Semanario Arequita deja de editar su versión impresa

En Lavalleja el café de las mañanas de los sábados no tendrá el mismo sabor.

Arequita fue fundado en Minas el 25 de abril de 1997 por la familia Rodríguez Díaz, un semanario que se dedicó durante toda su vida a rescatar las grandes historias de la comunidad pero, por sobre todo, las historias y biografías de las gentes que aportan al acervo cultural, social, político y en todos los ámbitos de la historia de los últimos años del departamento de Lavalleja. Si no hubiera existido Arequita esas historias nunca hubieran sido contadas. El pasado 12 de febrero de 2022, cuando transcurría su año 25  editó la edición Nº 1.158, fue su última edición.

Luis estaba a cargo, sus hijos, Álvaro, que ayudaba en la gestión, tomaba fotos y producía y Luis María, profesor de historia, el editorialista y diseñador del periódico, junto a muchos colaboradores hacían Arequita allá en el 2013 cuando nos conocimos. Luis era oriundo de Durazno, “del otro lado del río”, desde la primera vez que hablamos me puso al tanto de su amor por Durazno, por el río Yí y por “la roja”, con mucha familia por esos lares. Desde allí comenzó una relación comercial y de amistad cuando comenzaron a imprimir su muy preciado Arequita en la imprenta de El Acontecer en Durazno.

Tanto con Luis, como con Álvaro, que era con los que yo hablaba, se comunicaron siempre con una corrección y formalidad de las que llaman la atención por estos días. Y así manejaban la rigurosidad del periódico. Otra cosa que siempre me llamó la atención del Arequita era su estética y la adaptación del diseño al tema que este estaba tratando. Sin lugar a dudas un semanario hecho con un gran cariño.

Años más tarde Luis fue afectado por la enfermedad de Parkinson, que se fue agravando paulatinamente hasta su fallecimiento el 18 de agosto de 2020.

Desde entonces, y de la misma forma, el semanario ha estado a cargo de sus hijos, Alvaro y Luis María quienes comparten esa misma forma de comunicación y trabajo, respetuosa, formal y de un periodismo riguroso y al servicio de la comunidad.

 

Un recuerdo para Luis Rodríguez

Tras su fallecimiento en la sesión ordinaria de la Junta Departamental de Lavalleja lo recordaron tal como se puede leer en el acta 934 del 26 de agosto del 2020. El edil Carlos Cardinal se refería a él de la siguiente forma: “Lo conocí a Luis María siendo un hombre grande de físico, que infundía respeto tanto por su aspecto como por su voz fuerte y serena. Era un hombre íntegro, dispuesto a dar una mano sin tener ninguna obligación de hacerlo. Fue un compañero de trabajo con una personalidad muy especial, muy suya, muy directa; sin dobleces, de opinión firme y muy fuerte para sostener su opinión, aún aunque le costara dolores de cabeza, como le costó en muchas oportunidades. Cuando terminó su periplo laboral, logró un sueño que lo tenía inquieto durante mucho tiempo, que era fundar un medio periodístico independiente, abierto a la sociedad, que lograra difundir las voces de todos: las que se escuchan más y las que casi no se escuchan.

Tuve el honor de ser columnista del Semanario Arequita durante unos cuantos años -desde su inicio-, a invitación -justamente- de Rodríguez Bentancor. Él fue el redactor responsable y sus hijos, Álvaro y Luis, eran sus principales colaboradores en la dirección, redacción y diagramación.

Nacionalista como predilección política en sus orígenes, wilsonista por convicción y últimamente -conociendo su intelecto y su condición de libre pensador- seguramente estaría muy afiliado a su independencia ideológica.

Hombre de pluma tan afilada como certera; tan profunda como coherente. A lo largo de los años, fue dejando todo lo que era en exquisitos editoriales del semanario. Por eso, a quien no llegó a conocerlo, solo con leerlo podría formarse una opinión sobre su  personalidad, porque Luis María era eso: siempre fue quien dijo ser.

Simplemente quería decir que Luis María no nació en Lavalleja, nació en Durazno, pero era minuano por adopción y contribuyó muchísimo a la cultura periodística del departamento. Por ello quisiera enviar un mensaje a sus hijos, Luis y Álvaro, y pedir un minuto de silencio en su recuerdo”. A esas palabras se adhirieron otros ediles entre ellos Julián Mazzoni que recordó compartir la redacción del diario La Unión en el suplemento dominical firmando las notas “Yimeño”.

El cierre de un ciclo

El mensaje que me envía Álvaro es del mismo formato que los que me envió siempre, formal y cortés pero con un contenido duro y triste, “Buenas tardes Martín.

¿Cómo estás?. Sumamos, restamos, dividimos y luego de mucho demorar la decisión, lamentablemente cerramos una etapa con la edición del sábado 12 de febrero. Somos una familia humilde, por suerte nadie nos banca (igual que ustedes), sin capital propio y todo se ha encarecido en estos tiempos (como bien sabes). Cada sábado para nosotros es una hazaña pero no podemos mantenerla más.

De nuestra parte, de corazón, el agradecimiento desde el primer día (en El Acontecer hicimos el primer y el último número de AREQUITA), por el aguante, por bancarnos y por facilitarnos siempre las cosas.

Esto tiene muchas vueltas y quien te dice, en algún tiempo, te envío un mensaje diciéndote que nos rearmamos y que volvemos a molestarlos. Por ahora es un punto, que en papel no tendrá continuidad en ningún lado (no nos mudamos a ningún lado) y solo el tiempo dirá si habrá una Segunda Época.

Abrazo grande desde Minas. Saludos a tu familia y saludos a la gran familia de El Acontecer.

Álvaro”. El mensaje es claro y preciso, es la historia de muchos medios de prensa del interior. Es lo que está pasando con muchos medios.

 

La prensa de cercanía

La mayoría de los medios de prensa del interior comparten esa historia, empresas familiares, de primera, segunda y tercera o cuarta generación. Empresas que se fundaron como un pequeño emprendimiento por el afán de difundir las “cosas del pueblo” y terminaron siendo grandes, medianas o pequeñas, pero que lucharon y perduraron siendo fieles a su misión. Brindar al vecino la información del vecino. ¿Qué ha cambiado?, o, qué no para estas empresas. Los medios han cambiado. Basta con mover el dedo en la pantalla del celular nos satisfacemos de información.

Pero queda un lector insatisfecho, porque estas historias que te cuenta el periodico local no están en “las redes” si no las cuenta el periódico local, escrita por un vecino y con la fotografía tomada por otro vecino.

Estos medios subsisten porque hay vecinos que así lo quieren, empresas localistas que apuestan con confianza a esos medios porque saben, y quieren, que ese sea el vehículo por el que llegue al receptor de la comunicación y les sigue dando resultado.

Algunos publicistas y gobernantes han apostado a poner su publicidad en “las redes”, empresas multinacionales que ni siquiera pagan impuestos en Uruguay, están seguros que es la mejor forma de promocionar sus productos. Una cosa es causa de la otra. En realidad lo que están haciendo es debilitar esos medios de prensa fortaleciendo esas empresas multinacionales que se alimentan de los contenidos que generan las otras.

Capítulo aparte es la gestión de la publicidad oficial por parte de los gobiernos de turno que hace muchos años decidieron que solo un 1,5% de la publicidad oficial será destinada a medios locales de todo el interior del país, cuando es fácil comprobar que los medios más grandes de cada localidad se encuentran en cada localidad.