“La Forma del Agua”: la humanidad de los monstruos y la monstruosidad de los humanos

Diego Maga
Diego Maga

Debo confesar que me llegó más visualmente que argumentalmente. No quiero decir que la historia sea superficial o mala sino que fue abordada por el cine en innumerables ocasiones. Que esté bien contada no quita que “La Forma del Agua” sea poco original. Quienes busquen originalidad en el relato de la reciente ganadora del “Oscar” a “Mejor Película” (que nuevamente se proyecta este jueves y viernes a las 20:00 en el “Movie Club”) seguramente se decepcionen.

En el corazón de su argumento late sin disimulo “La Bella y la Bestia”: clásico cuento de hadas de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve cuya primera versión se remonta a 1740. Una fábula que llegó a la gran pantalla por primera vez en 1945, con dirección del cineasta francés Jean Cocteau, y de la mano de los Estudios “Disney” en 1991 (adaptación que ganó la estatuilla dorada a “Mejor Largometraje Animado”) y 2017 (con actores de carne y hueso). Sin olvidarnos de que fue inspiración de otros icónicos filmes como “King Kong” (que entre 1933 y 2017 supo tener ocho versiones cinematográficas). La lista es mucho más amplia pero estos antecedentes sirven para ilustrar que no hay novedad alguna en lo que narra “La Forma del Agua”.

Donde aparece la mano maestra del director mexicano es en “la sinfonía visual” que monta para contar lo que tantas veces fue contado y que parezca nuevo. Desde la secuencia inicial (con una habitación inundada donde los espectadores espiamos el mundo acuático) Guillermo del Toro seduce las miradas. Consigue desde el arte, la iluminación y una económica utilización de efectos visuales, una sensación de extrañeza, de sutil melancolía, de que “algo malo está por suceder”.

Cautivando desde la imagen y el sonido (la banda sonora es tan buena como funcional al clima narrativo), del Toro “maquilla” su “Bella” y su “Bestia” y las convierte en una frágil, tímida, y solitaria chica muda (interpretada por la nominada Sally Hawkins) que se desempeña como limpiadora en unas instalaciones de alta seguridad del Gobierno Norteamericano (a principios de los años ’60) y una criatura anfibia (entre humanoide y pez) que es objeto de los estudios, la incomprensión y la crueldad de los científicos y militares que la arrancaron de las aguas del Amazonas.

Quien supervisa la investigación de este “monstruo” es un coronel sin escrúpulos (acaso hoy en día ¿hay un mejor villano que el actor Michael Shannon?; su talento para hacerse odiar por el público es soberbio) que lo quiere más muerto que vivo. Un siniestro plan que tambalea cuando este trío de “antihéroes” –en un lance propio de las “pelis de espionaje”- se interpone en su camino y lo desafía.

Para llegar a este punto de coraje extremo interviene la fuerza incontenible del amor que -por encima de cualquier prejuicio o barrera-, une a esta joven terrestre con este ser acuático cuando ella lo descubre curioseando entre unos tanques de un hangar; iniciando una relación que avanza sin prisa y sin pausa.

Es en el voltaje sexual de este vínculo donde “La Forma del Agua” se vuelve lo suficientemente transgresora, adulta y sugestiva como para tomar distancia de la inocencia infantil de “La Bella y la Bestia”.

Ante todo “La Forma del Agua” es un gran ejercicio de cinéfilo donde del Toro ofrece guiños a muchas de las películas que vio y fueron modelando su gusto por el “séptimo arte”. Producto de esta expresa cinefilia no es una producción cómoda de clasificar: la trama alterna elementos de “thriller se suspenso”, con una pizca de acción, romanticismo, “humor heavy” a lo Tarantino, pasos de comedia musical, erotismo y escenas herederas de la estética del cómic.

No obstante, esta variedad de géneros no enreda la madeja; del Toro entrega un “hilo conductor” claro donde consigue gran empatía con la protagonista y su mínimo círculo de amistades (una compañera de trabajo afroamericana y un vecino homosexual). Todos ellos viven un “sueño americano” que es la “pesadilla” de las minorías en tiempos en que las primeras batallas por las libertades civiles están por librarse.

La acción transcurre en el auge de la “Guerra Fría” donde lo “normal” es la paranoia antisoviética, las “cacerías de brujas”, el racismo, la xenofobia y el machismo y lo “raro” es que la gente sea libre de vivir y sentir como quiera y no como le digan.

En un presente donde todas estas problemáticas –lejos de estar saldadas- siguen motivando injusticias, crímenes y debates, del Toro se vale de la vieja fórmula de “La Bella y la Bestia” para hacernos reflexionar sobre la humanidad de los “monstruos” y la “monstruosidad” de los humanos. Algo tan válido como oportuno.

(ESTE JUEVES Y VIERNES EN EL MOVIE CLUB A LAS 22.00 HORAS)

TRAILER OFICIAL