Falta de RESPETO

Es evidente que pedir respeto faltando el respeto, llamar la atención sobre la violencia generando violencia, es algo que no tiene ni pies ni cabeza. Pero en este pensamiento del siglo XXI, a veces parece que reina la lógica de lo ilógico.

Usar las redes sociales y manifestarse en las calles son medios legítimos para expresarse, pero -como cualquier otro medio- puede desvirtuarse si se usa mal. Hay que tener cuidado que no terminen funcionando como los lobbies de poderosos grupos de presión. Esto es, una minoría es la que logra imponer sus postulados y generar agenda.

Los lamentables hechos de violencia contra la mujer que han sido noticia en los primeros meses del año y que se vienen repitiendo a lo largo de los últimos tiempos, llevaron a mucha gente en Uruguay a manifestarse repudiando los mismos. La multitud que se movilizó, demostrando estar sensibilizada en el tema, fue por demás contundente.

Pero, hay al menos tres aspectos que a mi juicio deben llamar a la reflexión. Uno de ellos es que algunos -los menos- aprovechan estas concentraciones populares masivas para “subirse al carro”. Para sacar rédito político electoral. Para usar como “cortina de humo” que lleve a hablar de otros temas y no de sus gestiones que -entre otras cosas- deberían controlar la violencia y generar acciones concretas que ayuden a solucionar esta extendida problemática.

Otro de los aspectos que entiendo debe considerarse, es que esta manifestación no fue motivada en su origen, por la inquietud de organizaciones locales. Fue organizada con amplio alcance internacional por grupos feministas de muchos países que padecen realidades diversas. Con una estructura detrás y una plataforma con un contenido ideológico político (se mencionaba expresamente una condena al sistema capitalista, entre otros puntos), que la enorme mayoría de los uruguayos que se manifestaron el pasado 8 de marzo, desconocían. Quizás algunos la comparten, me atrevo a pensar que muchos no.

Finalmente, muchas personas (la mayoría mujeres, por cierto), han sentido que varios hechos concretos que se dieron en ocasión de esta masiva congregación, no las representan. Esto por lo que decía al inicio: no es con violencia que se soluciona la violencia. Así, el lenguaje en carteles y cánticos o en pancartas, atacar directamente a colectivos religiosos, son manifestaciones que reproducen lo que –justamente- se estaba denunciando.

Nada de esto deslegitima de por sí la formidable manifestación por el día de la mujer, pero debe llamar la atención de las personas de buena voluntad que apoyan este tipo de causas. Cuando se habla de empoderar a la gente, a las mujeres específicamente en este caso, que no se venda gato por liebre. Que no se usen los genuinos sentimientos de indignación de la población para otros fines.

En mi última columna del pasado 1º de marzo, comenzando este mes de la mujer culminaba con un deseo que hoy siento la necesidad de reiterar: “Busquemos ser nosotras, todas las personas en nuestra gran variedad de realidades y sueños, las que actuemos ante las inequidades que ya mencionamos y otras más que somos conscientes existen. Pero no resaltando los aspectos que nos dividen, sino los que nos unen. Para así avanzar realmente hacia una sociedad más justa. Respetando nuestros desacuerdos y potenciando nuestras coincidencias. Sin que nos quieran forzar a igualarnos y pudiendo contar con las mismas posibilidades en nuestra diversidad. Que todas nos sintamos convocadas a esta tarea. Todas las personas por igual.”
Si bien por un lado me parecía imprescindible reflexionar con Uds. sobre los insucesos del pasado 8 de marzo, también creo importante rescatar un par de cuestiones antes de terminar esta nota. En primer lugar reiterar que la enorme manifestación de repudio contra la violencia doméstica es en sí misma un gran hecho positivo que esperemos se concrete en medidas para el combate de este mal social. Sin perder de vista que la mujer debe ser respetada como mujer, con iguales dignidad y derechos que el varón. Sin desconocer el papel complementario que ambos deben cumplir en la sociedad y en la familia base de su estructura.
También resaltar, los numerosos homenajes que mujeres –y también hombres- vienen efectuando con gestos de reafirmación positiva del imprescindible aporte que las mujeres hacen a la sociedad en el arte, la política, la cultura, el trabajo, etc. Desde este enfoque, se han dado varias acciones en este mes de marzo –me permito mencionar especialmente las que se vienen llevando adelante en nuestro departamento de San José-, que son una forma efectiva de lograr la reivindicación de las justas reclamaciones que las grandes mayorías quieren para nuestra sociedad.