El humor de traje y corbata

Ya nadie duda que su baja estatura es diametralmente opuesta a su talla como comediante. Diego Delgrossi es un pequeño hombre cuyo sentido del humor es gigante. Con su velocidad mental para encadenar desopilantes historias y su enorme aptitud para la imitación de voces, podemos comprobar en cada espectáculo que dentro de Delgrossi viven multitudes. Acompañado por esos “amigos” que lleva en su interior volverá a San José para protagonizar un nuevo unipersonal en el Macció.

Tras una serie de shows en Montevideo vuelve a girar por un país que conoce como pocos artistas. En estos tiempos de frío y gripe llevó sus ocurrencias al público montevideano con una advertencia: “compartir la risa puede ser contagioso”. Dispuestos a seguir expandiendo la “epidemia de carcajadas” lo esperamos en San José en el mes entrante. El viernes 14 de julio -a las 20:30 horas- estará presentando en el Macció “Delgrossi y sus amigos, un unipersonal”. Las entradas tendrán un valor de $ 400 pesos la Platea y $ 300 las Generales. Por reservas pueden comunicarse al 4342 2723.

Este será el retorno a un teatro donde se presenta con mucha frecuencia desde 2013. En estos últimos años agotó localidades convocando a más de 700 espectadores por función. Su más reciente actuación a sala llena se produjo la pasada temporada. Aquella vez confirmó nuevamente –por si hacía falta- que su baja estatura es diametralmente opuesta a su talla como comediante: “tengo un cuerpo de emergencia; el otro día un amigo mío necesitaba donantes de sangre y cuando llegué al hospital me preguntaron si iba a donar o a recibir”, dijo en la ocasión burlándose de su absurda contextura física. Algo que a nadie le importa puesto que hace más de 25 años que en televisión, teatro, cine y radio no hace otra cosa que probarnos que es un pequeño hombre cuyo sentido del humor es gigante.

Ese “altísimo” talento para hacer reír ha quedado más que evidenciado en sus presentaciones ante el público maragato ya que en sus shows de ‘stand up’ se planta solito ante la multitud y sin ninguna soga que pueda salvarlo. Pese a actuar desprovisto de cualquier cuerpo de baile o elemento escenográfico que sirva para disimular algún pozo creativo, Delgrossi no deja de ser el centro de atención encadenando monólogos cuyos certeros dardos a los vicios de la política, las taras sociales, las vivencias cotidianas con la pareja o los hijos y a su condición de petiso escuálido. Y por si toda esta vertiginosa cadena de situaciones desopilantes que nos cuenta fuera poco, remata el espectáculo con las esperadas imitaciones a líderes políticos, gobernantes y politólogos mediáticos que a veces parlotean solos y otras, debaten entre sí.

Es en estos epílogos donde hace gala de otra condición sorprendente que deja en claro que no alcanza con recrear la voz del imitado sino que es necesario adoptar su postura física y ponerse en su cabeza, razonar como ellos y emplear aquellas frases y palabras que más los identifican para convencernos de que todo el “zoológico político” caben en el diminuto cuerpo de Delgrossi.