San José, Martes 7 de Febrero del 2012, 20:51


Ojos que ven, corazón que siente
Diego Maga
Ojos que ven, corazón que siente

Los ojos que ves, no son ojos porque los veas, son ojos porque te ven. Es lo que sentí en una muestra fotográfica que te mira. Así es: fui a verla y salí con la sensación de ser observado por los protagonistas de cada fotografía. Un ejercicio de contemplación en el que intervienen las profundas miradas de los fotografiados, el “tercer ojo” de la cámara y la visión de nosotros: los testigos de la exposición.

Una exposición fotográfica en la que, instantáneamente, pasé de observador a observado. Solo me bastó ojear las tres primeras imágenes para experimentar lo que el poeta Antonio Machado tradujo en palabras: “los ojos que ves, no son ojos porque tú los veas, son ojos porque te ven”.
Fue como asistir a un profundo ejercicio de observación. Ante cada fotografía, la mirada de quien contempla no tarda en cruzarse con la del fotografiado. Un fotografiado que desde la imagen enmarcada nos reclama levantar la vista para “ver” el mundo que no vemos… O no queremos ver. Un mundo que nos “mira a los ojos”. Un mundo que nos pregunta: “¿por qué?”
Un mundo retratado por el “tercer ojo” de Javier Bauluz en más de veinte fotografías en blanco y negro. La colección de fotos de este “Premio Pulitzer” español lleva por título “Noticias de los nadies: cuando las cifras son humanos” y registra el desamparo de aquellos pueblos centroamericanos y africanos que la miopía (o ceguera) neoliberal insiste en ignorar. De ese mismo planeta en que los ricos aprenden a sumar y los pobres a restar. En que la publicidad exige desear y la economía prohíbe comprar. Un planeta en el que muchos tienen que querer y pocos que poder. Planeta de “todo o nada”. De injusticias.
La obra del prestigioso fotógrafo español (que se expone en el Espacio Cultural), denuncia desde el “impacto visual”. Los retratados son aquellos que jamás son “vistos” por quienes rigen los destinos económicos globales.
La primera imagen –descarnadamente- remite a la muerte, una muerte que (explícita o sutilmente) sobrevuela buena parte de la muestra. Luego, una señora entrada en años (en chancletas y sobre piso de tierra), es la encarnación misma del desamparo y la resignación. Sola con su soledad.
El retrato siguiente, devuelve un poco de humanidad entre tanto desencanto: cuatro brazos se confunden en un emotivo abrazo. Y en ese gesto afectuoso, el único rostro que se aprecia es el de una niña sonriente que (al menos por unos segundos) nos convence de que todavía queda lugar para el amor.
Más esperanza y futuro llegan con nueve niños (de entre 2 y 9 años) que contemplan asombrados los caprichosos zigzagueos de un trompo. Demostrándonos que, aún en barrios marginados y peligrosos, el juego sobrevive junto a la gente.
La escena siguiente nos devuelve el tono agridulce, con un chiquilín desconcertado en medio de un inmenso basural. Parece buscar esa niñez e inocencia perdida (o sepultada) entre los desperdicios de quienes “sí tienen”.
Unos pasos más adelante, aparece en primerísimo primer plano el rostro de una nenita preciosa de unos dos años. De cachetes sucios y estirando su chicle, nos mira inmóvil con sus ojitos húmedos y uno no puede evitar sentirse un poco culpable de esta “maquinaria de injusticias” en que vivimos.
Una doctora tomando la fiebre de una bebita (con el pañal a medio poner), nos lleva a pensar que “la preocupación” es posible aún en tiempos de “no te metas”.
Unos chiquitos durmiendo sobre un colchón sucio tirado en el piso, nos recuerdan que todos los gurises tienen derecho a soñar.
Unas adolescentes, aparentemente en un aula de clases, inducen a confiar que la educación es la única vía para humanizar una realidad tan inhumana.
Una embarazada, en pleno trabajo de partos, es señal de futuro. Mientras que un niño se baña solo (arrojándose agua desde un pequeño recipiente) y –en esos segundos- es feliz… Tan feliz como un grupo de chiquitos posando para Bauluz con dientes bien blancos y sonrisa de oreja a oreja. Deslizando una buena reflexión para el último “clic”: hemos perdido mucho, pero entre lo poco que nos queda, está la felicidad. Esa que, justamente, no tiene precio…

Noticias de los nadies

Nacido en España, Javier Bauluz (1960) ha recorrido el mundo ejerciendo el periodismo cámara en mano (tiempo atrás estuvo en Uruguay registrando la instrumentación del “Plan Ceibal”) y comunicando, desde la imagen, la realidad sociocultural de un sin fin de países. Una realidad que suele ser el alma de su arte fotográfico.
Bauluz es el único fotoperiodista de aquel país europeo que fue distinguido con el prestigioso “Premio Pulitzer”.
La colección de fotos presentada en San José lleva por título “Noticias de los nadies: cuando las cifras son humanos” y registra la vida desvalida de varios países centroamericanos y africanos. Imágenes contundentes, de fuerte impacto visual, que ayudan a conocer la injusticia infinita de los pueblos explotados y siempre postergados. La exposición se anuncia como “un viaje que parte de una situación o de un personaje determinado para sumirnos en lo que nos hace humanos: el dolor, la alegría, el miedo, la valentía, la injusticia, la resistencia.”
La muestra estará abierta hasta el 18 de julio y puede visitarse de lunes a jueves de 10:00 a 18:00 horas y de viernes a domingos de 18:00 a 21:00.
La misma proviene del Centro Cultual Español y es organizada por la Secretaría de Cultura de la Intendencia.









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