San José, Jueves 9 de Septiembre del 2010, 20:06


2010: ¡A vencer las trampas del tiempo!
Pedro Peña
2010: ¡A vencer las trampas del tiempo!

¿Qué quiere decir que ha pasado un año? Lo más simple es que nuestro planeta ha dado una vuelta perfecta al sol y se halla en el mismo exacto punto que hace 365 días en referencia a nuestra estrella más importante. Parece obvio pero no por obvio hay que dejar de decirlo: la vuelta ha sido la misma desde que el mundo es mundo. Pero hay una diferencia: durante aquellas primeras traslaciones originarias no había hombres ni mujeres que pudieran atestiguarlas. Hoy por hoy el género humano ha llegado a fronteras insospechadas, ha colonizado cada uno de los rincones del planeta y, aún más allá, ha enviado aparatos de exploración a Marte y sondas que atraviesan el espacio rumbo a alguno de los mundos que hay desperdigados por los miles de galaxias existentes.
Cuando se es niño el tiempo es una esencia extraña y lenta. Todo demora mucho: los meses de clases se hacen eternos como un desierto e incluso las vacaciones llegan a aburrirnos con su prolongado no hacer nada. A medida que pasan los años la percepción del devenir temporal ciertamente cambia. Las causas de este cambio son, presumo, las obligaciones que llegan con la adultez, pero como la tan mentada adultez cada vez llega más tarde (alrededor de los treinta años), el asunto tampoco está tan claro.
Sí tengo claro que cuando uno tiene un hijo las horas del día pasan a velocidades siderales y los minutos casi se convierten en segundos. No hay descanso ni paz y, aunque parezca extraño, a uno le gusta ese vértigo porque viene de la mano de la más completa felicidad, de la más absoluta perplejidad ante los misterios de la vida. Porque tener un hijo es acercarse a los misterios de la vida, por cierto.
Bueno… toda esta introducción sólo para concluir que ha pasado un año y eso tiene varias consecuencias. Para empezar, digámoslo ahora, parece que fue la semana pasada que celebrábamos la llegada del 2009. Hay algo más que preocupante a la hora de constatar que, aunque no nos parezca, un año se ha ido y otro está por venir. El 2009, entonces, puede ser interpretado en base a nuestra particular subjetividad como un año más o un año menos. Un año más de trabajo intenso, de preocupaciones económicas, de problemas en el laburo, de enemistad con los vecinos, de posposición de objetivos. Un año menos de placeres mundanos, de elaboraciones artísticas, de tiempo con las personas que a uno le hacen bien, es decir, un año menos de vida. Desde esta perspectiva el tiempo (no sólo el 2009 sino todos los años de aquí a la eternidad) se constituye en una trampa ineludible. Y lo que es peor: nosotros mismos somos quienes nos ponemos esa trampa…
Por eso creo que una buena forma de comenzar el 2010 es hacerlo pensando en cómo sacamos de a poquito el pie de la trampa. No tengo claro cómo se hace esto, pero sí que hay que hacerlo de una buena vez. Hay que cortar el círculo vicioso de trabajo, sueldo, gasto, deuda, preocupación, cansancio, más trabajo… Quizás revalorizar los momentos íntimos de la vida, los pequeños goces –que no son pequeños si son goces-, sea un lugar común en cuanto a las sugerencias que se dan a estas alturas del año. Pero no se me ha ocurrido nada mejor para decir, nada más nuevo ni más inteligente que eso: disfrutemos un poco de algo, apropiémonos de nuestra vida de una vez y para siempre y dotémosla de un sentido, cualquier sentido, pero un sentido que vaya un poco más allá del trabajo a destajo y la ilusa diversión del control remoto.
Pero…¿cuál es la recompensa de tamaña empresa? En esta sociedad post posmoderna (sí, amigo/a lector/a, leyó bien: ha pasado la modernidad y ya casi también la posmodernidad…) en la que no se confía ni se buscan los beneficios a largo plazo sino que todo tiene que verse ya, todo tiene que ser ahora, es difícil aceptar el desafío de cambiar si lo que queremos lograr se demora en el tiempo. Así expuesto parece paradojal: para mejorar nuestro uso del tiempo es necesario tener tiempo, hacernos tiempo, generarlo para nosotros. A lo mejor todo termina teniendo que ver con ese niño que sentía que en vacaciones el tiempo se podía agarrar en una mano y sacar a pasear a los jardines y las plazas repletas de hamacas, pelotas y bicicletas Ondina o Graciela.
No va a ser fácil el 2010.
No lo va a ser por la sencilla razón de que ningún año lo es. ¿Qué quieren que les diga? Me gustaría poder mentir aunque sea un poco y decirles que sí, que es el año que todos estamos esperando, el del despegue definitivo de nuestras habilidades escondidas, el año en el que nuestras expectativas y nuestros logros finalmente van a ir de la mano como un novio y una novia que han comenzado a quererse. Pero no pasa por ahí. Las palabras “logros”, “habilidades”, “despegue”, “trabajo”, “sueldo”, “deudas”, no sirven a la hora de enfrentarse a esa otra palabra potente, secreta y misteriosa que es “tiempo”. Nada pueden hacer las palabras con las que encerramos nuestras ambiciones contra una que viene del pasado más pasado y se proyecta a un futuro del que nunca se sabrá porque está en la eternidad, y la eternidad no es humana. Tiempo…, tiempo…, tiempo, tiempo, tiempo: no me canso de repetirlo: tomemos el tiempo, seamos por una vez dioses de nuestras propias existencias.
Ojalá el 2010 sea el año en el que comencemos algo que nos mejore, que nos haga bien, que nos haga felices.
¡Salud!


  # 1 Comentario
1
El 2009    03.01.2010 - 19:17
2009 año que me dejaste una herida difícil de olvidar; un tropezón, un fracaso doloroso; 2009, me volviste a Borjes, me permitiste descubrir a Gioconda Belli; me llevaste más a fondo en el lenguaje de Shakespeare y lo disfruté; en el 2009 aprendí más cosas de mi hijo adolescente, volví a ver "Té con Mussolini"; recibí sin alegría un post grado por el que había trabajado duro; 2009, qué año: voté contrariado, conocí un buen amigo cuya felicidad me hace feliz. 2010: la vida sigue...
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