San José, Sábado 4 de Febrero del 2012, 11:43


Fútbol, facebook y periodistas
Pedro Peña
Fútbol, facebook y periodistas

INTRO. No me interesa en lo más mínimo el fútbol de San José, aunque ocasionalmente leo lo que se publica al respecto en los distintos medios. Por otro lado, sí me interesan ciertos fenómenos que han tenido una reciente repercusión en la opinión pública del departamento y que merecen pasar a un nivel de análisis superior al que generalmente se les otorga. Hay que entender en el mundo que nos movemos, y ése es nuestro objetivo.

PERIODISTAS. El más puro azar me llevó a que la mañana del jueves me encontrara en un lugar donde estaban escuchando al periodista Gerardo Viña, por quien tengo cierta estima intelectual (al igual que por su compañero Diego Ruiz). Viña hacía referencia a los problemas suscitados en la selección acerca de una publicación de ese mismo día en el Primera Hora. Enfatizaba una idea que me pareció fundamental: el periodismo se hace con honestidad, informando desde el rigor objetivo y diciendo lo que se tiene que decir aunque uno presuma que lo que vendrá no será otra cosa que un problema. Desde este perfil ético, y esto es una opinión mía, la nota periodística publicada por Piñeyro no puede ser atacada de la forma en que lo ha sido. Sinceramente no veo absolutamente nada reprochable en lo que el periodista hace. Sabe algo y tiene el deber moral de hacerlo saber a todos lo que confían en él como agente que mediatiza de la información. Lo éticamente reprochable hubiera sido quedarse sin decir nada sabiendo las cosas.
Todo lo anterior habla de una postura cuasi-ideológica con respecto a la cuestión. Piñeyro ha trabajado muco tiempo en el periodismo deportivo y seguramente ha tenido ocasión de reflexionar sobre su labor. Pero, y no crean que no me duele decirlo, en el marco del periodismo deportivo de esta ciudad (sólo con la excepción de los dos mencionados arriba, Viña y Ruiz, a años luz de cualquier otro), aquellos periodistas que eligen el medio escrito o audiovisual (y son muchos), en términos del uso del lenguaje son casi siempre negligentes. Basta leer la cantidad enorme, enorme, de desaciertos lingüísticos, gramaticales y sintácticos de estas notas. ¿Qué subyace detrás de esto? Bueno… lamento decirlo pero para eso sólo hay una palabra: mediocridad. Y agrego otra expresión: falta de preocupación, ciertamente falta de respeto por el que está del otro lado, leyendo o mirando, y que tiene que tragarse ese lenguaje farragoso. No basta con haber sido del fútbol toda la vida para escribir sobre fútbol. Primero hay que saber escribir. Incluso hay que saber hablar. Porque si en el fútbol hay “códigos”, en la cuestión escrita también los hay. (Vamos a ser justos: este palo no es para Piñeyro, que es de los más prolijos aunque en ocasiones se le deslice algún error).

FACEBOOK. El problema objeto de la nota de Piñeyro fueron ciertas expresiones de conocidos futbolistas sobre su técnico en un canal de comunicación por internet llamado Facebook, en extremo popular por estos días. Desde mi punto de vista, existe una falsa percepción del fenómeno Facebook a nivel general. Por ejemplo, uno tiende a pensar que los futbolistas no escribieron esas cosas pensando en ser leídos por alguien que después los denunciaría. Es decir, pensaban que de alguna manera estaban a cubierto de posibles indiscreciones posteriores y se confiaron. De cierta manera, y esto es lo grave, el Facebook funcionó como una suerte de mecanismo que les permitió dejar plasmado lo que realmente pensaban sin tener que regular ese pensamiento ni bajarlo de revoluciones. Eso, en la vida cotidiana, en la calle, en los comercios, escuelas, liceos, no ocurre. En los lugares mencionados uno siempre está midiendo y regulando lo que va a decir entre otras cosas para no tener problemas. ¿Cuántas veces un alumno pensará en su interior cosas horribles de su profesor? Miles. Sin embargo muy raras veces esas cosas son dichas porque antes son medidas por la conciencia, que todo el tiempo evalúa riesgos y beneficios. En este caso, el Facebook y su falsa ilusión de privacidad provocaron el desboque de los deportistas, así como han provocado otras situaciones abusivas que en un terreno normal no se hubieran producido.
Claro que nada de esto es disculpa para los futbolistas. Lamentablemente para ellos su pensamiento tal cual es ha quedado al desnudo, en estado público, así como también su impericia para proceder en sociedad o para manejar un lenguaje mínimamente bien escrito. Porque esa es otra cosa: ¡qué mal escriben estos muchachos!

FUTBOLISTAS. A pesar de lo inmediatamente anterior, debo afirmar con todas mis energías que cuando uno ve un futbolista en realidad está viendo a una persona inteligente. Ustedes se preguntarán cómo, expresándose con esa vulgaridad (quiero destacar que uno de ellos, de apellido Rebollo, me pareció de una nobleza y hombría de bien singulares, así que lo saco de en medio, y también saco de en medio a muchos hombres de fútbol a los que respeto por su caballerosidad, lectores usuales de esta contratapa), escribiendo y hablando tan mal, digo que son personas inteligentes… La clave está en la teoría de las inteligencias múltiples que dictamina que hay varios tipos de inteligencia como la musical, la lingüística, la corporal, la aplicada a los números, la emocional, etc., etc. Un futbolista, claro está, posee un desarrollo, natural o trabajado explícitamente, de la inteligencia corporal, espacial, que le permite realizar una serie de movimientos coordinados con tal suficiencia que a una persona común les resultarían prácticamente imposibles. Desde otra perspectiva, si a este cronista le dieran una pelota de fútbol y le dijeran que tiene que meter un gol dribleando a varios rivales, su inteligencia corporal no le permitiría realizarlo y sería objeto de las más cruentas burlas. Por eso no se dedica al fútbol quien esto escribe, sino precisamente a escribir.
Lo otro que es seriamente preocupante son algunas cuestiones implícitas en el pensamiento de estos futbolistas sobre ciertos fenómenos sociales como la homosexualidad (y aquí, aclaro, habla un heterosexual). Ese parece ser un código del ambiente, claro, pero si es así estamos en un ambiente ciertamente intolerante y muy poco comprensivo con las diferencias. Vamos al grano: en cierta parte de las críticas hacia el técnico en cuestión se lo acusa de “mamón” o “mamadera”. Este lenguaje metafórico, simbólico, remite al hecho concreto de la felación, es decir, el sexo oral que se ejerce sobre el pene del hombre como estimulación. Cuando un varón realiza esto sobre otro varón estamos en presencia clara de una relación homosexual, lo que en sí no debería ser reprochable para nadie pues cada uno construye su destino. Pues bien, en eso del “mamón” y de la “mamadera” hay implícita una postura discriminatoria, insultante, hacia quienes son distintos. Y eso no es sólo mala educación… Es haber vivido poco para pensar bien en lo que se dice.









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