No es lo mismo

En la última semana, otra semana más, la población de este departamento se ha visto conmocionada por sucesivos hechos de violencia. Al asesinato de la alguacil del Juzgado de San José ocurrido hace tres meses, que desencadenó una inusual movilización popular, le siguió últimamente los hechos ocurridos en Chamizo y Juncal donde otras dos mujeres fueron asesinadas. Como todos hemos sido testigos tras esta sucesión, muchos actores sociales y políticos hablan de la inseguridad en forma indiscriminada y unen este último caso de la Sra. Susana Icardi con todos los anteriores. No hay dudas de que estamos ante una situación delicada en ambos casos, pero creemos que es necesario distinguir.

No se puede mezclar este último asesinato con los previos y no se puede atribuir las causas de este último al problema genérico de la “inseguridad”. Es cierto que hay un problema serio que pone en riesgo la seguridad de las personas y que en ese marco se puede cuestionar legítimamente la actuación de los organismos encargados de la seguridad y por lo tanto las decisiones de las autoridades, pero poner el caso de Juncal en el mismo paquete analítico no corresponde. Este último caso reconoce causas absolutamente particulares relacionadas con la convivencia familiar; no es que hubo un problema externo al sistema de esta familia que puso en riesgo la seguridad de una de sus integrantes, sino que el agresor salió del mismo núcleo del hogar.

Por lo tanto estamos hablando de un viejo tema del Uruguay, la violencia familiar, problema que todos los años deja muchas muertes, en su inmensa mayoría mujeres, pero que es distinto a todo lo otro. Ni hablar que ahí el país tiene un problema social muy importante y donde también se puede cuestionar la política oficial, pero desde el punto de vista analítico, sólo que se haga por ignorancia o con intenciones espurias, no se pueden mezclar ambas dimensiones a la ligera. Una cosa es la violencia asociada a los delitos contra la propiedad o contra las personas pero donde los protagonistas tienen una relación distinta a la familiar y otra cosa es cuando este fenómeno ocurre asociado a un vínculo afectivo.

Esto que parece obvio, se hace necesario aclararlo cuando este último hecho trágico aparece en muchas declaraciones o en algunos encares informativos, correlacionado con el problema indiscriminado de la inseguridad en el departamento de San José. Porque además, si bien es cierto que el departamento ha sufrido el impacto seguido de acontecimientos violentos con las consecuencias que esto tiene en la opinión pública local, San José no es un territorio separado del resto del país y más que preguntarnos lo que está pasando en San José, deberíamos preguntarnos en todo caso, que está pasando en Uruguay.

 

(Editorial Primera Hora, viernes 4/8/17)