Marzo: otro mes de todas NOSOTRAS

Todas nosotras, las que tratamos –antes que nada- de ser buenas personas, transitamos este mes de marzo como un mes de particular reflexión ante las inequidades por razón del sexo (en lo laboral, etc.) que aún subsisten en los hechos. En este marco, no podemos dejar de mencionar el más preocupante de todos los ataques a los derechos de una persona, el ataque a la propia vida. Es cierto que no es estadísticamente la primera motivación para la violencia extrema que culmina con la muerte de una persona, pero no por ello es menos importante que nos ocupemos también de estos casos. Lamentablemente, no parece haber un avance para este grave problema, más bien se está produciendo un acelerado retroceso. Ante ello, nosotras, todas las personas, debemos replantearnos la situación desde la mayor cantidad de ángulos posibles.
Así, al encarar esta temática me pareció constructivo hacerlo con otro estilo, sin ánimo de desconocer ni minimizar otros que normalmente se repiten, muchos de ellos mayormente compartibles.
Espero que muchas personas nos sintamos identificadas cuando hablamos de las que se conmueven e indignan frente al sufrimiento de otros. Que se rebelan frente a la injusticia. Que luchan por sacar su familia y su sociedad adelante, con un sentido solidario que ve más allá de las comodidades personales. Que para ello se desdoblan en varios roles física y emocionalmente muy demandantes. Que sienten el orgullo y la responsabilidad de educar, principalmente con el ejemplo.
Quiero creer que la gran mayoría podemos estar incluidas en el nosotras que nuclea a esas personas que rechazan el tomar a los niños como rehenes y el ocultar ingresos para no cumplir con sus deberes. Que se oponen a juzgar a priori tanto a denunciantes como a denunciados, sin las garantías que siempre deben darse a las partes involucradas en un diferendo. Que creen que antes de condenar, se debe profundizar en una –necesariamente- rápida investigación de las situaciones cuando se afectan los DD.HH. de cualquier persona sin importar su sexo, edad, raza o condición social.
Y es que: Si yo soy de las poco hábiles para tareas manuales. De las que prefieren las películas de acción. De las que hacen los mandados aunque a veces no tengan muchas ganas. De las que lloran fácilmente. De las que no saben planchar. De las que a veces pierden la paciencia en su trabajo. De las que gastan demasiado detergente cuando lavan la vajilla. De las que hablan mucho. De las que no saben prender un fuego para el asado. De las que no dicen mucho “te quiero” –más que nada por timidez- pero lo demuestran con gestos cotidianos todos los días … ¿Qué “tipo” de persona soy?
Todos somos personas distintas. Quizás el secreto no está en intentar borrar nuestras diferencias, sino en respetarlas.
Busquemos ser nosotras, todas las personas en nuestra gran variedad de realidades y sueños, las que actuemos ante las inequidades que ya mencionamos y otras más que somos conscientes existen. Pero no resaltando los aspectos que nos dividen, sino los que nos unen. Para así avanzar realmente hacia una sociedad más justa. Respetando nuestros desacuerdos y potenciando nuestras coincidencias. Sin que nos quieran forzar a igualarnos y pudiendo contar con las mismas posibilidades en nuestra diversidad. Que todas nos sintamos convocadas a esta tarea. Todas las personas por igual.

 

(El autor es abogado, docente y subdirector de Cultura de la Intendencia de San José)