Primera Hora

Las primeras frases

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento,el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Si hay para mí un comienzo emblemático es el de Cien años de soledad de Gabriel García Máquez. Ese comienzo me catapultó a la lectura de la novela y en medio de toda esa genealogía de la familia Buendía y sus venturas y desventuras y cuando llegué al final supe por qué esa frase era tan importante.

Hay una cantidad de ejemplos de comienzos de grandes escritores que han condensado en esa primera frase, todo lo que los personajes habrán de vivir en la novela. Uno se da cuenta de la ruptura que existe en aquel “Había una vez” de los cuentos infantiles y que por cierto sigue siendo emblemático para empezar a contar a los niños, sin precisar el tiempo exacto en que sucedieron las cosas.

Pero hay comienzos que denotan mucho más, y son aquellos que nos obligan a buscar datos y curiosear sobre nomres y lugares, tal vez fantásticos o lejanos. “…aquella tarde remota…” nos acerca a una imagen ambigüa si se quiere, porque sabemos que es una tarde, pero más que lejana en el tiempo, con esa palabra “remota” que tiene sabor a historias vetustas.

Me vinieron a la mente otros comienzos.

“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” comienza diciendo el narrador mexicano Juan Rulfo, dándonos pistas temporales tal vez más míticas que reales de un paisaje yermo y desolador tanto como el nombre Pedro Páramo y que sienta a las maravillas en esas historias agrietadas y secas como los personajes de la novela.

“Hoy ha muerto mamá” comienza diciendo El extranjero de Albert Camus, en un intento de atraparnos en el mundo existencialista de esa generación y provocando el impacto mayor posible para el lector.

Y no podemos olvidar aquel comienzo de La metamorfosis de Kafka “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

Todavía recuerdo la sensación de asco que me produjo la primera vez, antes de entender el mensaje terrible de esa frase.

Saramago, Onetti, Cervantes, no se quedan lejos…

No hablaré jamás de los finales de las novelas. Eso sería un sacrilegio.

Por supuesto me quedé corta con los ejemplos, pero desafío a los lectores a pensar en frases que nunca olvidarán y que resumen tal vez el contenido de una historia que quedó encerrada entre dos tapas.