|
Diccionario del Inútil en verano
|
E, n. Segunda vocal de nuestro alfabeto. Ha obtenido, hace relativamente poco, una nueva dosis de popularidad al verse vinculada a los correos electrónicos, llamados también E-mails.
Ebionita, n. Dícese de aquellos herejes que no consideraban a Jesucristo como verdadero hijo de Dios, sino que sostenían que había sido adoptado por la mencionada divinidad, después de sortear los trámites pertinentes de los cuales, en aquellos tiempos como en los nuestros, no se salvaba nadie. Es menester decir que para el ebionismo (doctrina rebuscada, si las hay) ni la virgen ni su esposo terrenal podían concebir. Ni qué decir del escándalo que se armó y de las explicaciones que Dios tuvo que revelar a su hijo Jesús una tarde de aburrida tormenta allá en el cielo.
Ebrio, n. Persona de cachetes rosados, abdomen abultado y desprolijidad sempiterna que, a veces, se dedica a la política hasta con éxito. Los que no son lisa y llanamente borrachos.
Eclecticismo, n. Doctrina que desmedrando de los extremos intenta conciliar las mejores partes de cada teoría con el fundamento de que en el punto medio siempre está lo más conveniente. Este autor cree tener conocimiento acerca de cierta doctrina religiosa que, tomando como base las enseñanzas de Jesucristo y de Mahoma, adopta para sus cuadros y representaciones gráficas la figura de un gordito de rasgos achinados llamado Buda, agregando además las costumbres rituales de los nativos de la isla Gnboé, justo en el medio del archipiélago polinesio. El resultado es una confusión sincrética de proporciones apocalípticas que ni siquiera sus líderes más representativos (el Dalai-Papa y el Budapóstol entre otros) han podido desentrañar para el resto del mundo. Como consecuencia de esto último, no se han caracterizado nunca por ser un credo extendido. También es pertinente informar que la doctrina del eclecticismo se ha hecho presente en varias ramas del arte a efectos de convertirlas en una sola. Producto de esto es la película dirigida por Salvador Dalí en la que se lo puede ver escribiendo un libro de cuentos en letras pintadas a mano con una especie de pequeño pincel con forma de bigote esculpido en piedra por el propio artista.
Ecología, n. Parte de la biología que estudia las relaciones de los cuerpos vivientes y el medio. Como los “medios” escasean a causa de la contaminación que nuestra prudente especie perpetra minuto a minuto, los simpatizantes de esta rama del conocimiento se agrupan en sociedades que tienden a combatir algunos hábitos execrables que seguimos manteniendo, tales como poner fábricas contaminantes en zonas productoras de alimentos o arrojar al piso el envoltorio del chicle, total, a quien le importa...
Ectropión, n. Cuando alguien, por hacer una broma de asqueroso gusto, le muestre a usted los párpados dados vuelta hacia fuera, pregúntele si sabe que eso que está haciendo es un ectropión. Es una buena forma de dejar al gracioso de turno en ridículo.
Edén, n. rel. geo. Lugar paradisíaco en el que vivieron sus años mozos Adán y Eva, hasta que vino a ocurrir el famoso episodio de la serpiente, que figura en el libro Anales de lo insólito de la forma siguiente: “Estaba la serpiente aburrida de lo poco que había para hacer en el jardín cuando, entre los yuyos, vio aparecer a Eva con una cara de felicidad muy propia de su condición de recién casada con un tipo como Adán. Entonces pensó: resulta que estos la pasan bomba y yo acá, maldita y abandonada de Dios, pronta para ser aborrecida por la especie humana a lo largo de la historia. Pero no, no señor, esto no se queda así. Le voy a decir a la mujer que coma nomás del árbol de la sabiduría y que se haga importante. Así, además de darle el conocimiento acerca de lo bueno y lo malo, que dicho sea de paso es uno de los conocimientos más terribles, la enemisto con Dios y después me escabullo. Eso pensaba la víbora. Pero le salió mal el negocio, porque la mujer, además de comer ella, le dio a su esposo, el cándido de Adán, lo que no figuraba en los primeros planes. Dios, que acostumbraba a estirar las tabas entre los árboles del jardín, haciendo uso de su calidad de señor y creador todopoderoso, se dio cuenta de la falta de uno de sus frutos, y fue a pedirle explicaciones a Adán. Éste, al verse en falta, y no pudiendo aún mentir, porque la mentira no había sido convenientemente inventada, culpó a su mujer (costumbre que después la humanidad heredaría sin problemas) y ésta culpó a la serpiente. Y como no había más animales en la vuelta, la cosa quedó ahí. Eso sí: todos echados del Edén.” (Este autor agradece los permisos de los enciclopedistas autores de Anales de lo insólito para la cita de texto precedente.)
Efectismo, n. Afán de producir un gran efecto o de impresionar vivamente. Uno de los terribles males que asola la literatura universal. A modo de ejemplo, citaremos dos pasajes ilustrativos: 1) “Por el este, a la tempranera hora en que había sido anunciado por los celebérrimos astrónomos de su majestad imperial, el astro rey, luminoso oropel dorado y circular, dejó ver recortada su silueta en el más que lejano horizonte...” (traducción al lenguaje cotidiano: “salió el sol”); 2) “ella, haciendo omiso caso de sus artilugios para la conquista del sexo opuesto, cuya eficacia había sido probada con anterioridad en infinidad de ocasiones tan parecidas a esta que relatamos, negó a su acompañante el impúdico favor requerido...” (traducción: “ella le dijo que no”).
Ejecución, n. Método por el cual se asesina a un asesino por medio de alguien llamado verdugo que, al hacerlo, se convierte en la misma cosa que pretende castigar. Ya que estamos, justo es mencionar la ejecución más famosa de todos los tiempos (a alguien que ni siquiera había matado a nadie): la del Sr. Sócrates (cuando nombro a Sócrates siempre me acuerdo, aunque no tenga nada que ver, que una vez el expresidente Menem aseguró ante cámaras haber leído todos sus libros..., en fin, perdonen la digresión). Este (Sócrates digo, que no Menem, que todavía está vivito y coleando), la última mañana que vivió, al amanecer, recibió la visita de Critón, atento y rico discípulo dispuesto a pagar la huída del maestro si éste así lo consentía. No sólo no logró su cometido sino que recibió de su maestro una inolvidable lección de ética ciudadana que muchos uruguayos deberíamos tener presente. Y si no la tenemos a mano se la preguntamos a Menem, que la debe tener clarísima pues es la única persona conocida que ha leído los libros del famoso pensador griego que hasta entonces se consideraron inexistentes a través de largos siglos.