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DICCIONARIO DEL INÚTIL en febrero
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Elefante, n. Mamífero de estructura compleja, descendiente directo del Mamut, aunque un poco más cobarde, ya que suele presentar un incomprensible temor hacia los ratones, especie esta última que, si por algo se caracteriza, es por su incapacidad e ineficacia a la hora de matar elefantes. No es extraño, hoy en día, que los dueños de elefantes les entreguen como regalo a sus mascotas un lindo gato pardo entrenado en la caza de estos inoportunos roedores.
Embajador, n. pol. Aplícase a aquella persona que se dedica a representar a su país ante otro de determinada importancia o interés. En nuestro país no es necesario haber estudiado nada para este tipo de trabajo. Te lo dan por confianza política. Este cronista desea aquí hacer mención de la destacada actuación de nuestro embajador en la República de Turdekistán, el Sr. Ramón Marconi, quien se desempeña en su función desde hace casi diez años (al parecer fue el único funcionario internacional que pudo ubicar en el mapa a Turdekistán después de varios intentos, y quedó). El dignatario mencionado, se vio envuelto en la crisis diplomática de nuestro país con aquella república por el problema de los cambios en la reglamentación de la aduana en lo que tiene que ver con la exportación de ratones vivos que le realizamos todos los años (querían ampliar el tiempo de la cuarentena, o algo así) y que ellos utilizan como método disuasivo para que los elefantes indios no les entren a los cultivos de arroz. Gracias a la lucidez de nuestro embajador, cuando todo parecía ya perdido y se avizoraba en el horizonte la posibilidad de una guerra de proporciones apocalípticas entre estas dos potencias de Uruguay y Turdekistán, el tema se solucionó. Es más, ni siquiera salió a la prensa. Es más, apuesto lo que sea que a usted, amigo lector, jamás se le hubiera ocurrido que teníamos un embajador en Turdekistán. ¿Ha visto usted los beneficios de tener buena prensa escrita en su casa?
Embolado, adj. Dícese del toro al que, para que no dañe a nadie en la corrida, le han colocado una bola de goma o madera en la punta de cada uno de sus cuernos (estos españoles...). Al no poder cornear con la debida propiedad, el toro se aburre un poco, lo que refuerza el adjetivo.
Emborrachacabras, n. Bot. Planta que suele encontrarse en los bordes de rutas y caminos, de fruto negro y venenoso, y hojas de un extraño verde oscuro. Su nombre deriva del efecto que produce la ingesta del mencionado fruto por el aludido mamífero, tras lo cual puede vérselo en actitudes impropias y de vergonzante inmadurez, que fue lo que seguramente hizo que los griegos asociaran a este animal al culto dionisiaco conectado con el vino. Yo sé que algunas definiciones parecen adornadas o traídas de los pelos, pero debe el lector tener presente que tras cada vocablo definido existe una permanente búsqueda de fuentes y una no menos importante labor de investigación científica. Y a veces algo de licor.
Embotellamiento, n. Fenómeno correspondiente al tránsito vehicular mediante el cual una gran cantidad de autos, camiones y demás, quedan atravesados y se trancan unos a otros. En Nuestra ciudad han sucedido grandes embotellamientos, pero no los días de trabajo a horas pico, como en los países adelantados, sino generalmente los domingos de tardecita, cuando todos los propietarios de vehículos del departamento salen a cumplir con el ritual de las tres vueltas a la plaza.
Embrutecer, v. Entorpecer y casi privar a uno de la razón. Esto puede lograrse mediante el aislamiento de determinado individuo del resto de la sociedad, la negación de los estímulos tempranos correspondientes, y, en algunos casos, la oportuna y obligatoria exposición a las influencias del sistema educativo.
Emetocatártico, adj. Dícese del medicamento que es vomitivo y purgante a la vez. Cosa de mandinga.
Enjambre, n. Para entender lo que es y lo que hace un enjambre, el autor de estas líneas propone a usted, amigo lector, la siguiente experiencia: consígase una media docena de buenas piedras del tamaño de un puño. Haga una visita a algún campo de algún conocido y, en cuanto aviste una colmena o un camoatí, láncele con fuerza las piedras que ha conseguido. Acto seguido, espere. Pronto sabrá la definición de esta palabra.
Entusiasmo, n. Estado de ánimo que usualmente acomete al individuo al comienzo de una cosa (empleo, carrera, estudio, noviazgo), pero que después irá diluyéndose ante la presencia constante de una señora muy complicada llamada realidad.
Entusiasta, adj. Dícese de aquella persona que aún conserva ciertas dosis de optimismo ante los estímulos que recibe del exterior. Siempre se ha contado de la existencia de los eternos entusiastas, una subespecie del ser humano caracterizada por su elevada presencia de ánimo. Un día un hombre que vivía en lo alto de una montaña decidió enviar a su hijo a que buscara el país de estos eternos entusiastas y no regresara hasta encontrarlo. Obediente, el hijo bajó de la montaña y comenzó su búsqueda. Preguntaba invariablemente en cada poblado, región, continente o país, y nunca recibía la respuesta que estaba esperando. Siempre le decían “es más al norte, más al sur, cruzando el mar, trasponiendo esa selva”, pero nunca los encontraba. Parecía que el destino le jugaba una mala pasada, pero él seguía adelante, como si lo guiara una extrema certidumbre. Un día en que el derrotero impuesto por la providencia lo llevó de regreso hacia su montaña, decidió volver con su padre. Éste, que había muerto varios años antes, le había dejado una carta: “Ya no busques, hijo. Tú eres el eterno entusiasta.”
Envergar, v. Alto. Stop. Que no se le vaya la cabeza tras oscuros pensamientos. No es lo usted cree. No sea grosero. Es simplemente amarrar las velas de una embarcación a unas especies de “perchas” que las sostendrán hasta que sean desplegadas. Estas “perchas” tienen un nombre muy particular del cual deriva el vocablo que se define aquí. Lo invito a adivinarlo.