Primera Hora

Miedo y Violencia

Me cuesta mucho encarar una nueva columna que toca temas como inseguridad, ideología de género, valores, familia, y violencia doméstica. Todo ello se involucra en mayor o menor medida en varios hechos recientes: que van desde la agresión a un médico mientras atendía por salud pública en San José; pasando por un caso de presunta legítima defensa de una mujer que mató a un hombre que entró a su casa en Montevideo, y otros –sí, en plural- asesinatos de varones a sus ex parejas mujeres.

Pero me voy a detener en los casos que involucraron la violación y muerte de niños. Los que más han golpeado a una sociedad que ya no sabe cómo reaccionar ante tanta brutalidad.

Escribir sobre esto me da miedo. Porque no quiero ser parte del problema. Porque no quiero callar ni acomodarme a lo “políticamente correcto”. Porque no creo tener todas las certezas, pero me parece un deber dar mi punto de vista; como siempre, confiando en aportar a la reflexión con los lectores. Quiero ser contundente, pero me da miedo. Porque si hay algo que estoy seguro, es que fomentar el odio y la división, es parte del problema.

IDEOLOGÍA DE GÉNERO: Nuestro gobierno ha adoptado una ideología, afiliándose a los parámetros que vienen impuestos por una agenda internacional de mucho poder. Con ello, también adopta una supuesta única explicación para cualquier caso (básicamente todo lo malo en el mundo es fruto del patriarcado capitalista), y sigue sus “recetas” sobre cómo hay que “solucionar el problema”. Ello incluye una “educación sexual” que propone una guía a aplicarse más allá del consentimiento de los padres. Y recientemente, un proyecto de ley que admite que un menor pueda cambiar de sexo, también sin apoyo de su familia.

Como en otras oportunidades, recurriré a opiniones de expertos que se han conocido por ser publicadas –en este caso- en los diarios El Observador y El País. Allí se lee que los psiquiatras Rafael Sibils y Giannina Casali están preocupados por las confusiones que tienen los políticos. Expresan claramente que buscando la explicación por el lado de la violencia de género, no se lograrán prevenir ni resolver estos casos. Los mismos son bastante extraños e involucran a psicópatas de difícil detección. Están convencidos que no son producto del machismo o la sociedad patriarcal. Casali hace notar que en el caso de Brissa el asesino había concurrido a una ONG que atiende personas por violencia doméstica y con sólo una consulta notaron que su comportamiento era distinto a los que trataban. “Por eso necesitamos incluir más información y no pensar todo desde la perspectiva de género”.

MEDIDAS PREVENTIVAS: La misma Casali cree que el registro de agresores sexuales, un protocolo a seguir en casos de desapariciones de niños que genere una rápida alerta entre vecinos, el uso de redes sociales y, sobre todo, no esperar 24 hs. antes de iniciar una búsqueda por parte de las autoridades, ayudarían a disminuir el riesgo de desenlaces fatales.

En reciente nota de Diego Casco en este mismo diario, la abogada María José Morales y la Asistente Social Ana Laura Rodríguez que trabajan con niños abusados, aportan otra idea que creo es fundamental: con adultos más presentes, generando vínculos más cercanos entre padres e hijos, se puede lograr una importantísima prevención para estos casos.

REPRESIÓN: Hoy veo necesario repetir lo que expresé anteriormente en otro artículo: Los ejemplos de falta de valores en nuestra sociedad, a esta altura son demasiados. En los últimos días hemos tenido noticia de hechos aberrantes y de otros menos graves, pero todos causan una natural indignación en nuestra comunidad. Debemos hacer un esfuerzo por reflexionar y canalizar en forma correcta dicho sentimiento…

No debemos caer en “soluciones” al grito y contemplando solamente a los grupos que logran ejercer mayor presión.

MIEDO Y RESPONSABILIDAD: Lo que estamos viviendo exige tener el coraje de hablar de estos temas, los adultos tenemos esa responsabilidad. Debemos vencer nuestro miedo por lo que pueda pasar, pero también por lo que puedan decir si opinamos. Incluso cuando parezca que desafía la hipócrita “corrección política”.

Es un hecho a esta altura innegable que las medidas que se vienen adoptando por las autoridades no dan resultado. Y asusta ver que muchas de esas autoridades, se siguen aferrando a su posición ideológica; y no conciben otro diagnóstico ni otras propuestas que las que responden a esa visión única. Insistiendo en políticas públicas miopes, lamentablemente vamos cada vez peor. Por eso, creo que es hora de atender visiones como las de los profesionales arriba mencionadas o como la de la Dra. Martha Valfré (psicóloga, abogada, especializada en Victimología y Criminología) a la que ya citamos en otra columna.

Ni la pena de muerte como solución, ni las doctrinas absolutistas de odio y confrontación como explicación para todo, nos permitirán salir de este espiral de violencia en el que nos encontramos como comunidad. Seamos realmente tolerantes. Aceptemos la diversidad, sin pretender que todos nos comportemos igual. Revaloricemos la dignidad de las personas, más allá del sexo, la raza, la ideología o las preferencias de cualquier orden. Desde la empatía y el afecto más genuinamente humano, debemos lograrlo.

 

(Columna publicada en edición de papel el miércoles 6 de diciembre de 2017)