La interna del Partido Nacional y sus consecuencias en el gobierno de la Intendencia

Como es sabido por estas horas se viene dilucidando la tensa situación interna del Partido Nacional que, tal como están planteadas las cosas, probablemente termine con una ruptura del acuerdo político entre las dos grandes corrientes nacionalistas del departamento. Describir como se ha llegado a este extremo sería redundante para los lectores informados que han seguido las crónicas de Primera Hora, aunque bueno es decir también que un justo análisis de las circunstancias no puede obviar causas que se ocultan a las apariencias y que es necesario poner en el tapete aunque más no sea someramente.

Indudablemente hay una discrepancia significativa entre el Intendente José Luis Falero y Alianza Nacional en cuanto a la situación de la Intendencia y a cómo gestionar la administración de los recursos. Eso es notorio y es legítimo que se exprese públicamente. Sin embargo no parece que eso sea un escollo tan insalvable si efectivamente existe voluntad política de superarlo de ambas partes. Opinamos que no es menor la incidencia que en esta ruptura está ejerciendo la variable electoral en la medida que la interna nacionalista comienza a dividir aguas, posicionando opciones que gradualmente se van perfilando con la intención de definir actitudes del cuerpo electoral en la opinión pública. Cada uno le pondrá nombres propios a estas incidencias, pero lo que parece indiscutible es que este factor es al menos una variable interviniente más en los hechos políticos que vienen ocurriendo por estas horas.

Tenemos sin embargo una fuente de preocupación que trasciende este episodio y se relaciona con las consecuencias del mismo. Una ruptura política en el acuerdo de gobierno departamental produce un nuevo escenario de un Intendente sin mayoría en la Junta Departamental cuando aún falta bastante tiempo para finalizar del período. Si bien es cierto que los grandes temas, como los relacionados con el Presupuesto ya han tenido una definición, también es real que hay dos años de gobierno por delante y que, seguramente, en ese tiempo aparecerán nuevas iniciativas. Existe un riesgo político de bloqueo legislativo y de ingresar en una dinámica de competencia electoral adelantada totalmente perniciosa para los intereses superiores del ciudadano del departamento. Esto causa incertidumbre y desconfianza en la población lo cual terminará afectando a la administración de múltiples maneras.

Somos de los que creemos que a la actual gestión del gobierno departamental le falta mucho para satisfacer las demandas de los vecinos del departamento. Pero también entendemos que no es justo con la ciudadanía, que la actuación de una administración se vea condicionada a la mitad de su período por errores políticos o por intereses ajenos al acto de gobernar y a las posibilidades reales de legítima y abierta negociación.

Es evidente que más allá de las palabras expuestas al público, en esta crisis ha faltado un diálogo real. Todo indica que ya es tarde. No se puede hacer política de acuerdos cuando se embreta o se descalifica al otro, excepto que se espere el resultado exactamente contrario a lo que se dice que se busca. Ahora sólo queda para el Intendente, la alternativa y el desafío de ensayar una nueva forma de relacionamiento político, que explore otras opciones y que eventualmente, dependiendo en buena forma de cómo ejerza el liderazgo, pueda abrir caminos que eviten la parálisis del gobierno departamental y capitalicen otras potencialidades que resulten en medidas beneficiosas para la gente.

Por el bien del departamento esperamos que prime la sensatez, la responsabilidad y una buena dosis de POLÍTICA, así, con mayúscula.

 

(Editorial publicado el martes 17/10)