Los cuentos no se toman vacaciones

Jaime Clara se toma vacaciones pero sus ansias de escribir no. El periodista y autor maragato dedicó sus dos últimas licencias a viajar por sus emociones, recuerdos e imaginación y así hallar los disparadores de las historias que componen su nuevo libro de cuentos. En “Medias verdades” recopila algunas historias autobiográficas que son “rigurosa verdad” y otras que puede que no lo sean pero a los efectos literarios poco importa.

El sábado vuelve a su ciudad natal para presentar en el Espacio Cultural San José su última publicación. La cita está programada para las 19 horas y será en compañía de los docentes Cristina Callorda y Pedro Peña.

Luego de “La terrible presión de la nada” (2015), Jaime Clara (1965) vuelve al cuento. “Medias verdades” se llama el nuevo libro donde comparte con los lectores “una serie de relatos” que “en algunos casos son rigurosa verdad y en otras, mentira o medias verdades… Y ahí el lector juzgará”, dice al meditar sobre cuánto de ficción y realidad hay en sus relatos. Fuera de esta pulseada entre lo real y lo ficcional, el escritor no es pretencioso sobre el efecto que espera produzcan sus textos: “no van a encontrar lecciones ni moralejas… Simplemente aspiro a conseguir lo que ocurre cuando dos vecinas se juntan en una feria o en la plaza a contarse sus cosas”, aclara.

La de “Medias verdades” fue una experiencia mucho más desafiante y vertiginosa que la de su debut como cuentista. Mientras la anterior publicación se consumó (a fuego lento) durante dos décadas y sin agobiantes plazos de entrega, este volumen se materializó de un modo más veloz y con la fecha límite de la editorial “Seix Barral” pisándole los talones. “Tuve que buscar temas que fueras más o menos interesantes que se sostuvieran como cuentitos. Apelé a algunos recuerdos, experiencias y referencias personales que no fueron plasmadas explícitamente. Hay algunas historias que los maragatos van a conocer de cerca y tomar como propias… Y otras que no pero no importa”, dice.

 

Una buena historia puede prescindir de acontecimientos épicos y héroes temerarios. A veces el corazón de un buen cuento late en las pequeñas grandes cosas de la vida y Clara recurrió a ellas para inspirarse: “hay un cuento donde relato cuando mi padre me enseñó a hacer el nudo de la corbata. Sinceramente pensé que ese iba a ser uno de los peores cuentos, que iba a ser considerado una porquería sin importancia; sin embargo, para los lectores resultó ser uno de los más interesantes porque logra cierta empatía. Y ese es el desafío para todo aquel que escribe: conseguir que quien lee no se vaya a la tercera línea. El lector que se va es difícil que vuelva, por eso es necesario seducirlo de alguna manera.”

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