - 10:10
Me parece un lindo artículo. Estoy de acuerdo...
3
analia    14.12.2009 - 14:05
el comentario esta buenisimo me gusto esta nota felicitaciones
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