Libres para pensar y libres para decirlo

El pasado 20 de setiembre se celebró el Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento, fecha que enaltece una de las cualidades esenciales de las sociedades libres y democráticas y que en la historia recuerda uno de los hitos que contribuyó a clausurar el oscurantismo que aún persistía de la Edad Media. El 20 de septiembre de 1870, en Italia las fuerzas garibaldinas y otras corrientes liberales fueron protagonistas del episodio de la “Brecha de la Porta Pía”, lugar a través del cual ingresaron los soldados de la unificación italiana que derrotaron a las fuerzas del Vaticano aliadas al Imperio francés y que durante mil años habían sostenido regímenes absolutistas, aferrados a una concepción en la que prevalecía el sometimiento de la persona y de su conciencia.

La lucha por la libertad y por la libertad de expresión en particular reconoce antecedentes y figuras emblemáticas anteriores a estos episodios que no está de más mencionar. La propia Revolución Francesa de 1789 y los grandes pensadores que la antecedieron, como Valtaire, son una muestra viva de la lucha del hombre por la libertad y de la búsqueda por construir una organización social que permitiera liberar las energías individuales a favor del beneficio colectivo. La ilustración y todo el período que va desde mediados del siglo XVII a fines del siglo XVIII es particularmente fermental en la liberación del hombre y es necesario revisar y releer la contribución de esos pensadores fantásticos para entender los progresos y los acontecimientos históricos de esa época (aún con las fuerzas retrógradas que se le opusieron), incluyendo los que se desencadenaron posteriormente en nuestra América y en particular en el Río de la Plata. Es el momento histórico en que el oscurantismo y el fanatismo religioso imperante en occidente es superado por la razón y el humanismo llevado a la política, pero todo ese proceso que el iluminismo inicia con una fuerza arrolladora no tendrá una marcha continúa sino que sufrirá varios reveses, incluso en la cuna francesa, pasando por las sucesivas guerras mundiales y los hechos e ideas que aún hoy confrontan con esos principios tan inherentes a la libertad humana.

El Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento está reconocido en nuestro marco legal a través de la Ley 17.778 de mayo del 2004, lo que señala también la adhesión institucional de nuestro país a esos principios y al hito histórico que significó la fecha reivindicada. Como está dicho en la propia definición, si la libertad de pensar es importante en el sentido de hacerlo con conocimiento del objeto de análisis aplicando la razón, la libertad de expresarlo es el complemento imprescindible para que se manifieste la energía liberadora del pensamiento. Y aquí es donde esa libertad de expresión se relaciona con la libertad de prensa, la cual no existe si no hay plena capacidad para ejercer a través de los medios la libertad de decir lo que se piensa. Por lo tanto, como periodistas y como ciudadanos honremos esta fecha y seamos atentos vigilantes ante las amenazas más o menos explícitas o veladas que pretendan atentar contra esta conquista fundamental del ser humano.

 

(Editorial de Primera Hora publicado el jueves 28/9/17)