El gobierno uruguayo y Venezuela

En los últimos días el gobierno uruguayo ha reaccionado, y hasta con contundencia frente al agravamiento de la crisis venezolana, pero más que nada por el desplante del Presidente, Nicolás Maduro. Postura clara, pero tardía del gobierno uruguayo. Hasta no hace muchas semanas el propio Presidente, Tabaré Vázquez defendió que el régimen venezolano era una democracia por la formalidad de que funcionaban los tres poderes. Las formalidades republicanas no son menores, pero en realidad en Venezuela la separación de poderes es una parodia de república. Todos sabemos, que uno de esos poderes es un apéndice del Poder Ejecutivo y que, entre otras cosas, en Venezuela no existe la libertad de prensa y desde hace mucho tiempo hay presos políticos, dimensiones no menores en una democracia que se precie como tal. No alcanza entonces la formalidad de los “tres poderes” para completar una democracia cuando las violaciones a derechos básicos se vienen prolongando por años y han sido denunciadas reiteradamente. Pero esa ha sido la historia de la relación reciente de nuestro gobierno con Venezuela: defender lo indefendible. Hace años que Venezuela se viene despeñando hacia más y más autoritarismo, pero por razones de oportunidad algunas veces y política doméstica otras, nuestro gobierno ha apañado ese proceso y de alguna manera también ha contribuido a la legitimación de un régimen cargado de vicios, que no puede ocultar en una formalidad de pacotilla el desconocimiento de los valores sustantivos a la democracia.

Hoy el gobierno uruguayo parece haber despertado a la realidad y algunos de sus integrantes más destacados, como el ministro Danilo Astori. han salido a dejar bien sentada su posición, seguramente diciendo cosas que durante mucho tiempo reprimió. Está bien que hoy el gobierno uruguayo ponga las cosas en su lugar, pero debió hacerlo mucho antes y no recién cuando el Uruguay y su gobierno cayó bajo la diatriba habitual del presidente venezolano. Faltó convicción política en el momento en que debió demostrarse. Pero, como dice un dicho popular, más vale tarde que nunca.

Hoy que las cosas parecen estar bastante más claras, la misión de nuestro país no debe otra ser que la de respaldar un proceso de democratización en Venezuela. ¿Cual es el camino? Indudablemente que una diplomacia concertada para apuntalar, no la caída de un régimen, sino el respaldo de un diálogo que encauce la situación política de ese país. ¿Es la OEA la herramienta? No parece ser muy eficaz e inclusive el protagonismo del ex canciller uruguayo Luis Almagro es, a nuestro entender, una fuente de conflicto que no favorece la mediación. Venezuela demanda diálogo y eventualmente elecciones anticipadas, o un cronograma electoral acordado, creemos que necesario para descomprimir una situación que de lo contrario se encamina hacia un descontrol político y social de incalculable consecuencias. Es en esta hora y enancado en su mejor tradición, que Uruguay tiene mucho que ofrecer para colaborar a encaminar un proceso de reconstrucción de verdaderas libertades. Una democracia verdadera y estable en Venezuela no sólo es de justicia para su pueblo, sino que es vital para la estabilidad de nuestro continente.