El poder del silencio…

 

En San José estamos viviendo horas de muchísimo dolor y tristeza debido a los acontecimientos producidos el viernes pasado con el asesinato de una funcionaria del Poder Judicial, que además era una persona conocida y querida, al igual que su familia.
Todos, desde diferentes lugares, hemos sentido lo sucedido y nos hemos manifestado de diversas maneras. Algunos concurriendo a la marcha convocada por los vecinos en forma espontánea, otros sólo a través de las redes sociales y otros a través de muchas formas que la sociedad nos hemos dado para manifestar nuestros sentimientos colectivos.
En esas manifestaciones, donde hemos participado gente que pensamos muy diferente, nos ha unido algo en común: que no haya más violencia.
El lunes pasado, momento en que se realizó la marcha, la sociedad dio una clara señal de repudio a lo sucedido. Desde que tengo uso de la razón, nunca vi en San José una movilización apartidista tan multitudinaria.
A mi entender, la presencia de tanta gente dijo mucho más que la proclama, que debo admitir, no la comparto. Particularmente saludo y defiendo la posibilidad que tenemos como ciudadanos libres de expresarnos, pero entiendo que en momentos de tanto dolor y tristeza, de tanta rabia acumulada por lo sucedido y de la diversidad ideológica de personas que convocó la marcha, era más prudente y aún más contundente el silencio que la proclama.
A partir de esa proclama hemos leído y escuchado acerca de que si vivimos con miedo o si es necesario sacar más policías a la calle y un montón de otras cosas más, lo que indudablemente nos lleva a un debate de corte político partidario y ese no era el objetivo de la movilización. Están los que comparten la proclama y estamos los que no la compartimos, y creo que el error fue la existencia de la proclama.
Muchas veces el silencio dice mucho más que mil palabras y genera un mensaje más contundente y unificador… El lunes pasado bastaba sólo con estar, acompañar y a lo sumo, aplaudir.
Más allá de este detalle, lo que es digno de resaltar es la movilización de la gente. En momentos donde nos gana el individualismo, la apatía y el desinterés, los maragatos salimos a la calle y mostramos el poder que tiene el pueblo unido.
Como sociedad, no debemos dejar que lo sucedido en poco tiempo sea no más que una anécdota, sino que debe ser un mojón en el camino de construcción de una sociedad comprometida. La seguridad ciudadana, al igual que otros temas, requiere del compromiso de todos, no solo del Gobierno que, sin dudas, es el que tiene mayor responsabilidad. Cada uno, desde el rol que nos toca “jugar” en la sociedad, tenemos responsabilidades, no estando exento nadie de las mismas.
Con el compromiso de todos podremos hacer frente a los problemas que nos aquejan como sociedad…

 

El autor es edil del Frente Amplio