No hay dudas, el camino es el diálogo

En los últimos días productores rurales de múltiples rubros se han venido movilizando en medio de la curiosa incomprensión de muchos políticos del oficialismo que, o han ridiculizado las protestas o le han adjudicado motivaciones espurias, demostrando una falta de empatía injustificable en representantes quienes, en muchos casos, son vecinos de aquellos que salen a la ruta y que bien deberían tener un acercamiento a la realidad que atraviesan. Para algunos parece que en este país sólo pueden protestar los sindicatos, pero no los productores. Pero, sin dudas, esto no es lo más importante.

Como ya lo han señalado los analistas más conocedores y lo dijo el propio Presidente de la República, Tabaré Vázquez, la variedad de problemas del sector es tan amplia como múltiples son las actividades. Para hablar de una realidad que toca a las puertas de todos nosotros: no cabe dudas que la lechería enfrenta uno de sus momentos más críticos. El año pasado, según datos de las gramiales y técnicos, desaparecieron 200 tamberos y la deuda del sector equivale al monto de todo el rodeo lechero. Eso ya da una idea de la gravedad del momento. Si a esto le agregamos, el impacto social que tiene cualquier dificultad en la lechería, tenemos una idea de lo angustiante que puede ser la situación para una familia de lecheros.

Si se compara con unos años atrás, los precios de la agricultura también se han deprimido notoriamente y, por otro lado, los productores arroceros están sufriendo una seria crisis de rentabilidad a pesar de ser uno de los países del mundo con mayor productividad en ese rubro. A esto hay que añadirle un dólar débil que en nada ayuda a los exportadores. Hay otras realidades específicas. Sólo por mencionar una más que ayuda a entender la complejidad: los problemas sanitarios que afectan la producción de los apicultores. Entonces no se puede menospreciar a la ligera a un sector que no sólo tiene variedad de realidades, si no que además contiene a productores y familias en condiciones sociales y económicas muy diversas pero que, en todos los casos, tienen el legítimo derecho de reclamar.

Es cierto sí que muchos de los problemas del sector no se resuelven con medidas automáticas del gobierno. Por ejemplo, es difícil poder incidir en los precios de los productos cuando en la mayoría de los casos se trata de condiciones impuestas por los mercados externos. No es fácil tampoco abordar el problema del llamado “atraso cambiario”, porque el dólar está débil en todo el mundo y cualquier medida artificiosa podría ser perjudicial para el conjunto de la economía. Hay sí variables de control doméstico que son las que gobierno y productores pueden y deben negociar. Pero para eso se necesita un diálogo franco, sin prejuicios de una y otra parte y atendiendo también, de parte del Poder Ejecutivo, que la representatividad del agro hoy aparece más diversa.

Ya quizás no se trata de dialogar sólo con aquellas gremiales históricas, sino también de comprender y aceptar el cambio que se ha venido experimentado para de esa forma encaminar un encuentro que sea auténtica expresión de la protesta. No ayuda en esa línea la postura de la Federación Rural porque no sólo invalida su propio reclamo, sino porque además debilita la propia unidad de los productores. Hoy que el gobierno abrió la puerta, creemos que el camino es que todos se sumen a esa mesa y en el intercambio construir una salida. Sin dudas, la forma de encontrar soluciones es dialogando. La alternativa es una confrontación estéril.

 

(Editorial de PH publicado en la edición del miércoles 17/1/2018)