Un escocés en una esquina de San José

Entrevista Diego Casco

Liam Niko Vercobich tiene 33 años, y hace cerca de tres meses llegó a San José para desplegar todas las tardes su mezcla de Kung Fu con escobero, en el semáforo de Herrera y Artigas. Escocés de nacimiento, llegó a Uruguay con siete años. Ha viajado, vivió en varias ciudades de Brasil además de Uruguay y define a San José como “una gran familia, donde todos se conocen”.

– ¿De donde venís y cómo se llama lo que hacés acá?
– Viajé mucho tiempo, pero ahora frené porque tengo un hijo. Antes de estar acá en San José venía de Brasil, hice varias ciudades en la costa hasta llegar a Uruguay haciendo semáforo. Lo que hago son artes marciales, las mezclo con el escobero uruguayo y sale eso. Vendría a ser un estilo propio, un poco más aerodinámico y eficaz que el King Fu tradicional. Acá juega el tiempo, los reflejos, la resistencia, la agilidad. Todo eso es lo que ejercemos en nuestros cuerpos para que eso salga.

– Incluso elaborás un personaje, te pintás la cara
– Si. Varío el humor. De brasil traje un personaje que hice propio que se llama Curinga, que vendría a ser como un bufón o joker. Al principio cuando empecé sacaba todos los colores pero de a poco la gente me fue retirando el color.

– ¿Cómo has visto la respuesta de la gente acá en San José?
– La gente es re macanuda. Vas a escuchar un montón de comentarios y a lo largo del día me cruzo con un montón de gente. Lo bueno de este trabajo es que aprendes a apreciar a la gente en esa ráfaga que son los 45 segundos. Yo uso ese tiempo para hacer mi trabajo y ver la reacción de la gente. Tenés los que están como aburridos de verte, o los que se admiran de verte y también los que te dan para adelante y te dicen vamo arriba flaco. Pero las reacciones son más positivas que negativas.

– ¿Cómo son las negativas?
No doy pelota, porque yo vivo de lo que hago acá. Si yo me doy el lujo de tener un roce con alguien perjudico el día de mañana mi trabajo acá. Prefiero que digan que soy un tipo callado y hago lo mio a que digan este es otro loco más, un desadaptado.

– En esta esquina hay más gente haciendo malabares a veces
Me he encontrado con todo tipo de historias. Acá vienen chicos colombianos a veces, que se ve que se están quedando acá en San José.

– ¿Cómo definís tu actividad?
Lo que uno hace es demostrar habilidades que uno tiene pero que otro no y ni piensa tener, o no las explota por estar en una rutina determinada. Nosotros por no tener una rutina, por estar difícil el trabajo nos vemos obligados a mostrar algo, generar eso sin pedir, sin robar, dar algo por algo, y si no dan nada igual me alegro. Yo a veces me conformo con un aplauso o un niño que cuando arranca está en el asiento de atrás y cuando terminás se pasó para el asiento de adelante. Trato de ser como
una figura de acción para los niños, a veces entienden un poco más los niños que los adultos.

– ¿Cómo ves el trabajo que hacés acá?
– Lo que hago acá en el semáforo es como un trabajo para mi. Al principio lo ves como un arte pero después cuando no hay otra solución u otra forma de ganarte el sustento. Para mi a falta de laburo buenos son los malabares. He tratado de buscar trabajo por todos lados y está cruel la cosa.

– ¿Pensás volver a Escocia en algún momento?
– No creo, y menos ahora teniendo un hijo. Yo teniendo un trabajo encajo en la vida en sociedad, hoy soy diferente porque hago malabares en el semáforo, pero si me pongo una rutina social yo automáticamente desaparezco, paso a ser el que antes estaba en el semáforo. En lo laboral hago lo que se presente, soy un guerrero.

– ¿Cómo es esto en la parte económica?
– Lo que saco de acá me da para comer, para las necesidad básicas digamos. Ya para otras cosas no te da. Igual tengo una rutina, vengo para acá, estoy unas tres o cuatro horas, después me compro algo para comer, cambio las monedas en otro lado, voy para la casa de un amigo que es donde me estoy quedando y se terminó la jornada.

– ¿Qué pasa si no llegás a la plata?
– A veces te cansa un poco ese estrés. Que pasan las horas y ves que no llegás a la plata. Ahí lo que te queda es darle con más pasión, sacar esa chispa dentro de uno para cautivar a la gente. Lleva delicadeza, educación.

– ¿Te quedarías a vivir acá?
– Ya estuve viviendo acá hace como cuatro años. Pero tendría que tener mis comodidades propias y acá es medio difícil ese tema. Por suerte siempre hay alguna carpa o alguna mano amiga que te deja llegar.

– ¿De que manera definís a San José?
– San José es como una familia grande, se conocen todos. Desde el 28 de diciembre que estoy acá he visto eso. Desde el día que llegué he estado en este mismo semáforo y el día que me vaya le voy a dejar una pancarta de lado a lado, dándole las gracias a toda la gente que me ayudó, cuando veas ese cartel vas a ver que es mío.