Primera Hora

En emotiva despedida Abel Soria fue recordado como “un amigo del pueblo”

Abel Soria fue recordado como “un amigo del pueblo” y “un maestro de la anécdota” en el sepelio realizado ayer de tarde en el cementerio de San José. El poeta falleció en forma repentina en la madrugada del domingo. Su muerte provocó congoja y generó un profundo reconocimiento.

En una tarde fría y con lluvia, Soria recibió el último adiós y el reconocimiento a su aporte a la comunidad. El polifacético referente de la cultura nacional falleció el domingo de madrugada en su domicilio tras sufrir un infarto. El poeta se preparaba para iniciar una gira de presentación de un nuevo libro y el sábado al mediodía había concurrido al coloquio de Otorrinolaringología, deleitando con sus versos a los participantes del evento médico. Soria tenía 79 años (nació el 16 de enero de 1937) y era maragato por adopción, ya que nació en Los Cerrillos, departamento de Canelones.
El poeta, payador, dibujante, comunicador y enfermero fue despedido con un cerrado aplauso y varios amigos le recordaron. Fernando Rius habló a pedido de la familia y repasó las diversas facetas de Abel. Recordó la casa familiar de la calle Ruperto Pérez Martínez (en el barrio Las Palmas), “una casa de ventanas y puertas abiertas al mundo”.
“Era un padre, para todos fue un padre, todos somos Abel. En San José y en otros parajes de nuestro país hizo sentir su voz grave, acentada. Nos enseñó el difícil oficio de la décima, una estructura de diez versos octosílabos de rimas consonantes”, agregó. Rius definió la obra de Soria como “una especia de observatorio antropológico” sobre “buena parte del caudal de nuestra costumbres que muchas veces los tratados de sociología y de historia no recogen”.
El licenciado y docente aseguró que Soria sabía cultivar la metáfora “como pocos” y relató una anécdota para demostrar la capacidad que tenía para aunar la tradición clásica de hace 20 siglos y el terruño. “En una de sus vueltas por Cerrillos pasó por el boliche, obligado, y dos parroquianos que allí estaban en copas ven al maestro y lo llaman para que diera una explicación sobre qué es la metáfora. Entonces, Abel -viendo que la conversación se iba a poner espesa por el estado de los contertulios- ensayó una definición como para terminar todo de forma muy expeditiva”, comentó. El poeta le dijo a los paisanos que la metáfora es “un tropo literario, una figura retórica ya analizada en la tradición aristotélica y que consiste en una comparación tácita cuyos núcleos semánticos cuando son múltiples suelen llamarse alegoría”. Luego de escuchar a Abel, uno le dijo al otro: “viste, porfiado”.
Rius lo definió como “un maestro de la anécdota” y remarcó que se trata de “un género literario que suele ser despreciado, ninguneado”. Destacó que Abel “elevaba la estatura de lo anecdótico a la altura de las más altas realizaciones de otros géneros” y lamentó que ese aspecto “no está registrado en la medida en que debería estarlo”. En este sentido, Rius reclamó un reconocimiento de la crítica uruguaya de la labor poética y literaria de Soria. “Le hablaba a la paisanada de Homero y de Virgilio como si le estuviera hablando del salchichón casero”, afirmó.

“Un grande”. El oficio religioso también recogió las principales facetas de Soria. Ruben Bidart, laico de la Iglesia Católica, llamó a tener presente el legado del cantor. “Poeta, payador, amigo del pueblo. Estamos despidiendo a un hombre grande que San José adoptó como hijo. Se ha ido, pero nos dejó muchas cosas a los maragatos”, agregó. Bidart también se refirió a la faceta humanitaria de Soria vinculada a la salud. “No tenemos que olvidarnos del otro Abel, el enfermero. Ayudó a muchos a aliviar y a curar; recitaba para tenerlos contentos”, comentó en la ceremonia que precedió la sepultura…