Sin obligaciones no hay derechos

En la Facultad de Derecho, “Obligaciones” ha sido siempre una de las materias más importantes de la carrera. Incluso para salvar el examen hay que estudiar unos cuantos tomos…

Sin embargo, últimamente vivimos hablando de Derechos. Y lo hacemos como si todos fueran Derechos Humanos, con la misma importancia y jerarquía. A todos nos cuesta mencionar y mucho más aún, cumplir, con los Deberes.
Pero la realidad es que este planteo demagógico de la cuestión del Derecho –que refleja una situación despareja de las relaciones sociales y de la relación entre los individuos como personas autónomas con el Estado (o su representante, el Gobierno)-, viene llegando a un extremo casi insostenible. Porque mientras que se siguen reivindicando cada vez más derechos, se asumen cada vez menos obligaciones.

Exagerando y generalizando algunas situaciones para explicar el punto, podríamos decir: A los hijos no los ayuda crecer pensando que los padres (hoy… Mañana … ¿los otros? ¿el Estado?) están para satisfacer sus caprichos, mientras que ellos no tienen por qué respetar ninguna regla. A los alumnos no les enseña, creer que maestros y profesores deben “pasarlos” de curso, sin que importe si se esfuerzan por estudiar. A ningún ciudadano lo impulsa a crecer como individuo autónomo y responsable, esperar siempre soluciones de los gobernantes. Más bien lo transforma en un dependiente… Allí es donde nos damos cuenta que la situación no se sostiene.
Porque llega un momento que es una “guerra todos contra todos”. Lo vivimos cada día en el tránsito, en la limpieza, en el uso de los espacios públicos, en la falta de respeto por el descanso del vecino, en el pago de los impuestos y las tarifas públicas y hasta en cuestiones tan dramáticas como la vivienda digna (si unos rellenan su terreno, el agua tapa al otro).

En el tránsito: pensamos en pasar primero. En limpieza: tiro donde me quede cómodo. El espacio público: lo uso como se me antoje, juego al fútbol y el que no le guste que cruce la calle. Cuando quiero subo la música y el vecino que se maneje. Si puedo me “cuelgo” de la luz y no pago los impuestos…
Por supuesto que las autoridades deben poner señales de tránsito y ordenarlo. Por supuesto que se tiene que recoger la basura. Por supuesto que se deben embellecer los espacios públicos. Por supuesto que se debe controlar y multar. Por supuesto que la ciudadanía debe involucrarse y exigir siempre la mejora de los servicios públicos. Pero si no asumimos las obligaciones, como sociedad seremos un perro que se corre eternamente la cola… Y creo que estamos llegando a morderla. Y duele. Lo lamentable sería que la falta de reacción, la apatía, el no te metás, en nombre de una falsa “tolerancia” o “vale todo”; nos lleve luego al cansancio de algunos y a soluciones desproporcionadas que la inmensa mayoría no queremos.
Y es que debemos entender que aunque nos produzca rechazo la palabra obligaciones, no es tan fácil escapar al dilema. Es aquello tan conocido de “los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás”. La humanidad ha evolucionado muchísimo en convivencia teórica. En reconocimiento “en el papel” de derechos humanos esenciales, y de los no tan esenciales también. Incluso de algunas situaciones que se reivindican como derechos y es bastante dudoso que lo sean.
Por eso la cuestión ahora es en realidad la misma de siempre: derechos contra derechos. Derechos individuales versus derechos sociales. El individuo versus su comunidad. Y lo que tenemos que perseguir, sin mentirnos, es el equilibrio.

Me parece oportuno repasar el tratamiento constitucional del asunto. La Sección que trata el punto en la Constitución uruguaya se titula “Derechos, Deberes & Garantías”. Y basta destacar algunos pasajes de la misma. Hay libre expresión, pero el autor o emisor es responsable de lo que exprese. La propiedad es un derecho, pero está sujeta al interés general. Hay derecho a reunión, pero pacífica y sin armas. La educación de los hijos es un deber y también un derecho de los padres. Todos los habitantes tienen el deber de cuidar su salud. Se consagra el derecho y el deber de trabajar. La huelga es un derecho gremial, que debe ser reglamentado por la ley…
Como decía un poco más arriba, quizás el planteo de esta reflexión sea exagerado. Sin dudas que, como también mencioné, como humanidad hemos crecido en civilización. Pero –insisto- debemos procurar el equilibrio y no generar la mentira de “sólo derechos”. Sin obligaciones, sin responsabilidad, los derechos serían sólo una ilusión.