El proyecto del ECIE: La imaginación al poder

Diego Maga
Diego Sebastián Maga

Después de hacer el seguimiento del proyecto artístico y educativo del ECIE desde sus orígenes (en 2011); conocer en profundidad al enorme grupo de personas que lo componen; asistir a conciertos, obras de teatro, muestras de fotografía, proyecciones de cine, etc.; recorrer sus aulas y sala de espectáculos; ser testigo de las constantes mejoras en su infraestructura y de los transparentes procedimientos para conseguir fondos con tales fines; después de escribir tantas entrevistas, crónicas de shows y notas en general y después de tantas charlas informales con docentes, alumnos, artistas y allegados, cada día reafirmo más mi sensación de infamia burocrática y atropello a la cultura de la que son objeto.

Una sospecha que se fue volviendo certeza al escuchar declaraciones públicas de quienes representan a la Comisión de Patrimonio; leer sus comunicados y dialogar informalmente con alguno de sus integrantes. A esta altura es evidente que las diez personas que la componen están alineadas en el pensamiento de “demoler todo” (no hay disidencias) y que -por sus declaraciones y acciones- pretenden reducir a los cientos de integrantes del colectivo del ECIE a la calidad de “okupas”.

Quienes vimos a Diana en la TV, nos hemos convencido de que para la Comisión quienes enseñan, aprenden, actúan o –simplemente- se sientan en una butaca del ECIE a presenciar lo que ocurre en el escenario, son algo así como huéspedes ilegales y -por si fuera poco- profesan gustos de dudosa legitimidad como los artísticos.

Otra triste realidad que se desprende de las recientes manifestaciones del presidente de la Comisión es el absoluto desconocimiento de lo que ocurre en el interior del ECIE (una verdad incontrastable es que el 80% de los que piden “tirar abajo la totalidad de los baños” jamás entró): al hablar, Diana demostró ignorar que quienes están detrás del ECIE no son únicamente actores sino músicos, bailarines, pintores, fotógrafos, escritores, acróbatas y cultores de otras tantas disciplinan que enseñan en la modalidad de taller o como asignaturas de la Escuela Integral de Actuación, o que comparten con la gente en las producciones artísticas que montan allí.

Todo eso que se genera diariamente –desde lo formativo y artístico- es patrimonio que se construye prescindiendo de ladrillos y cemento. Esta Comisión designada para resguardar la integridad de los monumentos históricos y los edificios de valor patrimonial, también debe velar por preservar y potenciar las “construcciones” culturales que se expresan de un modo inmaterial. Por eso es una Comisión de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural. En todo este conflicto (que se podría haber solucionado hace mucho tiempo con sentido común y buena voluntad) la Comisión olvidó esas dos palabras que también forman parte de su denominación: “Artístico” y “Cultural”.

Volviendo a lo que pude ver en televisión, me convencí de que la intransigencia explicada suena aún más intransigente. Cuando uno escucha salir de la boca de Diana cosas como “son gente de teatro. El teatro es una forma cultural que se apoya en cosas que no existen, en la imaginación. Y cuando una persona está tanto tiempo metida en el ambiente del teatro la imaginación pesa mucho”, un frío de otras épocas, pasadas y negras, me recorre el cuerpo.

Triste que alguien desconozca que quienes crearon o aspiran a crear algo (desde un arquitecto a un dramaturgo) lo hacen a partir de una idea, de elucubraciones de la mente, de situaciones que “imaginan” pero que el destino final de lo que “imaginaron” es el mundo real. Allí es donde se materializa todo aquello que es “imaginado” y para que tal cosa suceda tienen que mediar la lucidez mental y el esfuerzo físico.

Por tanto, al sugerir que las acciones emprendidas por el ECIE son propias de unos delirantes que por su condición de artistas confunden ficción con realidad es un argumento simplista, hueco, de esos tan precarios que atrasan el reloj. Ni más ni menos que un razonamiento “inimaginable”.

El tono despectivo, agresivo e improcedente con que Diana supone que como en el ECIE hay gente de teatro sus acciones han sido producto de la “imaginación” y no tienen sustento racional, es uno de los razonamientos más retrógrados de los que tenga memoria. Con ese discurso reaccionario (propio de otras épocas y otro Uruguay) etiquetó de “irreales” a los procederes del ECIE y les quitó legitimidad.

Otra de las tantas frases que rechina es cuando opina que sería “muy interesante” recuperar la vieja estructura funcional del galpón de cargas de AFE (aún no sé si con esperanzas de que vuelva el viejo ferrocarril o como museo ferroviario).

Es una pena que tales palabras no se escucharan durante las décadas en que la edificación funcionó como depósito de cerveza, criadero de mugre y ratas o como decadente mural de graffitis de mal gusto o pintadas políticas (de peor gusto).

Que pena que se haya quedado con “imaginar” eso y no accionara antes (y así de enfáticamente) para cambiar esa construcción olvidada por años y que ahora tanto le preocupa resguardar.