Señales de humo negro

El lunes se votó presidente en la Junta Departamental. En este momento no estoy ejerciendo la banca, pero como el tema se venía discutiendo desde hacía semanas y las decisiones las tomamos en conjunto, voy a dar mi opinión. No opinaré de las características personales de nadie sino de las prácticas políticas.
El señor Danilo Vasallo, electo como Presidente, tiene una amplia experiencia en la Junta Departamental porque hace varias legislaturas que es edil y en este momento representa a la lista 50. Esta lista tiene cuatro escaños en la Junta, para los que fueron electos dos hombres y dos mujeres. Los dos hombres ejercen como titulares y alternan con algunas personas de su línea. Una de las mujeres renunció para desempeñar tareas en el ejecutivo; la otra, Ana Laura Porley, entró esporádicamente en estos dos años que llevamos de legislatura, ya que la mayoría del tiempo estuvo presente el edil Vasallo.
Hace unas semanas, Porley renunció a su banca definitivamente para hacer posible que Vasallo pudiera ser presidente de la Junta. El reglamento no permite que un edil o edila suplente sea presidente del órgano legislativo.
La primera consideración es que no estamos de acuerdo con esta práctica política ya que se buscan los rincones y atajos de las normas para “burlar el espíritu” de la ley. En este caso, de la ley de cuotas. Indudablemente cada sector político sabe cómo se maneja y tiene sus acuerdos internos, pero me animaría a decir que seguramente en la lista 50 y en todas las listas del Partido Nacional y del Frente Amplio, hay mujeres capaces y con ganas de estar trabajando políticamente como representantes en la Junta Departamental. Si desde afuera, los organismos internacionales nos “tiran las orejas” al país por la poca representación de mujeres en nuestra democracia, es precisamente por estas prácticas arcaicas, conservadoras y machistas.
La segunda consideración tiene que ver con `una voz que corrió por los pasillos´: si el FA no votaba a Vasallo se rompían todos los acuerdos. Se aludía a las presidencias de las Comisiones y las Vicepresidencias. Desde nuestro punto de vista la primera cosa que se está rompiendo es el respeto por una ley de cuotas que pese a las resistencias y a la mala prensa que tuvo, logró que el número de edilas a nivel nacional llegara al 28% y que en San José se pasara de una edila titular a ocho electas.
Las evidencias muestran que las razones sociales por las cuales las mujeres no llegan a los puestos de representación son muchas, complejas y se potencian entre sí. Desde aquella vez que votamos por primera vez en Cerro Chato hace 90 años, pasó mucha agua bajo el puente; tanta que por “el orden natural de las cosas” las mujeres no llegan a ocupar puestos de decisión. Se hacen necesarias las medidas de acción afirmativa que reconocen puntos de partida diferentes. Asimismo, en el siglo XXI, defienden que además de la igualdad de oportunidades debemos asegurar la igualdad de condiciones; ajustar las herramientas para que la desventaja inicial no se vuelva una montaña insalvable para acercarnos y alcanzar esa utopía de la igualdad real.
La tercera y última consideración es que antes de buscar los atajos, cambiemos el Reglamento de la Junta. El cambio de Reglamento, sin embargo, genera unas resistencias insospechadas, cuando a nuestro entender mantiene varios aspectos obsoletos. Por ejemplo, comisiones que tienen muy poco trabajo y otras que están llenas de temas, comisiones que deberían existir como la de Género o la de Medio Ambiente que requeriría una asesora especial. Y sobre todas las cosas, es un reglamento con muy poca flexibilidad y que limita mucho la participación de más de una persona suplente cuando hay intención de trabajar en equipo como es nuestro caso. Tampoco estamos de acuerdo con tan severas restricciones, ya que, si la actividad política no se hace en conjunto pierde sentido y se debería potenciar el legislativo departamental al máximo.
Hagamos las cosas bien y vayamos de frente con nuestras ideas. ¿Son distintas? Por supuesto, esa es la cuestión. El congelar las ideas es una práctica muy peligrosa. Reformemos el reglamento, hagamos los cambios necesarios y no estemos buscando los resortes para que asuman “nuestros hombres de siempre”. Pero, además, entendamos de una vez por todas que cuando practicamos la paridad entre hombres y mujeres, se refuerza la democracia toda.
Se eligió presidente, pero no hubo humo blanco.

 

(Columna publicada en PH el miércoles 12)