Primera Hora

Las sociedades y los estados democráticos ante la malicia online

Las sociedades organizadas democráticamente tienen no sólo el derecho sino también la obligación de defenderse ante los avances de contenidos informativos que corroen el sistema de libertades y la la convivencia política y social. El debate está instalado en el mundo y Francia está haciendo punta con una iniciativa del presidente Emmanuel Macron para enfrentar las “fake news” (la noticias apócrifas). Claro está que esto no sólo debe hacerse bajo la observancia de la constitución y el derecho, sino con la más clara conciencia del lugar que ocupan las libertades civiles y la libertad de expresión del pensamiento en una democracia plena. Un editorial de El País de Madrid, pone el tema en estos términos:

La propaganda, la intoxicación, las noticias falsas y la construcción de bulos son tan antiguas como la convivencia entre la política y la información, pero su capacidad de multiplicación a partir de herramientas tan poderosas como las redes sociales y el acceso casi universal a Internet las han convertido en armas de influencia masiva. Hacernos conscientes de ello y analizar fórmulas para contrarrestarlas son pasos necesarios, especialmente después de que esas fake news impactaran en la campaña de EE UU o lo intentaran en Francia, Holanda, Alemania y España a través del conflicto con los independentistas catalanes. Para ello puede ser necesario, como ha anunciado el presidente Macron, una legislación específica para combatir la sistemática propagación de la intoxicación informativa con fines políticos. Es preciso, no obstante, acometer este debate con cautela, puesto que se encuentra en los límites de la libertad de información.

Macron propone poderes para que las autoridades audiovisuales eviten que las televisiones controladas por Estados extranjeros desestabilicen el país, una medida claramente orientada a frenar a Russia Today, recién autorizada a operar en Francia. Sugiere también más transparencia sobre contenidos patrocinados y medidas para agilizar las decisiones judiciales en campaña para bloquear noticias falsas.

La respuesta de Macron ante un tema que se extiende como preocupación en las democracias requiere un análisis cuidadoso. Las intoxicaciones no son necesariamente peores si son generadas por países extranjeros que si son nacionales. Tanto en EE UU como en España hemos visto ejemplos al respecto. La información debe someterse a códigos deontológicos y a la ley en cualquier caso, y el control de la información no puede atribuirse a órganos que limiten la libertad de expresión. Dentro de esos límites, los Estados tienen por supuesto el deber de defender la democracia frente a estos modernos ataques de bulos”, finaliza.

Nosotros añadimos: El tema no debería estar ajeno a nuestro debate y creemos que muchos más que obsesionarnos en los controles de los contenidos de los medios nacionales con la aplicación de una polémica ley de comunicación cuando ya existe en la legislación nacional la suficiente protección de derechos ante eventuales abusos, más que eso, deberíamos pensar en qué respuesta damos como sociedad ante esta nueva realidad. Creemos que ha llegado el momento, no sólo por lo mencionado más arriba, sino también por otros aspectos que tienen un fuerte impacto nocivo en la vida social y de muchas personas, en que los estados en forma democrática deben discutir qué legislación aplicar y como protegernos como colectivo y como ciudadanos del libertinaje corrosivo, deliberado y engañoso, imperante en el mundo de las redes sociales y otras formas de difusión online. Por supuesto que no se trata de demonizar ese mundo del cual todos participamos. Internet es un gran avance en la comunicación de los hombres pero, como en el mundo real, el mal transita junto con la virtud y los buenos intereses corren junto con los más espurios y poderosos. La sociedad y los países no pueden estar indefensos frente a este fenómeno.

 

(Publicado en la edición papel el jueves 11 de enero de 2017)