Gladys Yanes

Hoy, en estas cosas de San José caminaremos de la mano de una joven de una mujer, a la que la muerte arrebató de nuestro suelo a muy temprana edad y, desde mi humilde opinión de una manera muy injusta. Sabido es que en la muerte no hay justicia que valga, pero… a veces, en la vida tampoco.

Gladys Elena Yanes Rijo, nació en San José un 12 de noviembre de 1947, hija de Patricio Yanes y María Rijo, Gladys vivió sus años de infancia en la Barrio industrial, en la calle Larriera Nº 608. En su humilde hogar compartió su vida con dos hermanos y una sobrina que sus padres criaron como una hija más. Concurrió a la escuela Nº 51, realizando el Liceo en el antes único Liceo Departamental. Más adelante en el tiempo la familia se muda a la calle Cándido Marín, siendo entonces el Barrio Las Palmas el que la ve a diario caminar sus calles.

Fue creciendo como una joven retraída, más bien tímida, que, tal vez, por su inclinación hacia el bienestar de los demás optó por ingresar a la Facultad de Ciencias Sociales, teniendo como objetivo primario ser Asistente Social.

Es probable que en este punto de nuestro encuentro algún lector se pueda estar preguntando qué es lo que la vida de esta muchacha, de esta joven haya adquirido una nota diferente con la vida de tantos y de cada uno de nosotros.

Gladys, además de ser estudiante de ciencias sociales, sintió la necesidad de encontrar un camino y comprometerse más con su vocación de futuro, es entonces cuando comienza a militar en el partido comunista. Les puedo asegurar y no les miento que en este momento en que escribo esta nota y me acerco a la vida de Gladys, al poner “comunista”, me he estremecido, tal vez ,porque mi historia familiar me avisa que ser joven y comunista en aquella época, no era una buena fórmula, y el final puede no ser del todo bueno.

Gladys comenzó su militancia como tantos otros jóvenes maragatos, uruguayos, en un momento de la historia de nuestro país en el que pensar diferente podría ser muy peligroso. Eso pareció no ser un obstáculo para esta joven militante de convicciones muy firmes y a veces hasta muy duras, que ocupó el cargo de dirigente de UJC.

Sin duda uno se imagina a estos jóvenes con deseos de tener un país diferente, leyendo mucho, compartiendo largas charlas ,intercambiando puntos de vista, tomando mate y con fondos musicales acordes a sus pensamientos: Grupo Vocal Universo, Jara, Los Quilapayún.

En el año 1970, por su compromiso político y su activa participación partidaria, Gladys es invitada a la Unión Soviética. Este viaje sin duda debe de haber sido una experiencia muy importante en la vida de esta joven en cuanto a ideología se refiere pero, significó un descubrimiento que signaría su vida: tenía un solo riñón y descubrieron una muy seria enfermedad renal. Es por eso que permanece más tiempo de lo previsto, ya que es internada en la Unión Soviética para estudios y para estabilizar su estado de salud. Este hecho es recibido por sus compañeros con gran sorpresa, ya que el único signo diferente que ellos notaban era la intensa palidez de Gladys.

Gladys retorna al país, con un diagnóstico de cuidado, su salud debía ser atendida, controlada efectivamente, su alimentación debía ser balanceada, de cualquier manera con estos cuidados y siguiendo de por vida un estricto tratamiento ella solo podría tener una mejor posibilidad de vivir. No era un simple resfrío, probablemente en estos días y con ese diagnóstico a Gladys la estarían dializando.

Como tantos otros jóvenes de nuestro país, de nuestro San José en el año 1975 a Gladys la llevan presa, con una enorme diferencia, ella era una joven enferma, con un estado de salud delicado y, con la necesidad de hacer un tratamiento imprescindible para no desestabilizar su condición. Por razones obvias ella fue una más, a nadie pareció importarle su débil estado. Atrás quedaron remedios, tratamiento, cuidados físicos y alimenticios.

La salud de Gladys periódicamente en prisión se resentía.

Un día de esos en los que se descompensó, como tantas veces, Gladys es llevada al Hospital, donde una joven estaba haciendo su internado, razón por la cual debió atenderla.

La Doctora Muñoz, “Marita”, luego de una minuciosa evaluación pidió para su paciente un tratamiento especial, mucho líquido, alimentación alejada de picantes o grasas, además de otras indicaciones, que no se cumplieron,… no tuvo eco. Dicen que esta joven doctora, que con el tiempo llegó a ser Ministra de Salud, intentó, a su manera y como pudo y dentro de sus posibilidades que alguien se hiciera dentro de la cárcel responsable de la salud de Gladys pero, una vez más… no tuvo eco. Sucedía que en aquel entonces lo que recetaba un médico debía autorizarlo un Comando, entonces, a veces se hacía el tratamiento y a veces no y, la salud de Gladys dependía de un sí o un no del encargado de turno que alejado estaba de su realidad de salud.

