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Molina Foix: “El lector es un director de cine en potencia”
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Un cineasta con todas las letras o un escritor de película, llámelo como quiera. Lo cierto es que, atendiendo a sus inquietudes expresivas, este hombre se ha movido con soltura por los campos de la literatura y el cine. Una razón lo suficientemente tentadora para trazar una entrevista que funcione como puente entre estos mundos…
Dos mundos que para muchos son incompatibles pero en Vicente Molina Foix conviven en perfecta armonía.
El renombrado novelista e incipiente cineasta español pasó ayer por San José (dio una conferencia en el Espacio Cultural) y reflexionó sobre sus dos pasiones para PH.
¿Tiene algo de distinto el cine de un director que proviene de la literatura?
“A mí me gustaría pensar que no. Yo quisiera que jamás me dijeran que soy un cineasta literario porque si hago cine es para realizar algo que sólo tenga justificación y sentido como relato en imágenes. De lo contario, lo haría en novela que es menos fatigoso y más barato que filmar una película.”
¿Por qué razón cuando leemos un libro y después vemos su versión cinematográfica -generalmente- quedamos decepcionados?
“Porque todo lector es un director de cine en potencia.” (Risas) “Entonces, cuando uno va al cine a ver una novela querida ya entra con la película hecha en su cabeza. Y esto ocurre porque la literatura, por eso es tan apasionante, te permite imaginarlo todo. La lectura es un acto pausado, en el que tu relees, recapacitas, piensas e imaginas.”
¿Y el cine no estimula la imaginación?
“El cine deja menos papel para la imaginación porque la imagen ya es tan patente, tan viva, que te lo da todo. Por ello, mientras una película nos deja ver a Nicole Kidman, la literatura nos ofrece una “Madame Bovary” que no tiene cara. Aunque (Gustave) Flaubert describa muy bien su vestido, actitudes, pensamientos y fantasías, el personaje literario tiene más que ver con el acompañamiento que le da el lector.”
Quiere decir, entonces, que nuestra participación cuando leemos un libro es más activa que cuando vemos una película…
“En el cine el espectador es más pasivo, incluso en aquellas películas de autor que incitan a pensar.”
De modo que considera al cine como un ejercicio de contemplación más que de imaginación…
“Exactamente, porque cuando el actor es bueno nos lo da todo. No hay necesidad de que agregues nada a la historia. Y esa decepción de la que tu hablas, se produce porque el lector va al cine y descubre que el actor no se parece al personaje del libro que leyó o que la casa en que vive no es la que imaginó. Por eso, para que la versión cinematográfica de una obra literaria funcione, el cine tiene que traicionar a la novela. De lo contrario, no vale la pena.”
¿A qué se refiere con “traicionar”?
“Me refiero a adaptaciones libres como la de la última película de
(Stanley) Kubrick.”
¿”Ojos bien cerrados”?
“Así es… Esta última película que filmó es una adaptación de una novela corta del escritor austriaco (Arthur) Schnitzler y pasa del 1900 al 2000. Es una versión cinematográfica tan libre que es casi una traición; sin embargo, la historia que cuenta Kubrick tiene tanta consistencia que acaba siendo enormemente fiel al espíritu del libro original.”
¿Y usted “traicionaría” una novela suya en el cine?
“No, no...” (Risas) “Yo traicionaría la de otro escritor y prefiero que los demás directores traicionen mis novelas.” (Más risas) “Y ya que hablamos de traición, hay películas que no son para nada traicioneras; por el contrario, son extremadamente fieles al libro original y por más buena que sea la novela en la que se basan, son muy malas. A partir de un texto literario, el director no consigue crear una obra de arte en sí misma.”
Con frecuencia se repite que el cine de “Hollywood” es superficial mientras que el europeo es profundo, ¿la división es tan así?
“Se ha dicho sí… Pero eso sólo lo decían los europeos.” (Sonríe) “Era únicamente una opinión interesada. No creo que sea así. Yo, que comencé como crítico de cine, me crié en una escuela de pensamiento que se tomaba muy en serio a la cinematografía americana. Si bien en los Estados Unidos hay películas superficiales también hay grandes directores como John Ford, (Alfred) Hitchcock, Howard Hawks, Arthur Penn, Elia Kazan y otros contemporáneos como Woody Allen o Paul Thomas Anderson.”
Y aunque esta relación entre profundidad y superficialidad no sea cierta, ¿el cine europeo y el estadounidense tienen tiempos y lenguajes expresivos distintos?
“Hay un tipo de cine que se asocia con el europeo, sobre todo con el francés, que es más pausado y hablado. Pero esto no quiere decir que sea más profundo que el estadounidense.”
“El dios de madera”, su última película
Un director con todas las letras
El multifacético Vicente Molina Foix (poeta, novelista, crítico de cine y televisión, traductor de Shakespeare, cineasta, guionista y docente) dirigió su primera película en 2001. El director español debutó en la pantalla grande con la tragicomedia “Sagitario” y tuvo que esperar a este año para dirigir su segundo largometraje: “El dios de madera”. La historia (escrita también por él y protagonizada por la actriz Marisa Paredes) gira entorno a la inmigración ilegal en España. Un drama de sentimientos encontrados, que va del amor al desengaño; una trama que no elude reflexionar sobre el entendimiento cultural y cruza a los cuatro personajes centrales en la ciudad de Valencia: “yo diría que es una pequeña fábula moral sobre la figura del otro, sobre cómo vemos a los demás. En este caso, se trata de una visión de los inmigrantes, que en España han llegado por millones y de cómo ellos nos ven a nosotros, los españoles. Es una reflexión de miradas. Llena de matices, imágenes e ideas poéticas”, nos comentó Molina Foix en una charla de café antes de dictar su conferencia.