Cada familia, como podía, hacia llegar a sus presos, alimentos, abrigos, en fin, aquello, que pasaba la requisa y podía servir para aliviar las interminables horas de ausencias. La madre de Gladys, única persona de la familia con la que ella contaba afuera, estaba en una situación muy precaria, por lo tanto, “el paquete” que le llegaba cada quince días era conformada por distintas familias de amigos, de compañeros que se unían frente a esta situación. Nunca supimos lo que les llegaba a nuestros presos, nunca supimos cuántas veces después de ser tocados y manoseados llegaba el contenido de “el paquete” a sus manos. Nunca supimos cuántas veces leían nuestras cartas, cuánto se reían de nuestro afectos de nuestras confidencias. En un momento nos dolió, luego aprendimos a ignorarlos.

A propósito de cartas, comparto con ustedes una anécdota. Stella Alza era muy amiga de Gladys y, en la cartas le iba contando todo lo que pasaba dentro y fuera del ámbito familiar en el deseo de hacer más feliz su vida y hacerla sentir parte de algo. En una oportunidad, Nacho, el hijo de Anabela, había ganado una mención especial en un concurso de dibujo auspiciado por la OEA. Al ir a buscar el premio, a los primeros puestos les daban dólares y a las menciones unos libros muy lindos y marcadores multicolores para pintar. Cuentan que Nacho regresó feliz y decía: -“a unos les daban dólares y a mi estos preciosos libros”, orgulloso con su regalo. Cuando Stela le cuenta a Gladys este hecho, ella le envía una carta donde escribe:”me siento orgullosa de tener un “sobrino” que prefiera los libros en vez de los dólares”

La salud de Gladys no mejoraba, por el contrario, se resentía día a día, cuentan compañeras que compartieron con ella la cárcel, que las crisis eran muy fuertes, muy severas y muy dolorosas y que la impotencia se adueñaba de cada mujer en el celdario, era como constatar que se les iba muriendo de a poquitito.

Por alguna razón que no viene al caso analizar, a Gladys la dejan en libertad y Marta Muñoz la lleva a vivir con ella en el entendido que así podría recuperar su frágil salud .En realidad de a poco se notaron leves mejoras, lejos de de la crueldad de la cárcel y con cálidos cuidados, en el rostro transparente de Gladys comenzó a pintarse una momentánea paz. Empezó a trabajar en una fábrica, sonrió tímidamente pensando o sintiendo que a lo mejor la vida le estaba dando una oportunidad de vivir.

Pocos meses duró esta situación, ya que Gladys es nuevamente capturada y llevada a la cárcel de la que saldría sin vida un 12/9/80, tan sola como cuando entró a ella.

La muerte la vino a buscar, hacía años que la rondaba, que demandaba su presencia, hacía tiempo que se la quería llevar, a lo mejor para que dejara de sufrir, a lo mejor de porfiada nomás.

Gladys Castelvecchi de Arregui en un emotivo poema dedicado a Gladys revive de esta manera su último día:

“……………………………………………………………..

Agonizó toda esa noche –todas agonizaban-.

Se la llevaron al Hospital.

Antes de irse como un rengo terco,

se abrazó a cada compañera,

las abrazó y les dijo: “Me muero”.

Las mujeres se ajustaron manos, brazos, cojones.

Se prendieron a gritos a la reja

y, ellos tuvieron que decir: Murió.

Al alba se sacaban al tendedero

las ropas lavadas.

Cada sector el suyo y obligado el silencio.

Ese día las compañeras de Sector C,

juntaron y colgaron todas sus ropas negras

pulloveres, calzones medias y corpiños

y las demás supieron que había duelo.

……………………………………………………………”

Después de mucho tiempo Gladys regresò a San José. Ese día de su despedida son pocos los que se animan a acompañarla, aún el miedo calaba hondo en nuestra gente, aún hoy el recuerdo de ese día y de la vida de Gladys empaña las miradas de Anabela y de Zulma y provoca una inoportuna tos en mi hermano. Gracias a los tres por sus recuerdos, gracias por ayudarme a caminar hoy junto a ustedes de la mano de Gladys por estas Cosas de San José y, darle un lugar especial en este espacio, lugar que ni siquiera ha podido tener dentro de nuestro Cementerio.

Cecilia

(Columna publicada en la sección “Cosas de San José”, días sábado diario Primera Hora)